COLUMNISTAS PAPA FRANCISCO

La gran esperanza

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Estamos contentos. Porque ha sido elegido papa un sacerdote amado por los habitantes de las villas miseria de la ciudad, por los cartoneros de la ciudad y por los humildes de las parroquias barriales de la ciudad. Nos parece que no hay mejor presentación. Y como tal lo ha recibido la cristiandad, e incluso amplios sectores de un mundo que está en una profunda crisis económica y de valores.

Algunos grupos lo han objetado con una antigua crítica: su predicación, sus señales de pobreza, serían indicio de una religiosidad conservadora que adormece la rebeldía, que es un “opio del pueblo”. Pero después del Concilio Vaticano II, de la Teología de la Liberación, de la actuación de personajes como Camilo Torres, Angelelli, Hesayne, Mugica, Marta Pelloni, etc., esa suposición es anacrónica. Fuera de lugar.

Se abre una esperanza en cuanto a llevar la presencia de los pobres, de los desheredados, de los “condenados de la tierra”, al primer plano de la consideración religiosa, filosófica y política.

Y este camino sin duda es una apertura, y no un cierre, porque una vez que ese planteo queda como primera prioridad las consecuencias son muy fuertes. Consecuencias teológicas desde el cristianismo de los orígenes, filosóficas –en cuanto al ser latinoamericano como un ser dominado que está en espera– y políticas con un profundo cuestionamiento (¿se trata tan sólo de “planes Trabajar”?).

Desde Francisco hay un replanteo que podrá crecer positivamente o ser adormecido por la rutina y la reacción. Pero alertar al pueblo, reiterarle que es el centro del cristianismo y que merece la justicia de los justos en la tierra es una tarea en la que –desde ángulos y misiones diversas– estamos hace muchos años. Por eso celebramos al papa Francisco, y nos enorgullece que sea un criollo, matero y futbolero, latinoamericano en su presencia en las celebraciones de los hermanos paraguayos y bolivianos.


*Ensayista y viejo militante peronista.



Ángel Nuñez