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La cultura nacional del kirchnerismo

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Como introducción a unos foros que apuntan nada menos que a una “nueva independencia”, Ricardo Forster, secretario encargado de coordinar el pensamiento nacional ha difundido un documento que reprodujo Página/12 (11/09/14). Esta nueva independencia no sólo no queda explicitada, sino que al colocar al Facundo y a Sarmiento en el centro contradice un concepto eje del pensamiento nacional explicado por Jauretche. Fue él quien plantó la idea de la colonización pedagógica y dependencia mental del pensamiento argentino de los valores del liberalismo. Comenzando por la idea de que Europa es la civilización y América la barbarie, “zoncera madre, la que las parió a todas las otras” como decía en su conocido Manual.

Ricardo Forster tiene una primera confusión al considerar que la cultura argentina se inicia en 1810. Esto significa anular las tradiciones indígenas y el fundamental legado hispánico. Como las actividades de esta secretaría se iniciaron en el Chaco –provincia trilingüe– es seguro que algún hombre un poco más culto que él le habrá aclarado el asunto. Porque la tradición indígena es parte nuestra, como la cultura de la colonia, como nos han explicado tan bien pensadores como Ricardo Rojas o el padre Furlong.

Esta idea del nacimiento de la nada la expresa Forster refiriéndose a nuestro territorio diciendo que es un ámbito “donde poco antes no había nada, apenas el esfuerzo de sobrevivir en estas geografías lejanas e inhóspitas”. Peculiar visión de nuestra exuberante geografía, idea tomada de Martínez Estrada que supone que los conquistadores llegaron a un páramo donde no había metales, no había oro, y por ello nació una frustración nacional que continúa.

Forster se olvida, como vemos, de la lengua castellana, aunque valora los lenguajes en que se expresan diversas teorías, como si agregando ciertos tecnicismos desapareciera la lengua, la gran herencia: “Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras” dijo Neruda.

Tal vez evitando mencionar tradiciones, valores, religión, se refiere a que “las identidades culturales ya no pueden ser concebidas desde una perspectiva esencialista”. En un binarismo de oposiciones tomado de José Ingenieros reitera el convencional enfrentamiento unitarios-federales, conservadores-radicales etc., etc. Pero parte de Sarmiento, de quien rescata su comprensión de que “el combate político sería fundamentalmente un combate por los símbolos”. Lástima que los que usó el sanjuanino eran adjudicar el de la cultura para Europa y el de la barbarie para los americanos, o sea para nosotros. Al revés de lo que pensaban los griegos, para quienes bárbaros eran los extranjeros, literalmente los que no hablaban la lengua griega. Y se olvidó Forster que para encarnar esos valores invertidos, Sarmiento diseñó el plan de extirpación de los caudillos del interior, que Mitre y él dirigieron como presidente y gobernador de San Juan. Se olvida de la tradición incluso política que nos llevó a la Independencia; se olvida de sentimientos entrañables como son los heredados valores cristianos y los valores del federalismo, el gran concepto nacional y popular del siglo XIX.

Como intelectual que no leyó a Perón ni tiene esa valoración profunda y afectiva que caracteriza al peronismo, fantasea que el peronismo se encarna hoy en el kirchnerismo.  

Para rematar esta ensalada rusa, Forster alude a una “ideología de la emboscadura” (¿?) que atribuye a Horacio González, quien entiende que por el “amarillismo mediático” no se aprecia la real diferencia ideológica con el Gobierno, y se reduce la crítica a considerar “que todo se hace en función de un cierto negocio”. Ahora los negociados de la Presidenta, del vicepresidente Boudou y de los kirchneristas desaparecen, y sólo son espejismos de la clase media. Me parece que esta interpretación no va a funcionarles.

*Crítico literario y ensayista.



Ángel Nuñez