COLUMNISTAS DESDE LA OTRA ORILLA

"La democracia como forma de convivencia"

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La visita de la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, al Uruguay y la decisión de entregarle las llaves de la ciudad de Montevideo despertaron polémicas y agudizaron el humor político en las redes sociales.

Los detalles de este acontecimiento fueron detenidamente cubiertos por los medios de prensa, como también las reacciones producidas por la entrega de la distinción. Creo que resulta entonces interesante analizar qué realidad subyace en ese gesto diplomático que en otras circunstancias hubiera sido sólo un acto protocolar.

La democracia es un concepto de organización del Estado y de su régimen de gobierno fundado en el reconocimiento de los derechos humanos, en la pluralidad de opciones y en la alternancia  en el ejercicio del gobierno de los distintos grupos mediante el ejercicio de la soberanía popular. Como todo sistema, está compuesto de ideas, valores y creencias que forman un todo que se expresa de disímiles maneras conforme las singularidades culturales de cada comunidad que lo adopta.

Pero cualquiera sea el modo en que se concrete, impone una manera de comportamiento en la vida social que exprese la efectiva vigencia de ese sistema. Para que haya democracia, no sólo hay que votar para elegir a los representantes y distribuir funciones entre diversos órganos de gobierno, sino que es indispensable que  gobernantes y gobernados se expresen en su vida cotidiana con modales democráticos. Y esta expresión no indica la homogeneidad de comportamientos sino que en la diversidad de modulaciones que puede tener la conducta humana en una determinada organización social, se ejerza la tolerancia y se respete el disenso.

Próxima a cumplir los treinta años de la recuperación del orden constitucional, Argentina exhibe un déficit notable en los modos de convivencia. Intolerancia, descalificación por opinión, desprecio por los que piensan diferente son hábitos reiterados y tolerados por el conjunto social. La permanencia de signos que obedecen al patrón de los ejércitos pueden advertirse en lenguaje y conducta.

Uruguay demostró, con la entrega de las llaves de Montevideo a la mandataria argentina, que cultiva las formas de trato democráticas pues, más allá de las diferencias y confrontaciones de intereses que han existido entre ambos países durante su mandato, honró su investidura y le dispensó el mismo trato que a otros mandatarios que han visitado la ciudad.

Este gesto diplomático es coherente con el comportamiento habitual de la sociedad uruguaya, que debate ideas y cosmovisiones en los escenarios previstos para esas luchas, pero que respeta al otro en los ámbitos de convivencia urbana.
 

*Profesor de Derecho Constitucional y Derechos Culturales.
Reside en Montevideo.



José Miguel Onaindia