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La gran tituladora

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Más allá de etiquetar las notas de prensa desde el pequeño espacio que ocupan, la función de los títulos de los diarios es doble. Consiste en brindar información que anticipe lo que se dice en la nota y, al mismo tiempo, atraer la atención del lector –tironeado a la vez por múltiples estímulos, desde el WhatsApp hasta el Candy Crush– para que la lea. O sea, en generar expectativas sobre el contenido y excitar la curiosidad de quien lee para “promocionar” la nota. Todo editor periodístico sabe del esfuerzo y el profesionalismo que implica elaborarlos. Cristina Fernández, en poco más de sesenta minutos, puso fin a un mutismo de ciento veinte días y procuró títulos para dos semanas.

Sobre el estrado que le habían armado en la puerta de los tribunales de Comodoro Py y en sintonía con sus inolvidables cadenas nacionales, nuestra ex presidenta se ocupó de brindar –como en los buenos títulos– información novedosa. Que Hipólito Yrigoyen fue destituido y encarcelado. Que Perón fue proscripto y prohibido. Que la dictadura del ’76 secuestró a dirigentes y empresarios y dejó un saldo de compañeros desaparecidos. Que ha habido, en estos últimos cuatro meses, tarifazos impresionantes y aumentos extraordinarios. Que nuestro presidente Mauricio Macri ha firmado muchos decretos. Que los Panamá Papers lo comprometen.

No fue ése, sin embargo, el costado más interesante de su alocución. El aspecto que se llevó los honores, hay que decirlo, fue la destreza para atraer la atención con sus frases. Tanto es así que opacó el discurso de siete minutos de nuestro presidente en Salta y lo relegó a una pequeña porción de la pantalla partida en algunos canales de televisión que transmitían el discurso de Fernández. Y es que ella, al hablar de ella, moldeó los mejores títulos. “Los que cambian la historia no son los dirigentes, son los pueblos. Hay dirigentes que se hacen cargo de esos cambios”: es decir, que hay dirigentes como ella. “Se la pasaron buscando la ruta del dinero K y, buscándola, se encontraron con la ruta del dinero M”: o sea que buscaban la ruta inexistente de su dinero, mientras existe una ruta del dinero ajena. “La patria es el otro ha pasado a ser la patria es del otro”: que la que fue su frase-eslogan preferida la han cambiado con la ideología gobernante. “No necesito fueros, tengo los fueros que me dio el pueblo”: que tiene fueros que no son fueros, sino la protección que le brindan los militantes. “La única organización de la que formé parte fue de Poder Ejecutivo Nacional”: que sólo participó de su propia administración, una presidencia de ocho años, definitivamente lícita (pero que ya terminó).

Entre banderas, paraguas y camperas con capucha, ante una multitud que llegó incentivada por el cierre de alguna facultad o alguna intendencia, pero también por decisión genuina y sin incentivos, Cristina terminó componiendo el título más sugerente de la fecha: “No esperen salvadores ni mesías, tienen que conformar un gran frente ciudadano”. En efecto, y un poco al modo de lo que ya había hecho el 9 de diciembre en la Plaza de Mayo, instó a sus seguidores –o tal vez a su tropa, o tal vez a los descarriados, o tal vez a los que se fueron– a unirse, a exigirle algo al Congreso, a reclamar.

Por primera vez desde que dejó la Casa Rosada –todavía presidenta por entonces, antes de la asunción del ingeniero Macri–, la abogada Cristina Fernández de Kirchner se dirigió a la ciudadanía con la mirada puesta en los posteos de los “medios electrónicos” (como ella los llamó) y en los titulares de las primeras planas de los diarios argentinos del día siguiente. En su discurso, mucho dijo y mucho etiquetó. Queda, con todo, flotando una duda: ¿cómo habrían sido los títulos de lo que otros le imputan y ella no quiso ni nombrar?

*Doctora en Lingüística y directora de la Maestría en Periodismo de la Universidad de San Andrés.



Silvia Ramírez Gelbes