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La ilusión del cambio de ciclo es brasileña

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Una coyuntura adversa en Brasil y la expectativa de cambio de ciclo en Argentina podrían generar un renacimiento del interés inversor de las empresas brasileñas en nuestro país. Sin embargo, esto no se materializaría inmediatamente. El mal estado de la relación bilateral y la desconfianza que ha instalado la política económica local de los últimos años entre los empresarios de Brasil harán que prime la cautela, demorando cualquier decisión a la espera de señales sólidas de cambio de parte del próximo gobierno local.
Brasil está atravesando un año de desafíos. Tras apenas siete meses de reasumir Dilma Rousseff, se enfrenta a un panorama interno complicado, tanto en términos políticos como económicos. Las denuncias de corrupción de Petrobras afectaron seriamente a la dirigencia política, generando volatilidad e incertidumbre en un proceso de ajuste que no cuenta con demasiada aceptación de algunos actores económicos y que hasta es resistido por los aliados de la presidenta. En este escenario, el país vecino mostrará cifras récord en 2015, pero en términos negativos: mientras que la economía marcará su peor performance en más de veinte años, Dilma sufre los mayores niveles de desaprobación de las últimas dos décadas, con un rechazo del 65% de la población, según cifras de Datafolha.
Y el panorama para 2016 tampoco se plantea demasiado alentador. Aun cuando el cambio en la política económica impulsada por el gobierno de Dilma debería recomponer las bases del crecimiento en el mediano plazo, las dificultades planteadas desde el frente político están diluyendo las medidas, como lo prueba la reciente flexibilización de la meta de superávit fiscal primario impuesta hace apenas unos meses. Dado este panorama, las expectativas empresarias ya adelantan un estancamiento económico para 2016 y las decisiones comienzan a descontar que habrá que esperar un año más para que el crecimiento vuelva a su potencial.
Mientras tanto, la Argentina podría volver a posicionarse el año próximo como una buena plaza de negocios a nivel regional. Se prevé que el nuevo gobierno que asuma en diciembre implementará un cambio en la política económica orientado a una corrección de los principales desbalances, lo que traerá aparejado una mejora en los niveles de confianza, reposicionando a nuestro país en el radar de los capitales externos. De confirmarse, este escenario configurará el puntapié para un nuevo ciclo de expansión local apalancado por la inversión. Es que las potencialidades son muchas, dado que Argentina posee la ventaja de contar con abundantes recursos naturales, algunos todavía con grandes perspectivas de desarrollo como el agro, la energía y la minería. Lo que también significará encadenamientos relevantes sobre ramas industriales de mayor valor agregado.
Así, la coyuntura actual de ambos países podría configurar el marco propicio para que renazca el interés inversor de Brasil en Argentina. Sin embargo, la llegada de inversiones de magnitud se haría esperar. Aun cuando nuestro país sigue siendo un mercado relevante para la producción vecina, la política económica y exterior local de los últimos años generó un progresivo desgaste sobre las empresas brasileñas, induciéndolas a ampliar sus estrategias comerciales más allá del Mercosur, con creciente foco en la Alianza del Pacífico.
La caída en el comercio bilateral es prueba de ello. El año pasado, el comercio entre ambos países se contrajo 21%, y no ha quebrado esta tendencia adversa en lo que va de 2015. Mientras que las inversiones desde el país vecino han perdido fuerza en los pasados años hasta alcanzar niveles de insignificancia. De hecho, en 2014 Argentina representó apenas 0,7% de las inversiones reales brasileñas en el mundo, con un ingreso de capitales de US$ 162 millones, marcando su valor más bajo en una década.
Para revertir esta situación, el próximo gobierno argentino deberá dar muestras sólidas de que llevará a cabo las correcciones necesarias para reinstalar un proceso de crecimiento con reglas estables. De lo contrario, los empresarios brasileños continuarán mirando de cerca a nuestro país, pero persistirá la desconfianza.

*Director de ABECEB y ex secretario de Industria y Minería de la Nación.



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