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Independentismo, entre el sueño y la pesadilla

El "desafío catalán” sigue su curso, pero como se han posicionado los actores más relevantes, es un curso de colisión.

Los independentistas viven una encrucijada.
Los independentistas viven una encrucijada. Foto:Cedoc Perfil

La situación que la prensa española ha definido como “el desafío catalán” sigue su curso, pero como se han posicionado los actores más relevantes, es un curso de colisión.

Las posturas son claras y antagónicas. El presidente Mariano Rajoy del Partido Popular (PP) ha marcado tres cosas en el pleno de diputados del miércoles 11 de octubre: 1) ninguna constitución del planeta pone a disposición de sus regiones mecanismos de secesión; 2) Cataluña con sus actos (la Ley de Referéndum, la votación propiamente dicha, y la declaración de independencia suspendida) ha violado la Constitución de 1978; el Estatuto Autonómico; entre otras leyes y 3) el Estado Español no puede negociar con los independentistas, porqué abriría las puertas a un chantaje permanente de los demás Estados autonómicos. Por supuesto estaba pensando en el País Vasco principalmente, pero también en otros casos.

Todo esto es como oír llover para el presidente de la Generalitat Carles Puigdemont y demás integrantes de las fuerzas secesionistas. El primer y segundo término planteado por Rajoy son de alguna manera tautológicos, si ninguna constitución del mundo prevé la posibilidad de independencia de alguna de sus regiones, obviamente para constituir una nueva entidad soberana habrá que romper todas las leyes existentes y armar unas nuevas, y en eso están los catalanes. Para los independentistas las leyes españolas son, ni más ni menos que las de otro país, por eso les resulta irrisorio cumplirlas. Para ellos España pasa a ser un país opresor con estatus colonialista.

En la situación actual, Mariano Rajoy ha amagado con aplicar el artículo 155 de la Constitución Española que significa la cancelación de la autonomía y la asunción de las facultades de administración por parte del gobierno central. En síntesis, una intervención. Si Rajoy aún no ha activado aquel protocolo es porque le ha pedido a Puigdemont aclaraciones sobre la presunta independencia suspendida, con plazo perentorio. Sin embargo, la amenaza final es, como siempre, el uso de la fuerza. Las imágenes de las Policía Civil reprimiendo a los ciudadanos que buscaban votar el 1O dieron vuelta al mundo. La fotografía de policías sosteniendo de brazos y piernas a una mujer mayor dotó de mayor legitimidad al reclamo independentista que mil manifestaciones, y es el riesgo que se asume cuando se dejan las decisiones políticas a las fuerzas de seguridad. La pregunta de hoy en España es si con el 155 van también los tanques.

Las razones y argumentos de una parte importante de la sociedad catalana para independizarse son variados y algunos contradictorios. Por una parte, se suelen citar elementos históricos que comienzan con la Corona d'Aragó desde 1164 hasta la eliminación de esos fueros tras la derrota militar de 1674 a manos de las tropas borbónicas. De la Corona de Aragón se hereda la señera de Cataluña, la bandera roja y amarilla a rayas, que solía ser camiseta auxiliar del club Barcelona. Más modernamente se suele citar a la efímera independencia de 1931 con la consagración de la República Catalana liderada por Francesc Macià que dura pocas horas hasta integrarse dentro de la República de España. Todo este movimiento republicano y de izquierdas es barrido por las tropas de Francisco Franco en 1938.

La otra línea argumental es más actual y plantea una razón económica: Cataluña tributa más a España de lo que recibe de la autoridad central de Madrid. Los catalanes calculan que les corresponderían unos 16.000 de euros anuales que el Estado central emplea para afrontar gastos de otras regiones, números que a diario son refutados por la mayoría de los medios de prensa españoles, contrarios abiertamente a la independencia. Sin embargo, Cataluña es una de las regiones más ricas de la península ibérica explicando más el 20% del PBI y el 25% de las exportaciones del Reino con el 16% de la población del país con una economía altamente industrializada, de allí que se la considera el motor de España. Tenía para 2016 un ingreso per cápita de casi 28.600 euros, 4500 más que España y una desocupación cuatro puntos menos que el Reino 13,2 contra 17,2%. Ni hablar de la megalópolis turística mundial que se ha convertido Barcelona desde los Juegos Olímpicos de 1992, y su equipo estrella de clase mundial donde hace sus gambetas Lionel Messi.

Por supuesto, que en la balanza de las consecuencias de la hipotética secesión se juega el rol de la Unión Europea en unas economías altamente integrada. Cataluña viene cuestionando al gobierno central por la postergación de la región culpa de las políticas de ajuste permanente que viene realizando el PP. Sin embargo, éstas políticas que se aplican desde la crisis de las hipotecas en 2008 y que sumió al país en una aguda recesión hasta 2015, son en parte tributarias de haber abandonado la moneda propia para manejarse con la de la comunidad. A pesar de esto los catalanes independentistas plantean el deseo de permanecer en la Unión Europea y en el euro, cosa hasta ahora rechazada por los funcionarios de Bruselas.

Finalmente, los independentistas han puesto en marcha un Consejo Asesor para la Transición Nacional (CATN) listo para discutir cómo dividir los bienes comunes, y como matrimonio que se separa habrá que ver por dónde pasa la línea divisoria. Estos “bienes” van desde la deuda externa, hasta las centrales nucleares y el tendido eléctrico, pasando por el tren AVE, las reservas del Tesoro y hasta las embajadas. Por supuesto, la discusión de estos temas no está siquiera en la peor pesadilla de Rajoy, ni del resto de España.