COLUMNISTAS NUEVO LIDERAZGO

La cuestión peronista

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El largo y complejo camino de la renovación del peronismo comenzó con una finalidad clara: encontrar un nuevo liderazgo. Su resolución llevará tiempo y tendrá dificultades. Estará sometida a los avatares internos y a intereses externos que no aportarán neutralidad, porque nadie será indiferente a la suerte de la principal fuerza política del país (particularmente el gobierno nacional, que ha comenzado a mover sus fichas con la convicción de que en este tablero se juega también buena parte de su futuro).

Se discutirá mucho luego de años de discutir poco. La catarsis se confundirá con el análisis, las acusaciones con el debate y el pasado con el futuro. Presumiblemente, la prolijidad no caracterice el recorrido. Se registrarán rupturas y suturas sucesivas, ninguna irreversible. Y se presentarán interrogantes de toda clase: ¿surgirá una fuerza más institucionalizada en sus procedimientos?, ¿alumbrará al final del camino un referente con carisma que conviva y se alimente de los disensos?, ¿se repetirá el modelo de cesarismo plebiscitario que una vez consolidado impondrá un nuevo “ismo” hegemónico hasta agotarse? Por un lapso, las respuestas serán aleatorias.

Posiblemente, la apelación a esquemas de “transición” ayude a enmarcar las incertidumbres mientras se ensayan alquimias que disimulen las dudas. Se teorizarán proyectos reformistas frente a tradiciones muy arraigadas. Pero la clave pasará por la definición del método para superar la crisis. La participación genuina de los afiliados en la elección de sus dirigentes partidarios sería una novedad frente a la inercia que tiende a consagrar listas de unidad superestructurales. La competencia “por dentro” para consagrar candidaturas como alternativas superadoras supondría una benigna anomalía al paradigma de definir “por afuera” para imponer luego la jefatura al conjunto. La falta de democracia interna es el default político peronista.

Quizá porque siempre se la consideró una deuda poco relevante, sin acreedores convencidos del derecho a cobrarla.
O porque la ideología “poderista” la fue devaluando significativamente. Tal vez sea porque se confíe demasiado en el poder instituyente del conductor como única fuente de legitimidad. Pero de su resolución dependerá la posibilidad para oficiar de herramienta u obstáculo del desarrollo, la gran asignatura pendiente de la Argentina. Un liderazgo autorreferencial es cortoplacista por definición.
Aun manifestando sensibilidad social y vocación por la redistribución virtuosa del ingreso, no admitirá el debate del largo plazo. La democratización del consumo tuvo un alto atractivo y otorgó réditos legitimadores inmediatos. Pero sin la expansión de la oferta, el incremento de la productividad y la eficiencia en la provisión de los servicios públicos de calidad, su vulnerabilidad resulta evidente.

Estas metas requieren de sujetos políticos colectivos para materializarse porque sus tiempos se extienden más allá de una biografía presidencial. Influir positivamente en esta agenda desde la oposición requiere mucho más que tácticas obstruccionistas y actitudes de posicionamiento individual en los medios.

Para aportar a la preservación y mejora de la participación del salario en la riqueza nacional con base en el empleo privado, para sumar propuestas a favor de la transformación productiva con más valor agregado, para proponer acciones tendientes a eficientizar el sector público con incorporación de tecnología y entrenamiento continuo de recursos humanos, la acción de los legisladores y gobernadores e intendentes justicialistas debe ir conformando un ideario común con base en proyectos de leyes y gestiones locales. Ello contribuirá a la edificación de una alternativa efectiva para señalar los límites del oficialismo, algunos de los cuales ya se evidencian notoriamente. He aquí la cuestión: ser o no ser un partido moderno e institucionalizado que pueda contribuir al progreso colectivo a partir de una honesta y equilibrada reflexión sobre sus procedimientos y creencias más arraigadas.

En esta asignatura, su propia historia no encuentra tantos ejemplos inspiradores. La habilidad, la audacia y la astucia en el ejercicio del poder permiten cabalgar las coyunturas, pero necesitan del pensamiento estratégico para trascenderse. Esto supone inventar y recrearse, evitando el cómodo refugio de las consignas fáciles. La famosa actualización doctrinaria que predicaba su fundador, Juan Perón.

*Politólogo.



Gustavo Marangoni