COLUMNISTAS EL ECONOMISTA DE LA SEMANA

La caída del petróleo, una buena noticia para casi todos

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Sin dudas, el hecho más importante para la economía mundial durante las últimas semanas ha sido la abrupta caída del precio internacional del petróleo.  En efecto, el crudo, en su versión WTI, cayó casi -50% en los últimos seis meses hasta los USD55 el barril, nivel que no se registraba desde hace más de seis años.

Lo primero que vale la pena destacar es que resulta difícil que el precio del petróleo continúe cayendo en el futuro inmediato.  Y la razón de esto está, paradójicamente, en las mismas causas que provocaron la fuerte reducción del precio del crudo que se observó durante el último tiempo.
Más allá de cierta desaceleración de la demanda desde Asia y la tendencia al aumento del precio del dólar a nivel global que se observa hace ya algunos meses, el factor más distintivo detrás de la retracción del valor del petróleo está en el fuerte aumento de la oferta global de crudo que trajo aparejada la tecnología shale (en especial, dentro de EE.UU.).  Gracias al shale, EE.UU. pasó de tener sólo el 0,5% de la oferta mundial de crudo en 2008 a representar el 3,7% de dicho total hoy.

Aunque hubo aumentos en los niveles de producción de los otros países que no forman la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), el caso de EE.UU. ha sido, sin dudas, el más significativo.

Ahora, al ser más costosa que las tecnologías tradicionales, la tecnología shale sólo es rentable a determinados rangos de precios.  Cuando el precio del crudo cruza, o se acerca a dichos niveles (y los especialistas indican que los precios actuales se encuentran cerca de dicho entorno), la oferta de shale oil tiende a debilitarse, fijándole una cota inferior al precio del crudo y transformándose, por ende, en un elemento auto estabilizador de dicho mercado.

Por otro lado, es importante remarcar que la caída del precio internacional del petróleo resulta una buena noticia para la economía mundial, en general, y para la situación económica en Argentina, en particular.

Es buena noticia para EE.UU., dado que, más allá del impacto específico que tiene sobre la industria petrolera, implica un shock positivo sobre el ingreso disponible de los hogares (y, por ende, también sobre el ritmo de crecimiento de la economía), al tiempo que también reduce las presiones inflacionarias (de manera directa y también indirecta, dada la importante participación del petróleo y sus derivados en distintos procesos productivos).  Así, la baja del precio del petróleo puede actuar como un factor que termine dilatando la decisión de la Reserva Federal de EE.UU. en cuanto a la suba de las tasas de interés de corto plazo.

También puede ayudar a la situación en Europa.  En un contexto en el que, a pesar de que buena parte de los países del Viejo Continente todavía atraviesa una coyuntura económica complicada (con bajos niveles de crecimiento y altos niveles de desempleo), todavía existen fuertes presiones que limitan la aplicación de medidas monetarias y fiscales no convencionales que sirvan para impulsar el ritmo de crecimiento del producto, la caída del petróleo puede representar una pequeña ayuda. Básicamente, porque representa un shock deflacionario que, a diferencia del que estuvieron sufriendo la mayoría de los países de Europa durante los últimos años (provocado por la caída de los salarios nominales, como mecanismo de ajuste tendiente a mejorar los niveles de competitividad), puede servir para darle algo de dinamismo al consumo y, por ende, también a la actividad económica.

Por supuesto, dada la magnitud de los desequilibrios macro que existen en Europa, el shock petrolero por sí sólo no va a modificar la dinámica económica de los países del Viejo Continente, pero sí puede resultar una ayuda para los (insuficientes) esfuerzos que estuvo realizando durante los últimos meses el Banco Central Europeo en pos de intentar acelerar la tasa de crecimiento de los países que integran la Zona Euro.

En cuanto a la situación de los emergentes, y más allá del impacto puntual que la caída del precio del petróleo tuvo (y tendrá) en países como Rusia y Venezuela, es difícil que la clase de activos emergentes se vea afectada como tal, como sucedió en 1995 con el Tequila o en 1997 con la crisis del sudeste de Asia o en 1998 con la crisis rusa o en 1999 con la crisis en Brasil.  Es probable que no todas las economías emergentes sufran por igual y que el mercado muestre diferenciación entre las que importan y exportan petróleo y entre las que cuentan con capacidad (reservas y reputación en el Banco Central) para manejar sus monedas y las que no.

Por último, la brusca baja del precio internacional del crudo también puede resultar de ayuda para Argentina por varios motivos.  En primer lugar, porque, a partir del potencial impacto sobre las expectativas de aumento de la tasa de interés en EE.UU., puede servir para contener la tendencia a la depreciación del Real brasileño y a la caída de los commodities agrícolas observada recientemente.

Asimismo, a todo lo demás igual, la baja del precio internacional del petróleo es deflacionaria.  Por supuesto, por sí sólo, no es un factor que vaya a cambiar la dinámica que han tenido los precios internos durante los últimos años, pero ciertamente es un factor que ayuda.  También implica un beneficio para el mercado cambiario doméstico, toda vez que reduce los pagos en divisas por las importaciones de energía (en un contexto en el que el desequilibrio comercial energético tiene una magnitud no trivial).
Es cierto que la baja del crudo puede, al mismo tiempo, tener implicancias negativas para Argentina en cuanto a que puede dilatar (o, en el límite, hasta detener) los flujos de inversión destinados al desarrollo de los recursos energéticos no convencionales (principalmente, en el área de Vaca Muerta).  Pero, teniendo en cuenta que dichos flujos no han sido hasta ahora extremadamente elevados y que, más allá de cuestiones coyunturales, hay certeza que más tarde o más temprano Argentina será en el mediano/largo plazo un jugador importante en materia de producción de shale gas/oil, pareciera ser que los beneficios que trae para Argentina la caída del precio del petróleo superan a los costos.
Es remarcable, cuando los beneficios  de la baja llegan en momentos en que el país se enfrenta a un año de transición en materia política y económica, y en el que, en especial en materia económica, los desafíos para los próximos meses no serán ni pocos ni sencillos.



Martín Apaz // Deloitte