COLUMNISTAS REFUTANDO MITOS HISTORICOS

La espada que no le donó Rosas a Solano López

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E n todos los tiempos existió y existe por distintos motivos el reemplazo de la historia por el mito. Las razones suelen ser, entre otras, descuido, ignorancia, polítiquería o mala fe. Como nadie se toma el trabajo de ir a las fuentes o revisar nada, se repiten lugares comunes que se instalan en el sentido común colectivo de una comunidad. La espada que supuestamente le donó Juan Manuel de Rosas a Francisco Solano López sería un buen ejemplo de lo dicho, repetido hoy hasta por la presidenta de la Nación en sus habituales charlas televisivas.
 ¿De dónde nace el error? Hete aquí que el 17 de febrero de 1869 Rosas le escribió una larga carta a su amigo Rojas y Patrón, en la que le manifiestaba su deseo de legar su sable a Francisco Solano López. De este texto se toman todos los historiadores revisionistas para afirmar que Rosas le donó el sable al presidente paraguayo. Y aquí –por falta de lectura exhaustiva y mala fe– se empieza a sostener el error. En primer lugar, suena raro que Rosas done su sable a López, puesto que los paraguayos siempre se sumaron a cualquier coalición en contra del Restaurador. No es que quisiera a Mitre, pero López no era santo de su devoción.  
Sin embargo, la primera confusión partió de José María Rosa, quien en su libro La guerra del Paraguay y las montoneras argentinas confundió dicho sable de Rosas con el que el general José de San Martín le había donado previamente. En su testamento Rosas aclara que se trata del sable que recibió de la Legislatura porteña por la Campaña al Desierto.
¿Y la donación de este otro sable? Y aquí viene el tema. El párrafo aislado dice lo que el revisionismo sesentista afirma. Sin embargo, la famosa carta habla de cualquier tema y en un impromptu Rosas lanza esa frase de la supuesta donación. Su amigo Rojas y Patrón le contesta el 23 de marzo de 1869 explicándole que todos sus papeles y su espada deberían estar en un Museo Argentino. Finalmente el mismo Rosas zanja la cuestión indicando que éstos (papeles, libros, espada y demás objetos) serán entregados, una vez fallecido, a él (Rojas y Patrón) y su esposa. Y esto nunca se modificó.  
 En conclusión: de una frase aislada y que finalmente no pasó de un impromptu, al parecer sarcástico, se tomaron muchos historiadores o pseudohistoriadores sesentistas revisionistas argentinos para decir que Juan Manuel de Rosas le donó su espada a Francisco Solano López. El neo-revisionismo macaneador actual, que es más improvisado y menos consistente que el anterior, lo repite como loro y se lo hace decir a una dirigencia política bastante huérfana de conocimiento histórico. En definitiva, estamos peor que en los 60. Se intenta reescribir la historia citando errores y violando una de las leyes de oro del revisionismo: el análisis crítico del pasado evitando lo que por muchos años se llamó “la historia oficial”.   

*Profesor de Historia e historiador.



Luis Fernando Beraza