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Humo y humos

Ahora está de moda pensar que el kirchnerismo no sólo goza de buena salud, sino que hasta es inmortal.

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Foto:Cedoc Perfil

Confirmando que sólo lo nuevo llama la atención, después de haberse dado por concluido el ciclo kirchnerista, ahora está de moda pensar lo contrario: que el kirchnerismo no sólo goza de buena salud, sino que hasta es inmortal. Y que lejos de ser un ciclo del peronismo –como lo fue el menemismo y que con el recambio generacional mutará en otro ismo–, será el sustituto del peronismo.

Así, cada acción del Gobierno (no pagar a los buitres o pagarles luego, hasta modificar el Código Procesal Penal) es leída en clave de perpetuación, y todas parecen medidas eficaces para conseguir continuar en el poder, ya sea real o fáctico.

La oposición y parte de la prensa enfrentada con el kirchnerismo pueden creer que, promoviendo esas visiones, se alienta la creación de defensas para que eso no ocurra y se cohesionen las fuerzas opositoras al kirchnerismo. Decir que el adversario es más poderoso de lo que realmente es podría servir para no relajar a la tropa propia.

También para el kirchnerismo es útil alentar esas visiones. Tanto para entusiasmar a quienes ven apagarse la llama de la mística, como para posponer la traición de quienes, ante la inminencia del fin de ciclo, piensen pasarse en bandada a filas opositoras o de sectores autónomos del peronismo oficial en busca de cobijo ante la intemperie del poskirchnerismo.

La difundida idea de Cristina Kirchner regresando en 2019 después de una fracasada gestión de Macri en la presidencia no es más que una especulación sobre lo fortuito, que confunde lo posible con lo probable y tiene tantas posibilidades de ocurrir como decenas de variantes, todas ellas alejarían progresivamente a la Presidenta del poder.

Pero es muy comprensible que el kirchnerismo agigante esa posibilidad convirtiéndola en certeza porque hasta en una modesta empresa, si no hay futuro, tampoco habrá presente ya que el hoy también se construye con expectativas. No importa si en 2019 puede volver a presidir el país o no, con sólo instalar esa posibilidad ya refuerza el presente.

Pero también las ideas mueren de éxito cuando se las estira tanto que ya no se las puede inflar más y comienzan su caída acelerada por la altura. En la medida en que la idea crece, los propios ilusionistas comienzan a creerse su discurso, y ya hay kirchneristas que fantasean con ganarle las PASO a Scioli casi con cualquier candidato que Cristina unja y luego llegar al ballottage con posibilidades, ya no de volver en 2019, sino de seguir en 2015.

Es entonces cuando el humo que fabrican para que terceros lo confundan con fuego de verdad se convierte en humos subidos a las cabezas de los pergeñadores de la pantalla que construyeron. La cortina de humo introyectada como fuego de verdad termina calentando el pensamiento en la dirección del deseo.

El mejor de los escenarios soñable para el kirchnerismo sería que fuera Scioli quien triunfase en el ballottage y contribuyera desde la presidencia a retiros más tranquilos de las principales figuras K. Y no habría que descartar que si La Cámpora desafiara su autoridad presidencial terminase por despertar la parte ignorada de Scioli: a las personas recién se las conoce plenamente el día que tienen el poder. Aunque lo más probable es que La Cámpora termine haciéndose sciolista y si los vientos favorables llegaran hasta 2019, no fuera Cristina Kirchner la electa, sino reelecto Scioli.
Esa es la mejor hipótesis, pero queda que Macri sea presidente y tenga éxito o, quizás peor pesadilla aún para el kirchnerismo, que Massa sea el presidente.

Lo mismo vale para opositores que “se comen el amague” e imaginan un kirchnerismo eterno sin ponderar que la crisis económica es de tal magnitud que el último año de gobierno de Cristina será recordado con mucho desdén hasta por quienes la hayan votado.

Especular con un regreso a lo Perón –“no porque hayamos sido muy buenos, sino porque los otros fueron peores”– no tiene en cuenta otras consecuencias propiciatorias, como la existencia de la Guerra Fría posterior a la Segunda Guerra Mundial. Los años 70 no fueron resultado espontáneo de ninguna juventud maravillosa, sino producto de un conflicto internacional que los excedía. La prueba es que, caídos el Muro de Berlín y la Unión Soviética, terminaron casi todas las guerrillas de Africa y Latinoamérica.

El retorno de Bachelet en Chile o el de Tabaré ahora, si terminara triunfando el Frente Amplio en Uruguay, no son aplicables a la Argentina porque nuestros dos vecinos prohíben la reelección presidencial inmediata, y Cristina ya fue electa dos veces presidenta.

Por último, quedan las limitaciones de la naturaleza, por ejemplo: ¿por qué el plan 16K no fue dos períodos de Néstor y dos períodos de Cristina, como en Brasil con Lula y Dilma, en lugar de uno y uno? Cristina podría estar ahora compitiendo por su reelección.

En cualquier caso, planificar 2019 es humo. Que sirve para calentar –unos meses– el presente.



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