COLUMNISTAS BOCA, CENTRAL, FINAL DE COPA, CAMPEONATO Y… ¡EL ASESINO DEL MOMENTO!

La Copa Argentina y Arquimedes Puccio

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“(…) me señaló con el dedo y continuó abrumándome sin que pudiera comprender bien por qué. No podía dejar de reconocer que tenía razón.
No lamentaba mucho mi acto. Pero tanto encarnizamiento me asombraba”
Albert Camus (1913-1960); de ‘El Extranjero (1942), Segunda parte, IV.

Sin Bou y con poco de Milito, Racing es, pese al esfuerzo de Pavone, un equipo standard que puede ganar y perder con cualquiera. Suma, porque tiene a Saja y a Lollo abajo, más Aued y Cerro cobrando peaje antes de llegar al área. Racing no juega lindo, pero es efectivo. El campeón lo era mucho más, pero la ida de Centurión –un chico de enorme potencia y desequilibrio que, con el cerebro de Ribéry jugaría en un grande de Europa– se perdió esa cuota políticamente incorrecta que podía romper con los previsibles planteos de Diego Cocca, su técnico.
Rosario Central, con ayuda de los palos o no, le ganó con justicia y jugará la final con Boca. Nadie esperaba demasiado del plantel ni del Chacho Coudet, un loco lindo, uno de esos personajes simpáticos que buscan los programas de cable para llenar minutos con anécdotas. Se puso a dirigir y sorprendió. No fue una racha: lo suyo tenía fundamento y un estilo. A esta altura uno puede afirmar que armó el mejor equipo del torneo.
—Eh… Marco Ruben y Cervi. No se olvide…
Levanté la vista y lo vi, parado frente a mi escritorio. El pelo blanco algo desordenado y una barba candado que le daba un aire mefistofélico que le calzaba perfecto. Completó, al sentarse:
—Disculpe Asch. Digo que no se olvide de poner a Ruben y Cervi como las revelaciones del torneo. Martino debería citarlos. ¿No?
Estaba vestido con un pantalón estilo militar verde y un par de pullovers, uno azul y el más grande, gris, la bufanda quedó en una de sus manos. En la otra, humeaba un café de máquina.
—¿Qué hace por acá, Puccio?
—Arquímedes Rafael Puccio, para servirlo. ¿Cómo qué hago? Disfruto de mi fama. Pienso en negocios, cobrar regalías. ¿No sabe que tengo un libro a la venta, una miniserie en la tele y una film en cartelera? ¡Soy una celebridad! Tinelli debería llevarme al “Bailando”.
—Oiga Puccio, tengo que escribir. ¿Me permite?
—Siga, siga, hombre.
(…)
—¿Lo vio a Francella haciendo de mí?
—Ay… ¡Sí! Ojo con lo que va a decir que es de Racing, ¡eh!
—¡Me importa un rábano! Me hizo como desayunado con puré de Rivotril. Yo no me muevo como un zombie, ni tengo esa cara de nada mientras me paseo casi sin mover los brazos. ¡Ese no soy yo, Asch! A ver si Francella va a ir a negociar con Gordon y los nenes de la Triple A con esa caripela, viejo… Me quedo con Awada. Aunque de verdad, ¡deberían haberme llamado a mí, que soy el que mejor hago de mí mismo, ja, ja, ja…!
—Uf… ¿Podría decime qué cuernos quiere?
—Contactos, Asch. Pavaditas. Celulares, direcciones de representantes, chicos de inferiores que la rompan, ¿eh? –sonrisita cómplice.
—Si cree que lo voy a ayudarlo a secuest...
—Nah… —apoyó delicadamente sus dedos en mi boca—, eso ya fue, Asch. Pan de showbiz. No sea antiguo. Lo que quiero hacer es ojear chicos y llevármelos con documento falso a unas ligas de Asia. Y si hay nenitas, bueno, el hockey, esas cosas...
—Oiga: ¿no puede dedicarse a algo honesto?
—Perdería mi ángel. Quería ser candidato hoy, pero no llegué al mínimo de afiliados. Una pena. Quizá me postule para la AFA. Ni Tinelli ni Segura pueden compararse a Don Julio. Yo sí. Podría superarlo, incluso.
—No lo dudo. ¿Me deja seguir?
—Siga, siga…
Central armó, tal vez, la mejor dupla de centrales del torneo con Donatti y Pinola, que regresó después de diez años en el Nuremberg. Nery Domínguez maneja el medio con Montoya y Fernández como laderos y arriba tienen artillería pesada: Cervi o Lo Celso, enganchando con Larrondo y Marco Ruben, que a los 28 años alcanzó el mejor promedio de gol de toda su carrera: 24 en 32 partidos jugados desde que llegó.
—¿Le podrán ganar a Boca, Asch?
—Sí, cómo no. Central es un equipo sólido que conoce sus límites y Boca es impredecible: puede jugar muy bien y muy mal en el mismo partido.
¡¡Pero por qué cuernos dejo de escribir para hablar de fútbol con usted que además de ser un asesino feroz
está muertísimo!!
Puccio giró la cabeza y sonrió.
Un gesto a mil kilómetros del paternalismo.
—Tranquilo, papá. Yo pregunto, vos escribís, ¿sí?
—Oiga que no estoy en el sótano de su casa, eh.
—Justo te iba a invitar, pero esta semana la tengo reservada. Es para quién pase el papelón mayor en las elecciones y quiera guardarse un tiempo… Va a estar a full. Estabas con Boca. ¿Me prestás tu libreta de direcciones, querido, así hacemos un Puccio II?
—Laaaargueee…
Pegué el manotón justo. Puccio se rió como un nene sorprendido en una travesura. “Boca –me dijo–, escribí”.
Boca, con el mejor plantel del fútbol argentino no es, por paradoja, más equipo que el Central de Coudet que, con menos jugadores y menos tiempo de trabajo, armó un equipo confiable en todas sus líneas. De no haber empatado tantos partidos que pudo haber ganado, estaría peleándole mano a mano el torneo a Boca.
—¿Es necesario el ‘mano a mano’? Igual se entiende.
—Oiga Puccio porque no…
—Tranqui. Te falta un remate. Mi especialidad.
—No se puede trabajar así, viejo….
—¿Qué creés que va a pasar? ¿Quién gana?
—El torneo, Boca pese a su irregularidad y sus dos miedos: a ganar y a perder. La copa está pareja. Pero a mí me gusta Central.
—No Asch. ¡Qué copa! ¿Quién gana hoy las elecciones?
—Hay veda hasta las 18, Puccio…
—Para mí, no. ¡Viva Perón, carajo! ¿A ver? ¡Métanme preso!  ¡Viva Perón!
—¿Preso? Jah. Así, hasta Macri lo va a aplaudir…
Fue entonces cuando los ojos vivaces y su sonrisa mefistofélica se apagaron de golpe.
—Mierda, a lo que hemos llegado…
Se dio media vuelta, saludó con la mano de la bufanda y enfiló hacia la salida con un paso más enérgico que el de Francella, es verdad. Quizá lo hizo para demostrarme algo, no lo sé. Parecía algo triste.



jasch