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La inédita confesión de un coimero

Socio de las grandes empresas de transporte automotor y ferroviario. Llegó sin nada a Buenos y terminó usando un avión y un yate. 

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Foto:Dyn

Ricardo Jaime admitió lo que se sabía: es un coimero. En 2003, cuando llegó a ocupar la Secretaría de Transporte de la mano de Néstor Kirchner, no tenía dónde vivir en Buenos Aires. Los primeros días durmió en un hotel sindical. A los 37 días de haber asumido se mudó a un departamento cuyo alquiler era pagado por Néstor Otero, el dueño de la Terminal de Omnibus de Retiro.

La primera coima comprobada se la empezaron a pagar a menos de cuarenta días de ocupar su cargo. Lo compraron enseguida. Admitió su responsabilidad en la Justicia por ese caso y por el de los aviones privados que le pagaba Claudio Cirigliano, dueño de Trenes de Buenos Aires (TBA), la concesionaria del Sarmiento de la tragedia de Once.

Fue Jaime un socio más de las grandes empresas de transporte automotor y ferroviario. Manejó a discreción millones en subsidios y también les cedió a los privados (sus favorecedores) el poder de otorgar las obras públicas del área ferroviaria. Y por supuesto, las obras se las entregaban a ellos mismos con el aval y el (sobre) precio acordados por Jaime en nombre de los argentinos.

Llegó sin nada a Buenos Aires. Pero terminó usando un avión de cuatro millones de dólares, un yate de un millón de dólares, una casa en un barrio cerrado de San Isidro, y tuvo un hotel en Carlos Paz. Entre los bienes de su círculo familiar y de negocios se cuentan casas, autos, lanchas y una incalculable cantidad de dinero en efectivo que cobró como coima. Todos los bienes a nombre de testaferros porque lo único que Jaime tiene a su nombre son sus hijas. En un allanamiento en su departamento en el año 2010 la Gendarmería halló fajos de billetes con el sello del año 2003. ¿Quién guarda dinero en una caja fuerte durante siete años? Sólo aquellos que van acumulando sin control fajo tras fajo. Una tarde en el Aeroparque Jaime se negó a que le revisaran su bolso de mano antes de subir a un avión hacia Córdoba. Como se hizo el guapo y amenazó con echar a los que intentaban controlarlo, el agente de la Policía de Seguridad Aeroportuaria revisó el bolso y halló fajos de dólares y pesos.

Jaime fue por orden de Néstor Kirchner el socio de los empresarios del transporte. Cumplía con el manual del recaudador para “la política” pero además se pasó de la raya cuando recaudó por demás para sí mismo. Y lo descubrieron. Uno de los pocos corruptos que quedó al descubierto. Y que admitió ser coimero. Y que está a punto de ser condenado por ello. Algo muy extraño en la Argentina.

 

*Periodista de Infobae. Autor de El ReKaudador, Ricardo Jaime, la cara de la corrupción en la era kirchnerista.



Omar Lavieri