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Infraestructura y desarrollo

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En las últimas semanas, a partir de ciertos hechos que hemos vivido, ha aparecido la palabra mágica “infraestructura” como culpable de algunos de nuestros problemas.

Según datos recopilados por el Banco Mundial, la infraestructura determina el éxito de las actividades manufactureras y agrícolas de un país. Las inversiones en agua, saneamiento, energía, vivienda y transporte mejoran la calidad de vida y ayudan a reducir la pobreza. Las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones promueven el crecimiento, mejoran la prestación de los servicios de salud y de otros tipos, amplían el alcance de la educación y apoyan los avances sociales y culturales.

La infraestructura se convierte en un pilar básico y absolutamente necesario para que un país se desarrolle, prospere y por ende les dé bienestar a sus habitantes. Así, es un desafío que el próximo gobierno que asuma en nuestro país, sea del signo que sea, entienda que la única forma de progresar, generar empleos y generar las divisas necesarias para crecer es desarrollando un plan estratégico de infraestructura que cubra rutas, puertos, caminos vecinales, dragados de ríos, transporte, cloacas, viviendas, tecnología para el mismo Estado y sus habitantes, energía, etc.
Este plan deberá ser minuciosamente desarrollado y encarado a la mayor brevedad, estableciendo las prioridades que el análisis de la situación actual depare y usando para ello tanto las iniciativas público/privadas, como los fondos públicos y/o privados.

En nuestra visión, sólo encarando un plan sólido, serio y profundo Argentina va a poder dejar atrás los problemas que se vienen repitiendo en los últimos 50 años. Los cambios son permanentes, pero para ello, el hombre planifica, se prepara y ejecuta.

Esperemos que así sea o nuestros hijos lo lamentarán.

 

*Socio a cargo de la Práctica de FAS (Financial Advisory Services)  de Deloitte.



Daniel Varde