COLUMNISTAS DEFENSOR DE LOS LECTORES

Indignados made in casa

PERFIL COMPLETO

Curioso conjunto de coincidencias es el que inspira esta columna. Los lectores no suelen escribir correos para elogiar o criticar notas de opinión publicadas por este diario. Hoy, algunos de ellos ocupan la casi totalidad de la sección en la página anterior y en ésta. Y ocurre justamente en la semana en la que este ombudsman se disponía a escribir acerca de ciertos desbordes verbales y de concepto que suelen poblar las columnas de opinión, cuyos autores, a veces, parecen sufrir la impune arbitrariedad de quienes no tienen frenos a sus impetuosas reflexiones, que se publican sin previo filtro por respeto a ellos y a los lectores.

La primera de las cartas –que se titula “Eliseo-Laclau”– está inspirada en un error de concepto, seguramente motivado porque quien la envió, el licenciado en Ciencias de la Comunicación Sebastián Carballo, sólo ha leído la edición dominical. Si fuese más consecuente con PERFIL, seguramente no habría sido para él una sorpresa la publicación el día 27, en el suplemento Domingo, de textos de Ernesto Laclau, y la ausencia de algo semejante en homenaje a Eliseo Verón (quien fuera un colaborador habitual en este diario). El día anterior, sábado 26, PERFIL dedicó las cinco páginas de su sección El Observador a tres textos elegidos de Verón, y notas de opinión del filósofo Tomás Abraham, del sociólogo Manuel Mora y Araujo, de la directora de la Licenciatura en Comunicación de la Universidad San Andrés (sucesora de Verón en el cargo) y el escritor Rubén H. Ríos.

Resulta obvio que, en este caso, PERFIL prefirió dedicar abundante espacio a cada uno de esos intelectuales argentinos muertos en la misma semana. Parece razonable, en términos de políticas de edición, que haya ocurrido así para no limitar el espacio dedicado a uno en desmedro del otro.

La segunda es una casi furibunda carta referida a la extensa semblanza sobre el también fallecido Ismael Viñas, publicada en El Observador el domingo 27, páginas 54 a 56. El autor del envío, Gustavo Cangiano, es docente universitario y conocido dirigente de una de las múltiples fracciones que sobreviven al desaparecido Frente de Izquierda Popular (FIP, fundado por Jorge Abelardo Ramos). Cangiano critica con dureza tanto a Viñas como a la autora del artículo, Beatriz Sarlo. A ésta la define como “empleada de Fontevecchia”, con un tono peyorativo y también inexacto: Sarlo no forma parte del staff de los medios que dirige Jorge Fontevecchia, sino que es una colaboradora que cobra honorarios por su trabajo, no un salario. Y Viñas puede ser cuestionado por sus posturas políticas, militantes o ideológicas, (¡bienvenido el debate si no deviene diatriba!), pero con buenas armas. O buena leche, que parece faltar al decir que fue a vivir a Israel, “ese artificial país construido por el imperialismo en el corazón del mundo árabe”.

Esto merece al menos dos comentarios: uno, aclarar que Viñas debió escapar del país porque era parte de los miles de argentinos con riesgo de vida cuando llegó la dictadura en 1976, y se exilió en Israel porque fue el único país que aceptó tratar a su mujer por una grave enfermedad; dos, que no extraña que Cangiano haya definido así a Israel, conociendo sus múltiples aportes al antisemitismo vernáculo, en particular su insistente relativización del Holocausto, o genocidio, o como se quiera definir la masiva matanza y sometimiento de personas judías y no judías que consumó la infamia nazi. No comentaré, en cambio, la opinión –matizada por terminología cuestionable, al estilo de “gorila” y otras lindezas parecidas– acerca de las ideas de Viñas y de la izquierda en general que los socialistas nacionales han hecho en tantos años de escasa tolerancia.

La tercera carta, del periodista y escritor Andrés Bufali, cuestiona también con dureza la crítica a su novela La madriguera, que firmó  Omar Genovese en el suplemento Cultura del domingo 27. De la lectura de ese comentario de Genovese surgen elementos que apoyan el calificativo de “ultrajante” que emplea Bufali. Hay un tono claramente irónico, despectivo, en el texto del crítico, que suele escribir así en línea con aquello que comenté líneas atrás acerca de cierta soberbia y provocación sin vallas que le permite el diario en su política de no intervenir en las opiniones de sus columnistas y críticos. No leí el libro, pero, si fuere de tan escasa calidad como lo define Genovese, es seguro que no hubiese empleado los mismos recursos.

El cuarto envío, titulado “Asch-Cantero”, rezuma dolor y bronca por la situación del Club Independiente. Su autor, Carlos Bouza, le pega fuerte a Hugo Asch por su columna del domingo 27 en el suplemento Deportes. He leído con atención el texto de Asch, reconocido hincha de Racing, y no encontré lo que Bouza afirma. Asch hizo un medido pero firme análisis de la crítica situación en ese club y no le ahorra responsabilidad al renunciado presidente Cantero.



Julio Petrarca