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La era del boicot

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Salimos de la era del complot y entramos en la era del boicot. Boicoteo mis viajes a Jujuy por el encarcelamiento de Milagro Sala (no tenía pensado viajar a Jujuy, pero ahora lo hago activamente, como boicoteador). En cambio, no boicotearía ningún viaje a Córdoba porque, aunque los cordobeses hayan votado inmoderadamente en favor del actual gobierno, allí están mis raíces y debo confesar que el voto ferné (70-30) me resultó, en su momento, simpático. Boicoteo la entrega de los Oscar y por las mismas razones que el Sr. y la Sra. Smith han expuesto: basta de nominaciones al Oscar para rubias taradas que, más tarde o más temprano, enloquecen de terror y de bótox. Queremos actores y actrices coloreados en las ternas. Por eso, no voy a ver la entrega de este año (además, es probable que gane una estatuilla ese actor, cabeza de chupetín, Leonardo DiCaprio, cuya carrera vengo boicoteando hace mil años). Boicot a Jujuy, a DiCaprio y al racismo hollywoodense.

Decidí no boicotear la primera entrega de La leona, y anoche me instalé frente a la pantalla de Telefe. Es una ficción que atrasa cuarenta años: está “inspirada” en Norma Rae, salvo que esta protagonista (Nancy Dupláa), a quien sus compañeros de trabajo llaman “la leona” por su decisión (aparentemente) para defender sus derechos laborales, está mucho más “cirugeada” que su antecesora y los diálogos dejan, como siempre, bastante que desear. Ella, en un momento, dice: “Nos deben el aguinaldo y las vacaciones. No pueden, además, quitarnos la fiesta de carnaval”.

El padre del dueño de la empresa para la cual la leona trabaja solía abrir el patio de la empresa para que los niños de la vecindad “se caguen a bombazos” (sic de Dupláa). Ahora, el empresario crudelísimo (interpretado por Miguel Angel Solá, quien le aporta al personaje un grado de antipatía mucho mayor que el necesario) ha decidido interrumpir esa entrañable tradición (que no suponíamos viva). Los tiempos cambian. Y para demostrarlo, ha contratado a un nuevo CEO de Recursos Humanos, interpretado por un maquilladísimo Pablo Echarri, con quien se reúne para reírse con risa de Sr. Burns de los empleados. Mha, ha, ha, ha, ha. Por fortuna el hijo del dueño acaba de volver de Chile y tiene buen corazón (se lo ha entregado, en la infancia, a la leona). Cambié de canal,  la tira es espantosa: mal guionada, con diálogos de una pobreza tan alarmante como las ideas de los hijos del dentista de San Andrés de Giles. Véase la cita previa: podrá un empleador atrasarse en el pago del aguinaldo, pero no en el de las vacaciones, que se calculan proporcionalmente y no se pagan todas al mismo tiempo, sino cuando el empleado se las toma.

No boicoteo La leona, aunque dejo de ver ese teleteatro porque es irremontable. Pero prometo seguir boicoteando. Ya daré mi lista completa.



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