COLUMNISTAS OPINION

Justicia heroica

El tercer poder puede ser el actor principal de un cambio de era política. Los casos de Italia y Brasil.

PERFIL COMPLETO

FISCAL ANTONIO DI PIETRO durante su acusación, en 1992, en los tribunales de Milán. A 25 años del Mani Pulite, llegó a Argentina y debatirá con Sergio Moro.
FISCAL ANTONIO DI PIETRO durante su acusación, en 1992, en los tribunales de Milán. A 25 años del Mani Pulite, llegó a Argentina y debatirá con Sergio Moro. Foto:CEDOC PERFIL

Hoy llegó a la Argentina el hombre que hace 25 años cambió la política italiana para siempre. El hombre que además inspiró al otro hombre que cambió la política latinoamericana para siempre. El fiscal del Mani Pulite, Antonio Di Pietro, inspirador del juez del Lava Jato, Sergio Moro. Juntos, el jueves próximo participarán del debate estelar con el que concluirá el Segundo Congreso Iberoamericano de la Seguridad Jurídica y la Democracia, organizado por la Universidad de Gerona, España, y el Foro de Estudios sobre la Administración de Justicia, Fores.

La inspiración que Di Pietro generó en el magistrado del Lava Jato se plasmó en el ensayo que –diez años antes de comenzar con su proceso en Brasil– escribió el juez Moro en la revista jurídica SEJ, titulado “Consideraciones sobre la Operación Mani Pulite”, en el que elogiaba las herramientas que había usado el fiscal italiano: el arrepentido, la prisión preventiva y la difusión en los medios, el mismo protocolo que luego aplicó en Brasil, con idénticos resultados.

La clave tanto en Italia como en Brasil, fue seguir la ruta del dinero. En Argentina no se hace en serio

En palabras del juez Moro: “Las prisiones (preventivas), las confesiones (premiadas) y la publicidad (periodística) conferida a las informaciones obtenidas generaron un círculo virtuoso, consistiendo en la única explicación posible de la magnitud de los resultados obtenidos por la Operación Mani Pulite”.

Otra de las coincidencias que hicieron exitoso tanto el Mani Pulite como Lava Jato fue –escribe Moro– “la deslegitimación de la clase política, que propició un ímpetu a las investigaciones de corrupción y la renovación de la Magistratura. La imagen positiva de los jueces ante la opinión pública, conquistada con duras pérdidas, principalmente en la lucha contra la mafia y el terrorismo, que permitió que un tipo diferente de juez ingresara a la Magistratura”.

Claramente, esta segunda condición es la que falta en la Argentina. En Italia, Di Pietro se convirtió en un héroe nacional; una de las tantas demostraciones de apoyo popular se dio en el cartel del estadio San Siro que decía: “Di Pietro, eres mejor que Pelé”. En Brasil, las demostraciones de admiración incondicional al juez Sergio Moro son del mismo tenor.

Veinticinco años después, Di Pietro se ríe cuando es presentado en Iberoamérica como “el Sergio Moro italiano” y le advierte al juez del Lava Jato que los procesados y condenados intentarán invertir la ecuación y lo acusarán de todo tipo de delitos. El “Lula italiano”, el primer ministro de entonces, Bettino Craxi, intentó procesar a Di Pietro por conspiración y, al igual que ya sucede con Sergio Moro, se lo acusó de ser agente de los norteamericanos.

El Mani Pulite actuó como una forma de cáncer sobre los mayores partidos políticos destruyendo la Democracia Cristiana, que había gobernado Italia durante cuarenta años, y el Partido Socialista. El Mani Pulite marcó un cambio de época que concluyó la llamada Primera República y comenzó la Segunda. Brasil también está viviendo un cambio de época.

Las tres claves son: prisión prevenetiva, confesión premiada y publicidad en los medios

La gran pregunta es si la Justicia argentina podría ser el actor principal de un cambio de era política o continuará siendo procíclica, actuando siempre a posteriori, en sintonía con el poder de turno y sólo animándose a juzgar a los políticos cuando ya han perdido todo su poder. El Mani Pulite comenzó porque al candidato a alcalde de Milán, Mario Chiesa, se le encontró en su despacho un sobre con 7 millones de liras en 1992. En Argentina de 2007 se le encontró a la ministra de Economía, Felisa Miceli, un sobre con el equivalente a 50 mil dólares en el baño de su despacho. Recién siete años después Felisa Miceli fue condenada a tres años de prisión en suspenso. Nunca le fue dictada la prisión preventiva, ni se investigó quién le pagó ni, cuando todavía muchos medios se llevaban bien con el kirchnerismo, tuvo gran difusión. 

Di Pietro es un sobreviviente de aquella Justicia heroica porque otros magistrados fueron asesinados, entre ellos el juez Giovanni Falcone, quien decía: “El cadáver de un hombre se puede hacer desaparecer, basta con sumergirlo en ácido. Sin el cuerpo del delito, no hay delito. El dinero, sin embargo, deja siempre una huella”. Que la ruta del dinero de Odebrecht, probada en Brasil, no se haya seguido en Argentina muestra nuestro atraso.

Continúa con“Agenda-setting judicial