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Jefe mata equipo

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default Foto:Cedoc
En menos de una semana, el Presidente pretendió dar una doble señal de autoridad, con la eyección de Isela Costantini y Alfonso Prat-Gay del elenco oficial. Los implícitos –y no tanto– mensajes de “acá mando yo”, “se hace lo que yo digo” y “el que no obedece, afuera”, son símbolos de autoridad. Un concepto que muchos argentinos no sólo ven como atributo para poder gobernar este país, sino que además lo alimenta nuestro sistema fuertemente presidencialista de conducción del Estado, tal como manda la Constitución.

La ex presidenta de Aerolíneas selló su boca y se fue a descansar a Brasil. Pero tanto Prat-Gay en su despedida oral (donde presentó el éxito de un blanqueo al que inicialmente se había opuesto) como los nuevos ministros Dujovne y Caputo, y el jefe de Gabinete, Peña, sobreactuaron estos días que todas las decisiones y políticas responden a directivas presidenciales.
No se duda aquí de las posibles aptitudes de Macri para mandar. Las ejerció cuanto pudo en el holding familiar, bajo la sombra omnipresente de papá Franco. Se liberó en Boca, donde por primera vez fue él. Y trabajó para adaptarse y flexibilizarse en el fango de la política.

Sin embargo, ese mensaje de ejercicio del poder hacia dentro y fuera del Gobierno contradice varias verdades consagradas como reveladas. La más evidente: choca contra el relato comunicacional del propio oficialismo. “El equipo” y “el diálogo” publicitado hasta el hartazgo por estas horas cual spot de campaña se exponen como humo ante la resolución de conflictos. Se valora, claro, el esfuerzo de la impostura con la serie fotográfica de Prat-Gay junto a Macri con la bucólica escenografía de La Angostura, como si fueran dos buenos amigos. En privado, tanto ellos como sus allegados sólo se dirigen reproches.

Otro mito que cae es el de analizar el presente según los cánones del pasado. Esta práctica habitual en políticos, analistas y periodistas (a la que se han sumado pseudohistoriadores que se convirtieron en best sellers) volvió a derrumbarse gracias a la realpolitik, que se caracteriza por su flexibilidad. Macri no había hecho casi cambios de Gabinete durante los ocho años que gobernó la Ciudad de Buenos Aires. Ergo, tampoco los va a hacer ahora. Error. Por esta novedad tampoco debería ser abrazado el péndulo que nos lleve a creer que las modificaciones en el staff gubernamental empezarán a ser constantes.

Sí serán constantes, al parecer, los intentos de Macri de ser el líder. No sólo se conjuga en ello la historia personal y familiar o los hechos aquí analizados. También su inédita condición de ser el primer presidente democrático no peronista ni radical en los últimos cien años. Nada menos.


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