COLUMNISTAS GRADUALISMO: ¿SABIDURIA O MEDIOCRIDAD? (I)

Kirchnerismo ‘ilustrado’

Cada gobierno que llega nos entretiene denostando al gobierno anterior. Ese blanco-negro es reflejo de nuestra mediocridad.

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De Vido: ojalá se lo hubiera juzgado hace diez años.
De Vido: ojalá se lo hubiera juzgado hace diez años. Foto:Cedoc Perfil

Las pasiones humanas son ambivalentes. El odio se compone en parte de afecto no correspondido. La envidia, de admiración. Vale para el odio que genera Cristina Kirchner en algunos y en otros la envidia, y luego, el odio que produjo Macri.

Esa ambivalencia hace que los resultados sean a veces opuestos al buscado. En Brasil, Lula subió cinco puntos en las encuestas tras recibir la condena a nueve años de prisión del juez Sergio Moro. En Argentina, ¿cuánto subiría en las encuestas Cristina Kirchner si Bonadio ordenara su prisión preventiva?

En dividir al mundo entre amigos y enemigos, los anti K son culturalmente kirchneristas

Quienes odian a Cristina, al no ver que si fuera presa se podría agrandar su figura, se alegran esperando que la detención de su contador (por no depositar el pago de 170 mil pesos de alquileres de las propiedades embargadas) derive en la prisión preventiva de la propia ex presidenta bajo la misma acusación que a su contador: obstruir la acción de la Justicia.

Y circularon versiones sobre que la expulsión de Julio De Vido de la Cámara de Diputados, así como la detención del contador de la ex presidenta, son aproximaciones sucesivas hacia el objetivo final: impedir que Cristina asuma como senadora o, si asumiera, lograr que sea expulsada como su ex ministro por prisiones preventivas que vaya ordenando la Justicia.

En el humor, otra emoción también se filtra en el inconsciente: no nos reímos si se cae una mujer de avanzada edad y podemos hacerlo si se cae alguien que representa el poder o la fuerza. No es lo mismo que vaya preso Odebrecht, el hijo del hombre más rico de Brasil, que vaya preso un ex obrero como Lula. Lo mismo vale en Argentina para quien pudo acumular mucho dinero pero es hija de un colectivero, como Cristina. Tampoco es lo mismo una mujer viuda que Julio De Vido.

Pero el odio al kirchnerismo revela algo mucho peor: quienes lo sienten terminan igualándose al kirchnerismo en lo que respecta a dividir el mundo entre amigos y enemigos. Fruto de la misma cultura superficial y espasmódica, muchos de los más enojados con Cristina votaron por Néstor Kirchner y luego también por ella. Ahora votaron por Cambiemos, y algunos con tanta pasión que hasta insultan en las redes sociales y en los comentarios de las notas a los medios que publicamos algo crítico de Macri. Ya se quejarán de Macri igual.

En dividir el mundo entre amigos y enemigos también los anti K son kirchneristas: así como Perón ironizaba diciendo que todos los argentinos eran de alguna manera peronistas, en el siglo XXI no todos pero sí una mayoría de los argentinos son culturalmente kirchneristas. Y no nos debería sorprender que entre quienes votaron por el kirchnerismo en 2005, 2007 y 2011, permitiéndole triunfos aplastantes, se encuentren hoy muchos de sus críticos más exasperados.

El mejor ejemplo se da en los medios de comunicación: el rating de radios y canales de televisión de noticias pasa de medios anti K a medios K en la misma proporción que la intención de voto de Macri a Cristina. Baja Radio Mitre y sube Radio 10. Baja TN y sube C5N. Vale la pena ver el video de cómo C5N anunciaba en 2009 que había ganado Néstor Kirchner cuando había perdido (e.perfil.com/cuando-todos-eran-K), demostrando cómo nada cambia aunque cambie de dueño el canal o de presidente el país. De la misma forma en que no hay partidos políticos con líneas internas relativamente estables en la cantidad de afinidades que despierta, tampoco hay audiencias estables.

Imagine, lector, que hoy Radio Mitre o Radio 10, TN o C5N tuvieran como eslogan “Todas las voces”, como tuvo exitosamente Mitre hasta 2008, antes del conflicto con el campo. Intratables, el programa de América TV, sí tiene todas las voces. Pero al mismo tiempo, para que se anulen interrumpiéndose a los gritos y el resultado sea el mismo: amigo-enemigo pero dentro del mismo ring.

Desgraciadamente, el problema de la Argentina no se resuelve si Cristina Kirchner va presa ni si Cristina Kirchner es electa senadora. Deberá ir presa si acumulan pruebas que sustenten su condena y ser electa senadora si tanta gente se siente mejor representada por ella. Y de combinarse ambas situaciones, respetando el debido proceso, que sea desaforada y cumpla su condena. Lo mismo Menem.

Pero nuestro problema no está en el pasado sino en el futuro. Cada gobierno que llega nos entretiene denostando al gobierno anterior. Periodistas y ciudadanos invertimos excesivo tiempo en discusiones sobre ese pasado para que el tiempo pase. Ya sea dedicando horas a las discusiones sobre la expulsión de De Vido o la llegada detenido del contador de Cristina Kirchner como con la opinión contraria, acompañando los mismos temas para defender a los kirchneristas imputados o procesados.

Ese blanco-negro es reflejo de nuestra mediocridad, de nuestra falta de aspiración de grandeza, de que la alternativa que tiene para ofrecernos la política como cambio es kirchnerismo “ilustrado”.

El artículo del diario The Guardian titulado “How time flies” explica que, para los aimara, el futuro espera atrás y el pasado se ve adelante: “La palabra aimara que indica el pasado es nayra, que literalmente significa ojo, a la vista o al frente. La palabra que traduce futuro es qhipa, que quiere decir detrás o a la espalda. La palabra aimara que se traduce como mañana combina qhipa (atrás) y uru (día), siendo literalmente ‘día que está a la espalda’”.

No podría hoy ser líder de audiencia un medio audiovisual cuyo slogan fuera "Todas las Voces"

Los aimaras son un pueblo que vivió prácticamente aislado en la altura durante siglos. El lingüista Vyvyan Evans, de la Universidad de Sussex, los toma para explicar cómo “el futuro y el pasado se estructuran de una manera totalmente distinta en gran cantidad de lenguas, incluido el inglés. La existencia de distintas metáforas en una lengua orienta el idioma hacia una visión del tiempo ligeramente diferente y en ocasiones única”.

Los antropólogos destacan de la cultura aimara su resiliencia y su economía de subsistencia. Quizá por las crisis, los argentinos estemos desarrollando las mismas capacidades y visión del tiempo.

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