COLUMNISTAS MALA FE


Ideología del robo

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Cuántos Lázaro Báez, cuántos López (José o Cristóbal), cuántos Boudu serán necesarios para dejar de gastar tiempo y energía en discusiones ideológicas acerca de los doce años de kirchnerismo explícito que terminaron formalmente el 10 de diciembre de 2015, y para admitir la cruda verdad del asunto?
Mientras el cerco se cierra (¿lo hará del todo?) sobre los Kirchner sobrevivientes (CFK y Máximo) y sobre Julio De Vido, selecto secuaz, cada día un nuevo hecho pone las cosas en blanco sobre negro.
No fue un proyecto político, no fue un modelo económico, fue un emprendimiento delincuencial, un vil asalto al aparato y a las arcas del Estado para beneficio de una verdadera banda de rufianes voraces que, en su delirio, creyeron de veras que serían eternos y no tomaron los mínimos recaudos con que incluso rateros menores intentan no dejar huellas en todo lo que tocan.
Estos delincuentes pagarán por el latrocinio (ojalá, porque la justicia argentina tiene también su prontuario), pero, ¿qué harán esos oportunistas que desde los medios, desde el campo intelectual, desde los negocios, desde la cultura hicieron dogmática profesión de fe mientras agarraban los mendrugos y los patéticos privilegios que les arrojaban desde el poder para amaestrarlos? Algunos ya hacen mutis por el foro, callan, otros empiezan a construirse rápidamente un pasado menos venial e intentan hacerlo valer a favor de la frágil memoria de esta sociedad. Y hay quienes terminarán por jurar que nunca estuvieron donde todos los vimos, ni dijeron lo que todos les escuchamos, ni escribieron lo que les leímos.
Hablando de memoria frágil, buena parte de la sociedad argentina parece integrada por esos peces que, según algunos biólogos (aunque la teoría está en discusión) no recuerdan más allá de ocho segundos atrás. Acaso eso explique el síndrome de repetición por el cual engendra los monstruos de los que luego se horroriza. Así fue como una mayoría afirmaba hacia 1975 (cuando la Triple A ya asesinaba a diario) que hacía falta una mano fuerte. Así una mayoría dijo ignorar lo que ocurría entre 1976 y 1983, mientras campeaban el horror y la sangre. Así fue como una Plaza de Mayo vivó a Galtieri mientras enviaba a hijos de esa sociedad al matadero. Y así lo repudió dos meses después, del mismo modo en que tantos menemistas luego jurarían no haberlo sido y otros tantos kirchneristas empiezan ahora a hacer cirugías plásticas sobre su pasado reciente para modificarlo.
Muchas de estas conductas repetitivas son lisa y llanamente actos de mala fe (el que actúa de mala fe siempre sabe lo que hace, decía Sartre, y bien podría haberle cabido a él mismo, por ejemplo en su actitud hacia Camus, pero esto es tema aparte).
Hay mala fe en políticos, legisladores, gobernadores, comunicadores, agentes y operadores tanto artísticos como culturales, empresarios, economistas, intelectuales. En otros casos (ciudadanos comunes) acaso su adhesión a la depredación haya obedecido a la pereza mental, a la ignorancia auto infligida, al egoísmo, a la miopía oportunista que pretende no ver la corrupción mientras pueda obtener un miserable beneficio secundario. Nunca como ahora quedó tan clara la perversa falacia del “roban pero hacen”. Lo que de veras hicieron fue robar. Quien cree que se puede robar y hacer sería lo que el historiador económico italiano Carlo Cipolla (1922-2000) definió, en su tratado Las leyes fundamentales de la estupidez humana, como ”incauto”. Es quien pierde mientras cree que gana, cuando quien gana de verdad es el otro.
Mientras los delincuentes emprenden estampidas patéticas llevando sacos de dinero a cuestas, mientras tratan de vender las empresas conque delinquieron, mientras procuran (tarde) borrar huellas imborrables, mientras tantos jueces son carcomidos por dudas hamletianas y, a su pesar, son empujados a la acción por la insobornable realidad, mientras la reina está inocultable y grotescamente desnuda, la sociedad no debería fingir sorpresa y horror, como si fuera una virgen engañada. No lo es. Acaso un doloroso y necesario sinceramiento sea la mejor ayuda para que de veras haya un nunca más. De lo contrario se pagarán, como viene sucediendo, precios cada vez más altos y no habrá futuro disponible.

*Escritor y periodista.



Sergio Sinay