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La etiqueta en los ascensores

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El libro The Amy Vanderbilt Complete Book of Etiquette es considerado la Biblia de la urbanidad moderna. Fue escrito por Amy Vanderbilt, una señora de familia rica y educación internacional, y publicado por primera vez en 1952. El volumen tiene 786 páginas y fue actualizado, revisado y corregido por Nancy Tuckerman y Nancy Dunnan, señoras ambas absolutamente confiables: Nancy Tuckerman fue la jefa de personal en la Casa Blanca en los tiempos del máximo glamour norteamericano, los de Jacqueline Kennedy; Nancy Dunnan es una conocida periodista.
No sabemos cómo era la primera edición del Complete Book of Etiquette; esta segunda, debido a la cantidad de páginas y las consecuentes precisiones, es aterrorizadora: una página y media sólo para la taxi etiquette, que concluye con una sentencia paralizadora: nunca arrojar basura debajo del asiento. Tener entre las manos el Complete Book of Etiquette da la sensación de que la educación es un tormento, no una solución. Las señoras no han dejado nada librado al azar. Y nada es simple. Tener down-to eart (los pies en la tierra), como explican en las primeras páginas, es, siguiendo las reglas del volumen, un hecho serio y carente de la más mínima alegría. En compensación, si uno tiene el coraje y la constancia para leer los ocho capítulos, divididos a su vez en innumerables voces, terminará tan almidonado como el mayordomo de un gran castillo inglés.
La señora Tuckerman y la señora Dunnan actualizaron el libro de la señora Vanderbilt, muerta en 1974, considerando las situaciones que a ésta última habían pasado por alto: al patinar sobre hielo no basta con no caerse, sino que hay que hacerlo con las vestimentas apropiadas. Ni siquiera se han olvidado del ascensor: antes de entrar hay que asegurarse que ningún rostro que compartirá con nosotros el viaje nos inspire desconfianza. Los viajes en ascensor en los rascacielos norteamericanos deben ser muy largos y problemáticos, dado que las señoras –o probablemente antes que ellas Madame Vanderbilt– dan los consejos que daría el comisario Maigret a una adolescente de provincia que por primera vez piensa poner pie en una gran ciudad.
Son claramente un aggiornamento las voces como “sexo seguro” y el comportamiento que deben observar los hijos en aquella delicadísima situación que es la primera cita de mamá con un nuevo pretendiente. Lo cual está muy bien, dado que se trata de un personaje clave para su futura tranquilidad. Le han dedicado una increíble cantidad de páginas al matrimonio y a su perfecta preparación, pero seguramente muchas mujeres se divorciarán antes de haber conseguido leerlas todas. En la página 168 se rompe enérgicamente con la tradición: en la mesa se sirve primero a la señora que se encuentra a la derecha del dueño de casa, y no al dueño o a la dueña de casa, como quería la antigua tradición de los pioneros. También en Estados Unidos usar escarbadientes es signo de mala educación.
Por suerte para nosotros, para vivir educadamente hace falta menos gracia y, sobre todo, muchas, pero muchas menos páginas

Guillermo Piro