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Jaque mate pastor

“¡Tomá mate!”, decía mi tía Teresa cuando quería resaltar algo que la había impresionado.

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“¡Tomá mate!”, decía mi tía Teresa cuando quería resaltar algo que la había impresionado. También decía, cuando se reía, “¡Qué plato!”. En la película Capitán Fantástico, el personaje neohippie contracultural (Ben) encarnado por Viggo Mortensen toma mate para meditar en algunos momentos de su vida. No es necesario saber que Mortensen tiene un pasado argentino, que aún hoy viene de vez en cuando al país, para creerle a Ben que le gusta la infusión nacional. Aunque es una costumbre poco yanqui, ese gesto no desentona para nada con su personaje. El mate es un brebaje excéntrico a los ojos de los extranjeros, y el personaje es excéntrico. Cierra. Mi tía hacía un culto del mate. Eramos una familia feliz y grande, media tribu, papá, mamá, tía, primo, padrino y hermanos todos cobijados bajo la gloriosa luz de los años 60 y 70, en los cuales me crié viviendo con ellos, tomando mate, muy de chico. Recuerdo que Teresa preparaba mate aun después de cenar, a eso de las once de la noche, cuando todos nos tirábamos en la cama grande de mis viejos a ver El fugitivo. Hermosa y amada tía Teresa, estés dónde estés: ¿Te acordás todavía del capítulo doble de El fugitivo cuando encuentra al hombre manco? Años después yo encontré una foto del Comandante Guevara tomando mate, con el torso desnudo, una barba rala y una cartuchera en su cintura en plena Sierra Maestra. Esa foto me impactó más aún que la famosa de Korda. En el medio de la guerra de guerrillas, no vestido del todo, escondido de la CIA y de los soldados de Batista, el Comandante Guevara tomaba mate. Y allá andará, según se dice. Todas las mañanas me levanto y preparo el mate mientras pongo Sea Change de Beck, un disco indestructible. ¿Conocerá Beck el mate? Lo que no sabía es que podía existir un genio del mate. Mi amigo Andrés. Digo mi amigo a pesar de que lo conocí recién hace poco cuando estuve en Guadalajara, México. Pero nos habíamos estado escribiendo durante dos años sin vernos nunca, reposando en la second life. Pero en México nos vimos y fui a su cuarto de hotel (acá recuerdo el poema de Osvaldo Lamborghini: “Está vacío el cuarto de hotel. Hasta que yo entro: está lleno el cuarto de hotel. Luego, si entro, yo estoy. Está lleno. El cuarto de hotel” ) y él me esperó con unos mates demoledores, riquísimos, perfectos. Me explicó cómo calienta el agua, cómo mueve el mate como si éste fuera un cubilete para tirar los dados que jamás abolirán el azar. Pensé en Fernando Cabrera, un genio de la música, uruguayo, que seguro toma mate, y recordé esa canción que él hace en vivo usando como instrumento sólo una cajita de fósforos. Qué bueno juntar a Andrés y a Fernando para que tomemos mate. Andrés lo prepara, Fernando prende el fuego con su cajita percusiva. Yo cebo y, si me dejan, cambio la yerba.