COLUMNISTAS REDEFINICION DE VALORES

La construcción de postura

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Más allá de los verdaderos logros del kirchnerismo, algunos a la vista, otros ocultos y otros ocultados, es indudable el aporte de esta década en términos de pensamiento político al nivel que cada uno considere. El espacio de Néstor primero y Cristina después, sin duda, ha puesto a reflexionar a toda una sociedad acerca de los valores que deben subyacer en la base de cualquier propuesta política. Contribución que ha obligado, por su bien,  a marcar y definir territorio ideológico al resto de los actores políticos.    

Este constituye un elemento no menor y su falta de registro conduce a debates estériles sobre el resultado y no el proceso que es donde deben anclar, si se quiere, los verdaderos cuestionamientos y las posibles construcciones alternativas.
En este sentido, cuando se analizan los grandes cambios históricos lo que se descubre es una profunda redefinición de los valores más que de las formas, cuestión que no las hace menos importantes.

Aún pareciéndose mucho los resultados a lo obtenido por políticas que se pretendían superar, se puede afirmar que el kirchnerismo forzó a las instituciones todas a tomar postura, imponiendo nuevas referencias y redefiniendo las viejas. Sabiéndome exagerada en las comparaciones para hacer más comprensible el concepto, lo hizo la Revolución Francesa aún dando por resultado a un Napoleón y la Revolución Rusa aún dando por resultado a un Stalin, con todas las dudas que despertaban sendos personajes acerca de sus verdaderas diferencias con Luis XVI y Nicolás II. ¿Cuánto alejaron cada uno de ellos a sus respectivas sociedades de los sistemas, (monarquía absoluta y zarismo)  contra los que luchaban? Muchísimo, aún adoptando estilos y formas similares. Ambos procesos abanderados contra el absolutismo/totalitarismo impusieron, con estilos absolutistas/totalitarios, una perspectiva diferente que todo lo cambiaba hacia dentro del sistema.

El aporte del kirchnerismo queda más relacionado con el desarrollo de una perspectiva que no debería ser cuestionada por los resultados, los que en muchos aspectos (sensibles para ellos como la pobreza), nos dejan en el mismo lugar (casi exacto) que lo hizo el menemismo. Pero esa es otra discusión, y es en esa discusión donde la construcción del espacio opositor no debe perderse.  

Así las cosas y no por casualidad, el PRO aparece en un contexto que exige definición de posturas, obliga a la reflexión, al desarrollo argumental y al debate tanto entre quienes adhieren como entre quienes lo rechazan. Esto transcurre aunque muchas veces sus dirigentes se vean tentados a correrse de construcciones ideológicas, que, sépanlo, los fortalecen.

*Politóloga.



Cecilia Mosto