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Il drone é mobile

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Un cuchillo puede servir para comer y luego ser usado para matar. Es un objeto con diseño y técnica, Téchn, el cual puede ser dirigido y ordenado para darle diversos sentidos de uso, o distintos Lôgos. Esa es la tecnología del cuchillo.

De la misma forma, hay aeronaves de guerra creadas para asesinar que bien pueden convertirse en objetos de entretenimiento. Las aeronaves no tripuladas o de tripulación remota, drones, tratan de una industria emergente que, además del conocido uso militar, se está empezando a aplicar para usos policiales, comerciales, deportivos, etc., al punto de alcanzar una inversión mundial cercana a los 89 mil millones de dólares.

El problema de estas naves es que mientras vuelan en un limbo legal tienen una potencialidad inusitada que involucra asuntos de defensa nacional, seguridad aérea, orden público, protección de datos, privacidad y responsabilidad de terceros.

En EE.UU., por ejemplo, un dron estuvo a punto de impactar un avión comercial. En Australia, una atleta fue cosida con suturas por la caída de un dron en plena carrera. En algunos países ya se fundó el “periodismo dron”. Muchas personas pueden ser grabadas en forma ilegal, produciendo importantes daños físicos y morales, y hasta conflictos diplomáticos. La pregunta es quién asume las responsabilidades si no están controlados por ley.

En el ámbito policial, el conocido panóptico hoy se potencia hacia el sinóptico. Porque, además de las cámaras fijas, el dron es una perfecta encarnación de la vigilancia que permite marcar cuerpo a cuerpo, sin que el vigilado tenga que saberlo y sin que el vigilador pueda ser identificado. En este sentido van sus aplicaciones telemétricas, térmicas, infrarrojas, etc. Así como sus usos represivos con dardos que descargan 80 mil voltios.
Además, los drones tienen capacidad de capturar inigualables imágenes panorámicas en manifestaciones, y distintos perfiles del mismo rostro, en una calidad cuatro veces superior al Full HD. Fotografías que luego pueden ser vectorizadas por sistemas de reconocimiento facial y cruzadas por cualquier policía con la base de datos nacional Sibios, que archiva los rostros de los nuevos DNI, logrando capturar masivamente datos personales sensibles, protegidos por ley, como la afiliación política, sindical, religiosa, etcétera.

A nivel internacional, se está debatiendo sobre cómo regularlos debido a que se están abaratando rápidamente. Con bastante prudencia, España anunció la prohibición de drones civiles en abril de este año hasta tanto no esté finalizada su normativa. En Argentina, les corresponde el marco del Código Aeronáutico y las leyes locales de videocámaras, pero al no estar contemplados específicamente, son muchos los vacíos legales y los peligros. En efecto, estos aparatos pequeños, silenciosos y elevables hasta 1 km de altura podrían ser usados para cualquier tipo de inteligencia con mucha facilidad. Por lo tanto, mientras no haya regulación específica de la autoridad nacional en materia de aeronavegabilidad, su uso puede ser considerado ilegal.

Esto se aplica a todos los distritos, incluida la Ciudad de Buenos Aires, donde la Policía, que busca implementarlos y se niega explícitamente a registrar sus 2 mil cámaras fijas en la Defensoría del Pueblo como obliga la Ley de Datos Personales, tiene a sus primeros dos jefes procesados por espionaje, mantuvo casi dos años en secreto su producción de drones y dice a los medios que “el único límite para usarlos es la imaginación”.
Como dice el sociólogo David Lyon: “A medida que los detalles de nuestra vida cotidiana se hacen más transparentes para los organismos que nos vigilan, más difícil resulta discernir cuáles son sus propias actividades”. Por eso, las señales de alarma deben encenderse más pronto que tarde en la ciudadanía y sus instituciones, para evitar que el logos de la vigilancia quede en manos de la imaginación policial.

*Sociólogo. Miembro de la Red Latinoamericana de Vigilancia, Tecnología y Sociedad.



Andrés Perez Esquivel