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La idea releccionista anticipada de Macri

Macri, en su llegada a Estados Unidos.
Macri, en su llegada a Estados Unidos. Foto:Prensa Presidencia

Días atrás, los diarios publicaron un fragmento de una larga entrevista que la agencia ANSA le realizó al presidente Mauricio Macri. Ante la repregunta insistente del entrevistador “¿o sea no descarta la reeleción?”, el Presidente respondió: “Para nada descarto”. Ese simple comentario, en el contexto de una entrevista que trató sobre varios asuntos, fue el título de varios artículos (incluido este) acerca del asunto. Al respecto podemos ensayar varias hipótesis.

En primer lugar, consideremos que todavía resta atravesar 3/4 de su mandato y una elección de medio término. En los primeros meses, el presidente gozó de las expectativas favorables que suelen acompañar las “lunas de miel” con la opinión pública de todos los presidentes recién electos. Al respecto, en nuestro tracking realizado en conjunto entre Ipsos y la Universidad de San Andrés, en el mes de enero, a un mes de haber asumido, la aprobación de su gestión gozaba de un 73% de opinión favorable, para caer en marzo al 63% y estabilizarse desde hace unos meses entre el 48% y el 51%. ¿Qué indican estos números? La gestión erosiona al gobierno hasta que éste se estabiliza en algún lugar. La estabilización depende -a grosso modo, y apoyándome en Maquiavelo- de la virtud del Príncipe (por ejemplo, las cualidades y habilidades del equipo de gobierno en este caso) y de la Diosa Fortuna (por ejemplo, el contexto regional y el internacional, la demanda externa, la fortaleza de los rivales y un conjunto de factores que no están bajo el control del gobernante). La combinación de estos elementos impacta en las percepciones de la opinión pública. Un indicador de ello es la aprobación de la gestión, y considerando que recién vamos por el primer cuarto de su mandato, hay pensar en sortear los tres restantes produciendo algún impacto positivo en la opinión pública que le permita recuperar la aprobación del electorado. Algunos estudios realizados por prestigiosos colegas como Clifford Young, de Ipsos Public Affairs USA, han demostrado que una aprobación del 55% al finalizar el mandato garantizan la reelección del incumbent, pero no así la de un “candidato oficial” que no sea el presidente en ejercicio. Si esto es factible, para que el sueño reeleccionista sea pueda concretar habrá que mejorar los actuales números en la opinión pública.

En segundo lugar, está el escollo de la elección de medio término. Estas elecciones fungen como una evaluación de la gestión y no como una elección entre alternativas ejecutivas. Todos los estudios en ciencia política muestran que, con márgenes variados dependiendo de los efectos locales y coyunturales, las elecciones de medio términos presentan una mayor fragmentación del voto y una reducción del caudal de apoyo electoral al partido del gobierno. Por otra parte, que una proporción importante de la aprobación de la gestión se basa en las percepciones económicas de la población (el llamado “voto económico”). Considerando nuestros datos, encontramos una serie de indicadores que parecieran apuntar en esa dirección. En la actualidad un 73% considera que la situación económica es mala y solo un 23% la considera buena, por otra parte un 41% se considera insatisfecho acerca de cómo marchan las cosas en el país, mientras que un 26% se considera satisfecho. Con estos indicadores, podemos decir que el presidente ha logrado fidelizar el respaldo de un cuarto del electorado que lo aprueba y está satisfecho y en su mayor proporción votó por él en las PASO de agosto de 2015, pero que aún no ha logrado satisfacer a ese otro cuarto que se inclinó por él en la segunda vuelta permitiéndole alcanzar el 51% y moneda en noviembre de 2015.  Desde luego, la otra mitad de la población aún es refractaria a las iniciativas del presidente aunque, hay que señalar que ésta potencial “oposición electoral” se encuentra aún sin un liderazgo definido. En este contexto, el desafío del año entrante será ir por parte del 25% que se sumó en la segunda vuelta. Para ello tendrá que lidiar con sus aliados de la UCR, Coalición Cívica, que disputaran a ese cuarto y con el FR su actual competidor en ese segmento de la opinión pública. Y sabemos, un mal desempeño en una elección de medio término con una estructura política endeble puede dar lugar a una erosión continua en las percepciones de la población que pueden complicar las chances de 2019, por decir lo menos.

En tercer lugar, y dados los indicadores a nivel de opinión pública que circulan, es posible que el diagnóstico entre diferentes stakeholders nacionales e internacionales consideren que hay incertidumbre respecto de la continuidad de largo plazo de la actual gestión. Ello podría condicionar, en cierta medida, la toma de decisiones en materia de inversión y producción ante lo cual, quizás, no habría que descartar que adicionalmente a las potenciales señales económicas que pudiera la actual gestión estar enviando también sean necesarias señales políticas más claras y contundentes acerca de las pretensiones de la actual gestión, esto es: señales que indiquen que hay un proyecto político de largo plazo, o al menos de mediano, y no sólo un ensayo de corto plazo. De este modo, si bien es muy prematuro y quizás poco realista, hablar explícitamente de una potencial relección podría ser a la vez una señal en ese sentido.


*Director Ipsos Public Affairs-Mora y Araujo, Profesor de la Universidad de San Andrés.