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Jóvenes: efectos de la desocupación

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COLAS. Una feria de trabajo joven, con gran afluencia en Buenos Aires.
COLAS. Una feria de trabajo joven, con gran afluencia en Buenos Aires. Foto:Cedoc
El desempleo juvenil, definido como la situación de la población entre 16 y 24 años de edad desocupada y que busca empleo activamente, es un flagelo en el mundo. En Grecia y España casi cincojóvenes cada diez en ese rango etario no encuentran trabajo, en Portugal tres y en Argentina algo más de dos de cada diez  jóvenes son desocupados según datos de la Encuesta Permanente de Hogares del tercer trimestre de 2016. Detrás de estas alarmantes cifras de desempleo subyacen fenómenos macroeconómicos, estructurales, sociológicos y demográficos entre los cuales sobresale la permanente destrucción de empleo juvenil en el sector privado y la incapacidad de éste de generar nuevos puestos de trabajo. En efecto, mientras que en 2006 el SIPA registraba 710.034 jóvenes entre 18 y 24 años con empleo, ese número bajó a 647.206 en 2016. Esta pérdida de más de 60 mil empleos asalariados jóvenes en 10 años, junto al incremento de aquellos que ingresan al mercado de trabajo por primera vez, explica que el desempleo joven supere el 23%. ¿Cuáles son los efectos del desempleo en los jóvenes, en la sociedad y en el desarrollo económico de un país a mediano y largo plazo?
Cuando un joven no trabaja durante un tiempo considerable ocurren diversos fenómenos individuales y sociales. Los jóvenes que no encuentran trabajo durante períodos prolongados sufren enormes daños personales; y estos daños pueden persistir en él de por vida. Un joven en esa situación incluso causa sufrimientos de diversa índole a su familia y puede causar malestares y perjuicios a su vecindario y su comunidad. Cuando estamos ante una gran cantidad de desempleados jóvenes, como sucede en nuestro país y en nuestra región, además del sufrimiento personal también hay un daño a la sociedad en su conjunto por los efectos a largo plazo en el desarrollo del país. Y más aún, es un daño que se prolongará en forma intergeneracional.

En cuanto a los fenómenos individuales, el joven sin trabajo podría bajar su autoestima, sentirse avergonzado, perder incentivos para realizar otras actividades productivas como seguir estudiando y desarrollando sus potencialidades, colaborar en su casa o ser ejemplo para sus hermanos menores. Este joven podría no encontrar la forma y el tiempo para volcar productivamente su creatividad y energía a la sociedad ni motorizar intereses propios que le dieran sentido a su existencia. Un joven desempleado no encuentra cómo salir de la endogamia familiar con lo cual podría quedar infantilizado en algunos aspectos y debería recurrir a otros “ritos de iniciación” no tan adecuados a su edad ni tan saludables como el trabajo.
En cuanto a los daños al entorno familiar, un joven o adulto que no trabaja no encuentra sino en la familia su sostén económico. Incluso por los daños emocionales que sufre el desempleado, de prolongarse la situación en el tiempo, todos o algunos de los otros miembros de la familia podrían sufrir también consecuencias emocionales. Un miembro de la familia con baja autoestima es más proclive a la depresión, al aislamiento, a las conductas autodestructivas y también a la violencia ejercida sobre otros. Nada de eso contribuye al bienestar y desarrollo de padres, hermanos, pareja e hijos.

Por último, el desempleo juvenil puede producir daños a mediano y largo plazo para el desarrollo económico de un país. Si este desempleo o falta de actividad se prolongara en el tiempo, como parece ser el caso en nuestra región y en países del sur de Europa, entonces podría disminuir la productividad laboral y en menor medida la innovación por menor aprovechamiento de la creatividad y talento de los jóvenes, trayendo aparejado menores tasas de crecimiento a largo plazo.
Un joven que no se inicia a edad temprana en el mercado de trabajo, sea consciente de ello o no, sufre severos padecimientos personales y los causa involuntariamente a su familia y a su comunidad. Además, este joven no desarrolla hábitos laborales, no incrementa sus habilidades socio-emocionales fuera de su familia y su barrio que lo ayuden a madurar y a hacerse empleable como trabajador en un puesto de mayor responsabilidad; y tampoco desarrolla pericia técnica en una labor ni capacidades de llevar a cabo emprendimientos por cuenta propia; es un joven cuyo futuro se condecirá probablemente con un país menos desarrollado relativamente y con menor igualdad de oportunidades.

* UBA-Conicet.
** Consultora en Educación.

MARTIN GRANDES * / ALICIA CHEDIACK **