COLUMNISTAS EL REGRESO DE D’ALESSANDRO, TEVEZ Y OTRAS VUELTAS DE TUERCA, CODIFICADO

La carta, Peron y el mito del eterno retorno

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“El tiempo es sucesivo porque habiendo salido de lo eterno quiere volver a lo eterno. Es decir, la idea de futuro corresponde a nuestro
anhelo de volver al principio.” Jorge Luis Borges (1899-1986); de su conferencia en la Universidad de Belgrano,(23 de junio de 1978)

El tiempo nunca muere, el círculo no es redondo. Milcho Manchevski, que nació en Skopje, Macedonia, estaba obsesionado con la frase, que aparece escrita en una pared destrozada por la guerra civil de su país y es repetida por el padre Marko en la escena que abre y cierra su conmovedora película Antes de la lluvia (1994), la historia de un fotógrafo en crisis luego de haber cubierto la guerra de Bosnia que decide volver a su ciudad natal en Macedonia, y al amor prohibido de una musulmana albana. Un guion perfecto… y circular, pese a la paradoja.
Influenciado por Schopenhauer que decía: si alguien firma por su vida lo haría incondicionalmente, incluso si todo su pasado se repitiera, y a partir de una idea que encontró en Heinrich Heine –sostenía que un día las personas volverían a nacer, repitiendo el mismo proceso de sí mismos–, Nietzsche hizo célebre la teoría del Eterno Retorno.
La esbozó en La gaya ciencia –“¿Qué ocurriría si, un día o una noche, un demonio se deslizara furtivamente en la más solitaria de tus soledades y te dijese: ‘Esta vida, como tú ahora la vives y la has vivido, deberás vivirla aún otra vez e innumerables veces’?”–, y la continuó en Así habló Zaratustra para simbolizar su desesperado amor a la vida. Ni paraísos católicos ni platónicos mundos de ideas: para el entrañable loco de Turín, luego de la vida sólo hay más vida, la misma, con todos sus placeres y dolores. Sin lugar para  arrepentidos.
Al genial y despiadado Truman Capote no le preocupaba filosofar sobre el tiempo y los retornos. “El tiempo. ¿Qué es el tiempo? Los suizos lo fabrican, los franceses lo atesoran, los italianos lo malgastan, los americanos dicen que es oro, para los hindúes no existe. ¿Saben qué creo? Que el tiempo es un ladrón”.
Un ladrón que convirtió al último Perón en león herbívoro, un anciano que ya había esperado demasiado como para volver a ocuparse, como antes, de los problemas del día a día. No quería volver. No para ponerse el país al hombro. Pero su sueño de convertirse en un líder continental se estrelló contra las contradicciones internas de su movimiento, feroz guerra que alentó con su política de decirle que sí a todos, sumando a buenos, no tan buenos y multitud de canallas. Pensó que lo podía manejar. Se equivocó. Tuvo que ceder y la cosa explotó, como su salud. Luego de visitar el Paraguay de Stroessner donde soportó un acto en su honor de pie y bajo una lluvia invernal, su cuerpo dijo basta. Murió a tiempo para sostener el mito, y dejó a su viuda, patética marioneta de López Rega, en el poder. Uf.
¿Por qué volvemos? Por una necesidad interna, el deseo de cerrar la historia allí donde comenzó, de convertir en realidad las fantasías. Diego Simeone quiso jugar en Racing, el club que ama desde chico. No le fue tan bien, pero ponerle el pecho a una crisis lo animó a iniciar su carrera de técnico, profesión que lo llevó a la elite: hoy es uno de los cinco entrenadores top del mundo. A Aimar –a quién vi en España llevando al Valencia de la mano hacia lo más alto en las Ligas 2002 y 2004–, su físico no lo dejó volver a ser en River, nada menos. Saviola quiso pero no pudo. El tiempo, ese viejo ladrón, a nadie perdona.    
Lo de Verón, que volvió entero y con el sueño de superar a su padre, un prócer del club, es inigualable. También lo de Maxi Rodríguez, Heinze y Scocco en el Newell’s de Martino. Diego Milito volvió y ya es doble campeón con Racing, una rareza extrema. El príncipe de Independiente se llama Germán Denis. Veremos si hay final feliz.
Andrés D’Alessandro es hincha de Racing, pero decidió regresar al club que lo formó y lo llevó a Primera. Lógico y hasta justo. Además, sostiene la dialéctica que desde hace años mantienen Boca y River. Ah, ¿vos traés a un Maradona de 21 años y salís campeón en 1981? Entonces yo traigo a Kempes y también gano un título aunque sacrifique al Beto Alonso, enfrentado con el técnico Di Stéfano. Acción y reacción. La vuelta de Carlos Tevez –goleador y multicampeón con la Juve– aceleró un imposible: el regreso, con casi 35, del ídolo, capitán, amo y señor del Inter de Porto Alegre.
Si Tevez es potencia, gol y entrega, D’Alessandro es asistencia, pegada y manejo. Los dos juegan detrás del punta: Carlitos como segundo delantero,  Andrés como mediapunta creativo, eso que insistimos en llamar enganche. Los dos son la clase de jugadores que, con su sola presencia, potencian a los demás. Tevez, una máquina de ganar títulos, tocó suelo argentino y al toque dio dos vueltas olímpicas. D’Alessandro se despidió de Brasil con la Recopa Gaúcha en alto.
De nuevo en el país que lo vio partir a los 22, tricampeón con River, campeón mundial sub 2001 y oro olímpico en Grecia 2004, Andresito es la carta que a último momento jugó el presidente D’Onofrio, animado por las ganas de Gallardo y Francescoli.
“Never come back”, sentenció Jack Dempsey, hasta que el genial Alí lo refutó después de tres años sin pelear por no ir a Vietnam. Volvió Alí, y hasta su ilustre vencido de Kinshasa, George Foreman, gordo, pelado, viejo, pero con la potencia intacta. Vuelven los Stones. Vuelve la moda de los años 50, los 60 y los 70.
Vuelven los 90, ¡ay!, y ya no el 45. Al menos por ahora, nunca se sabe. El déjà vu es un viejo vicio argentino.
Ojalá les vaya bien a D’Alessandro y a Tevez, las dos caras de la misma moneda. Será una pulseada brillante. Lindo consuelo mientras nos hacemos amigos de la penumbra a fuerza de tarifas e intuimos otro Eterno Retorno, cierto espanto nuevo, pero familiar. El círculo.
La agridulce certeza de saber que todavía somos eso que siempre fuimos, maldito sea.



jasch