COLUMNISTAS ¿TERCERA GUERRA MUNDIAL? (I)

Kim Jong-un vs. Gangnam style

Corea del Sur aplicó sus esfuerzos al soft power; Corea del Norte, al poder duro de la fuerza.

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DOS caras coreanas: dictador al norte, cantante al sur.
DOS caras coreanas: dictador al norte, cantante al sur. Foto:CEDOC PERFIL

*Desde Seúl, Corea de Sur.

Cuando los BRICS estaban de moda, le pregunté al canciller de Putin, Igor Ivanov, qué pensaba Rusia de haber sido incluida en el mismo grupo de países junto a Brasil, India y China. Su respuesta fue: “China e India sí son potencias; pero Brasil, no, porque no tiene bomba atómica. Fíjese Corea del Norte: no hubiera sobrevivido si no tuviera bomba atómica”.

Por acción u omisión, Corea del Sur eligió el camino opuesto y se concentró en desarrollar el soft power de la cultura y del consumo. En lugar de bomba atómica, crearon Samsung (Tres estrellas), LG (Life is Good), Hyundai (Moderno), KIA más el Gangnam style (se pronuncia cángnam), el k-pop (korean pop en inglés, que tiene millones de adolescentes fanáticos en Occidente) y las novelas coreanas, que transformaron Seúl en la Hollywood asiática, adonde vienen chinos, japoneses y surasiáticos a sacarse fotos en los escenarios de sus ídolos. Las novelas coreanas llegaron también a Latinoamérica y son furor en México, Centroamérica y Perú (Telefe ya compró dos de ellas).

En Corea del Sur se dice que General Electric, de Estados Unidos, fue la marca líder de electrodomésticos hasta los años 80, cuando la destronó Sony, marcando el liderazgo tecnológico mundial de Japón, y ahora que Samsung y LG destronaron a Sony, se refleja el liderazgo tecnológico de Corea del Sur que, si quisiera (y Estados Unidos la dejara), con su tecnología podría fabricar un arsenal nuclear en meses.

Por temor a un golpe de Estado, Kim Jong-un ya mató a su tío y a su medio hermano mayor

Pero que nunca tuvo sentido hacerlo porque tampoco nunca hubo una guerra donde pudiera haber un ganador. “Las amenazas de Trump de destruir toda Corea del Norte son pura retórica para negociar, como las amenazas de Kim Jong-un con sus pruebas de misiles, porque si Estados Unidos atacara Corea del Norte, no habría forma de que Corea del Sur no quedara también destruida y los norteamericanos no querrían arruinar a su mejor aliado en la frontera con China. Además, si Estados Unidos atacara Corea del Norte, China y Rusia, fronterizos de ese país, se verían obligados a intervenir iniciando una tercera guerra mundial que ninguna potencia desea”. Apuestan a la continuación de la mutua disuasión atómica de la época de la Guerra Fría entre la ex Unión Soviética y los Estados Unidos, donde ninguno atacaba al otro porque también saldría destruido.

Pero la lógica de Estados Unidos, China, Rusia y Corea del Sur puede no ser la misma de Kim Jong-un, quien, más allá de su inexperiencia (tiene 33 años) y su posible desequilibrio mental, tiene la necesidad de cohesionar el frente interno ante un posible golpe de Estado de las fuerzas armadas, el verdadero poder de Corea del Norte y la amenaza de quienes podrían ocupar su lugar: quedarían dos hermanos y un medio hermano menor, ya fueron asesinados su medio hermano mayor, en febrero: dos mujeres lo envenenaron en el aeropuerto de Malasia, y hace tres años Kim Jong-un hizo ejecutar a su tío.

Así como los militares de la dictadura argentina en 1982 decidieron iniciar la Guerra de Malvinas para salvar su régimen y terminaron suicidándose, podría Kim Jong-un cometer el mismo error. Sin embargo, en Seúl, desde donde escribo esta columna, la capital de Corea del Sur que promete destruir Kim Jong-un, la vida sigue su cotidianidad como si nada pasara. En Gangnam, que quiere decir “al sur del río Han” y no sólo es el nombre de una canción sino del barrio de lujo de Seúl, el consumo y la vida frenética no se detienen. Estuve reunido con los principales medios de comunicación surcoreanos y funcionarios de su gobierno, y ninguno cree posible una guerra “porque no le convendría ni a Estados Unidos, ni a China, ni a Rusia”. Probablemente no crean en la posibilidad de una guerra por profilaxis mental porque pensar en ella sería como para una persona pensar todo el tiempo en su propia muerte: no la resuelve y adelanta parte de sus efectos negativos.

Corea del Norte tiene más submarinos, tanques y soldados que EE.UU. y Rusia (y bomba atómica)

Mientras tanto, cerca de Gangnam, en la Digital Media City, el barrio en el que se concentran todos los canales de televisión y productoras audiovisuales, cada uno en edificios de al menos treinta pisos, se vive un momento de éxtasis con cien diferentes novelas por año que exportan a más de cincuenta países y decenas de grupos musicales de k-pop que se renuevan constantemente: “Nuestro éxito es porque los chinos hacen mucho pero no buscan la calidad, los japoneses ponen excesivo foco en los detalles pero son aburridos, nosotros, que fuimos por siglos invadidos tanto por los chinos como por los japoneses, logramos lo mejor de ambos, somos una síntesis entre una cultura insular como la de Japón y otra continental como la china; la península de Corea es el punto de contacto entre ambos y Occidente”.

Samsung, LG, Hyundai o KIA, como las industrias culturales surcoreanas, son producto de la misma creatividad que también le permitió a Corea del Norte fabricar sus bombas atómicas y sus misiles de larga distancia. Unos aplicaron sus esfuerzos al soft power; los otros, al poder duro de la fuerza. Hijo de una cultura que se resume en la frase pali pali, algo así como “rápido, rápido”, con la que se jactan de ser el pueblo que va más rápido hacia el futuro. El eslogan de Samsung es “Cambiar todo, todo el tiempo, menos la esposa”, lo que también refleja el sincretismo futuro-pasado de los coreanos, que siguen siendo conservadores al mismo tiempo que modernos, y casi los únicos que mantienen el confucionismo como filosofía nacional (los chinos y los japoneses ya lo perdieron).

Creatividad que le permite a Kim Jong-un, desde un pequeño país con la superficie de Catamarca, tener al mundo en vilo con una eventual tercera guerra mundial. Ya fue una demostración de fuerza haberse mantenido comunista o, más precisamente, con economía estatal, después de que Rusia y China, sus aliados de siempre, se pasaron al capitalismo. En lugar de la suerte de Cuba, resignada a una decadencia digna, o de su ex aliado en Africa, Angola, el último país comunista que imitó a China y Rusia haciéndose capitalista, Corea del Norte, pudo darse el lujo de resistir como si la Guerra Fría no hubiera acabado gracias al poder militar que acumuló: tiene 73 submarinos (Estados Unidos 71, Rusia 62 y China 61) y 4.060 tanques (Estados Unidos 2.384, Rusia 2.700 y sólo la supera China con 7.190). Corea del Norte tiene también el segundo mayor ejército del mundo con 1.020.000 soldados contra 409 mil de Estados Unidos, 240 mil de Rusia y nuevamente sólo superado por China con 1.600.000 soldados.

El poder militar de Corea del Norte hace pensar que las amenazas de Trump de borrar del mapa Pyongyang, su capital, igual que las de Kim Jong-un con el lanzamiento de sus misiles, son para negociar: que Corea del Norte deje de hacer ostensible su chantaje nuclear y que Estados Unidos levante el aislamiento de Corea del Norte y las sanciones internacionales para poder desarrollar también poderío comercial.

Continúa en: "La supergrieta de las dos Coreas"