COLUMNISTAS LOS INCONDICIONALES

Hybris, la enfermedad del poder (II)

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En 2009, David Owen y Jonathan Davidson publicaron en la revista Journal of Neurology el artículo “Síndrome de hybris: ¿un desorden de personalidad adquirido?”, iniciando una polémica que creció con la edición de En el poder y en la enfermedad y The Hubris Syndrome: Bush, Blair and the Intoxication of Power. Owen es neurólogo, diplomático, militante socialista, ex canciller del Reino Unido; Davidson psiquiatra, profesor de la Universidad de Duke. Los libros fueron acogidos por intelectuales progresistas, y rechazados por cortesanos que dijeron que los autores acusaban a Bush y Blair de “locos”. Los incondicionales de los presidentes son con frecuencia bastante ignorantes, no están para pensar sino para adular y fueron incapaces de distinguir entre “síndrome” y la categoría “loco”, que desapareció hace años del lenguaje de los psicólogos. En el poder y en la enfermedad explica la política mundial desde una perspectiva holística, tomando en cuenta las enfermedades y el síndrome de hybris del Sha Reza Palevi, Kennedy, Hitler, Stalin y otros. Termina con una reflexión acerca de los problemas que padecen las sociedades como consecuencia de las dolencias físicas y psicológicas de sus líderes y las medidas que pueden tomar para protegerse. El libro sobre la intoxicación del poder es más completo, describe con detalle el síndrome de hybris de Bush y Blair, al que atribuye las graves equivocaciones que cometieron a propósito de la invasión a Irak. Las frases entre comillas están traducidas directamente del texto de Owen. “Los políticos víctimas del hybris tienen una propensión narcisista a ver la realidad como una arena en la que pueden ejercer el poder y buscar la gloria”. Se comportan de manera impulsiva, creen ser infalibles, hablan de sí mismos usando el plural mayestático “nosotros” o en tercera persona, como si fuesen voceros de un “presidente” a quien admiran. Se sienten responsables de un modelo o de una misión histórica, que los pone por sobre la ética que rige para la gente común, pero no para ellos, que encarnan la historia. Cuando Bush y Blair manipularon la información y mintieron acerca de las armas químicas, no creyeron que cometían una falta, por la trascendencia de los fines que perseguían. “Creían que no debían rendir cuentas a la opinión pública, sino solamente ante el tribunal de la historia y de Dios que les glorificarán”.

Los afectados por el hybris creen que son el centro del universo y que todos conspiran en su contra. Cuando el 11S Bush declaró “seguiremos defendiendo la libertad y todo lo bueno que existe en este mundo... Este enemigo ha atacado a todos los pueblos amantes de la libertad... ”. Para ellos todo lo que existe participa de la lucha entre ellos, que son el bien, y sus enemigos imaginarios o reales, que son el mal. Tratan de concentrar el poder que pueden, pero al mismo tiempo se presentan como víctimas potenciales de personas u organizaciones misteriosas. La categoría hybris es útil para estudiar el comportamiento de líderes de países democráticos como Bush y Blair, ayuda a entender a dictadores como Hitler y Stalin y también la psicología de algunos caudillos pintorescos del tercer mundo como Pol Pot, que asesinó a millones de camboyanos, o Abimael Guzmán, que produjo una masacre en Perú, ambos ciegos de vanidad, suponiendo que eran los líderes más esclarecidos de la historia de la humanidad. En esta época de la insoportable levedad del ser, unos pocos dictadores tropicales protagonizan la versión cantinflesca del hybris hablando con pajaritos y resucitando una caricatura grotesca de los 70. Los síntomas del hybris se agudizan cuando los líderes permanecen en el poder mucho tiempo y se rodean por incondicionales que nunca los contradicen, aplauden sus errores, les extravían de la realidad. Son los mensajeros de Némesis que les conducen a la tragedia.
 

*Profesor en George Washington University.



Jaime Duran Barba