COLUMNISTAS SEÑORAS

Inútil

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Me preguntaba estos días, señora, ¿cómo y por qué será recordada usted y su gobierno dentro de treinta, cuarenta años? Supongo que me inquietó la duda cuando me llegó desde España el dato de que María Estela Martínez, “Isabel”, 84 años, ya hizo su testamento. ¡Es muy loco, esto! –diría Lanata–, escribo “Isabel” como dando por hecho que todos los lectores saben de quién se trata y, probablemente, unos cuantos de ellos tendrán que hacer un esfuerzo para precisar detalles, años, circunstancias, acciones, consecuencias.

Las siguientes etiquetas vinculadas tal vez sirvan para ubicarla: bailarina, conoce a Perón en el exilio –regresa con él y comparte la fórmula– muere Perón en julio de 1974, viuda –frágil– asume como presidenta, bajo control del “Brujo” López Rega –al hablar se le notaban los años de residencia en España ( “no me acoséis”), padeció la interna peronista, entre los Montoneros y la Triple A, que se saldaba a sangre y fuego– fue detenida y desalojada del poder por el golpe de Estado que encabezó Videla en marzo de 1976 –liberada en 1981– vuelve a España –acusada, en 2008 niegan su extradición para juzgarla– fin.

¿Qué escribirán del período “Isabel” cuando muera?, pensé. ¿Y de usted, señora? ¿Qué cree que se dirá de usted y de su gobierno? No, desde luego, frases hechas –“la oposición no la dejó”, “recibió un desastre” , “la crisis internacional”, “las internas del peronismo”, “la resistencia de las corporaciones”, –“la falta de recursos”– ,“los militares”– “los sindicatos”– y así. Su caso es muy distinto al de todos los presidentes y gobiernos que la precedieron en democracia.

Recibió el poder de parte de su marido como un “bien ganancial”, pero fue votada después en elecciones generales, siempre tuvo mayoría en el Congreso y el apoyo de los gremios, hasta que Moyano la vio venir.

Entre Duhalde, Lavagna, Néstor y la soja, le dejaron un gobierno recuperado de la crisis que había generado Menem y que se llevó a De la Rúa en helicóptero. El país se abastecía de energía, tenía las cuentas más o menos ordenadas y seguía en crecimiento. No podía quejarse, como los otros, de la herencia recibida. Todo funcionaba tal como estaba previsto, usted hablaba y él, atrás, decidía. De pronto, la muerte, –esa entrometida–, interrumpió el plan. Aún así, como El Cid muerto sobre el caballo, su marido le concedió en 2011 una victoria electoral impresionante que superó a la de Menem, reelecto después de la muerte de su hijo. Con el “efecto viuda” logró el 54% de los votos.

Pero, ya sola, señora, quedó expuesta, en evidencia. Hablando en el vacío. En poco más de seis años dilapidó la fortuna que recibió, –la política, porque la otra sigue aumentando– y ahora que, después de siete años, el Indec dejó de mentir, se comienza a tener idea de la magnitud del fracaso. Resultó necesaria y salió bien la Asignación Universal por Hijo, una idea ajena, pero todas las que aceptó de los propios están costando muy caro: YPF, Aerolíneas, la energía, la corporación mediática para sostener el “relato”, la publicidad oficial, el Fútbol para Todos. Abajo, eso se paga en pobreza, changas, cartoneo, paco, robos, violencia. Todo lo que ahí se puede esperar hoy es sobrevivir hasta mañana.

En sus años de gobierno, señora, aumentaron exponencialmente, hasta niveles nunca antes alcanzados, el narcotráfico y la corrupción. Usted es socia de Báez, bancó a Jaime, a De Vido, eligió a Boudou, a Milani, llama “Gerardo” a Martínez, el sindicalista que fue informante de la dictadura, su gobierno pervirtió a las organizaciones defensoras de los derechos humanos, sólo con esa breve lista bastaría para considerarla “inútil”, en el sentido de que no ha servido para nada. Pero aún así, si bien se mira desde el futuro, tal vez esté a tiempo de mejorar el recuerdo. Podría, por ejemplo, convocar a los líderes que aspiran a sucederla y pactar con ellos medidas para la transición. Sería un buen gesto, señora, “algo útil”.

*Periodista.



Carlos Ares