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La era de la pospromesa

La asunción de Donald Trump está generando un amplio impacto en Estados Unidos en relación con dos cosas.

Saludo. Trump, su vice y sus esposas, tras jurar en el Capitolio.
Saludo. Trump, su vice y sus esposas, tras jurar en el Capitolio.

La asunción de Donald Trump está generando un amplio impacto en Estados Unidos en relación con dos cosas. Primero, en la confirmación de una división profunda de la sociedad norteamericana, una división que se ha ahondado a partir de la elección y que efectivamente en sus comportamientos el presidente no se ha cuidado en solucionar o mitigar, y éste es un punto importante para que tengamos en cuenta como punto de partida. Hoy en día, una expectativa en Washington importante en relación con el discurso de Donald Trump está conectada a este tema de la división de la sociedad. Trump había prometido en su discurso, o en alguna de sus declaraciones previas a estos días, hablar de la unidad, y sin embargo esto no estuvo presente. Es importante tener en cuenta lo que sucedió el día de la asunción del nuevo presidente de los Estados Unidos.

Por un lado, el nuevo presidente no hizo ninguna referencia a la unidad de una sociedad partida

Se dio un hecho inédito en la vida política de este país, que estuvo marcado por la ausencia de una gran cantidad de electores demócratas. Este boicot se dio principalmente en los representantes, es decir, en diputados. Esto marca una actitud que va a estar presente, una actitud de compulsión política que va a estar presente a lo largo de toda la administración Trump.

Pero otro de los temas que claramente sorprendieron en su discurso fue el desprecio de la clase política. Esto genera un enorme análisis en cuanto a lo que pudiera significar para el futuro del gobierno de Trump en referencia a su gobernabilidad. Trump habló desde Washington, que abarca tanto a demócratas como a republicanos, es decir, al partido que él supuestamente representa, y habló de ese establishment en forma despreciativa y depreciativa. Dijo que se termina la era en la que en Washington se respiraba un aire de bienestar y de riqueza mientras que en el resto del país la gente vivía en la pobreza. Eso va a cambiar, dijo Trump. “Y vamos a gobernar para la gente que nos votó”, señaló. Esto también es realmente novedoso en cuanto a lo que han sido los últimos discursos de los presidentes de los Estados Unidos, porque en general en ellos se han dirigido no a sus votantes sino a la ciudadanía. Esto es lo que no ocurrió en el discurso de Trump y realmente fue notable ver las caras de muchos de los legisladores que allí estaban, legisladores republicanos, es decir de su partido, que obviamente estaban igualmente abarcados por este mensaje crítico, despreciativo y depreciativo del establishment de Washington, que por supuesto es uno de los temas que han estado en la raíz del voto a favor de Trump.

Es decir, Trump desde este punto de vista se ha mostrado coherente. Ha dicho en principio: “No voy a dar un mensaje que contradiga ninguna de las cosas que mencioné en la campaña”. Desde ese punto de vista, cumplió. Lo que habrá que ver ahora es qué significa esto para la gobernabilidad de su administración.

Rebeldías. El otro tema que claramente impactó en esta asunción es la presencia de las protestas, algo que tampoco se había visto en décadas aquí. He estado en Estados Unidos en la asunción de cuatro presidentes y realmente es la primera vez que veo algo tan categórico, tan contundente, tan manifiesto, tan persistente y tan duro en cuanto a su crítica al nuevo presidente. Porque lo que aquí se ha manifestado no es una oposición al nuevo presidente, sino una actitud de resistencia a lo que representa Trump, y esto se va a ver reflejado en la marcha de las mujeres que se va a desarrollar hoy, sábado, no solamente en Washington sino en muchas ciudades importantes de los Estados Unidos.

La resistencia a Trump tiene un contenido muy fuerte y es una actitud de no aceptación del presidente como tal. Es un rechazo a lo que él significa; para los que están en la resistencia a Trump significa absolutamente algo opuesto a lo que es la forma de vida de los Estados Unidos. Por lo tanto, representa una amenaza a la libertad de expresión, a la diversidad de género, a la diversidad religiosa, a la diversidad racial y por supuesto a la historia de un Estados Unidos integrado con las distintas vertientes de poblaciones de pertenencia que hay a lo largo del país.

Obviamente, en el centro de esta problemática está la inmigración, y entre los inmigrantes el temor es realmente muy fuerte, no sólo entre los ilegales, también entre los legales, sobre todo los inmigrantes legales que provienen de Centroamérica, y allí hay, dentro de la comunidad mexicana, un enorme enojo y un enorme temor.

Por otro, en décadas no se habían visto las protestas que se registraron también ayer aquí en EE.UU.

Así que las primeras horas de Donald Trump han ahondado dos cosas: primero, la división del país, y segundo, la inquietud que su forma de entender su desarrollo y ejercicio del gobierno plantea de cara a lo que es primero la necesidad de encontrar soluciones a los problemas de los Estados Unidos, y segundo, obviamente, la satisfacción de las expectativas de la gente, que son muchas.

El mensaje de Trump tiene una mezcla de todo. Por momentos tiene partes de un mensaje de Ronald Reagan, por momentos tiene partes de lo que fueron algunos de los mensajes de Franklin Roosevelt.

Por lo tanto, en medio de tanta mezcla, la pregunta surge naturalmente: cómo hará Trump para cumplir con sus promesas, que están en la base de las ilusiones que tienen quienes lo votaron, que por supuesto están hartos de la transa que se vive en Washington y, obviamente, aspiran a una vida mejor que la que hoy tienen.


*Desde Estados Unidos.



Por hallarse de viaje, Jorge Fontevecchia volverá a su habitual columna mañana domingo.