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La inestabilidad electoral

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Elección tras elección, los votantes vienen dando sorpresas a lo largo y a lo ancho del mundo, y especialmente en América Latina. Esta vez es Brasil, donde la sucesión presidencial tiene en vilo a toda la región.

Las tendencias electorales parecen ir en una dirección, y cuando se vota y se cuentan los votos los resultados producen sorpresas, muchas veces mayúsculas.

Si las estimaciones preelectorales son ciertas es que los votantes cambian masivamente de preferencias en poco tiempo.

Si las estimaciones fuesen equivocadas, entonces el problema residiría en las encuestas; pero es improbable que las encuestas estén sistemáticamente equivocadas, y sería casi inexplicable que distintas encuestas se equivocaran todas al mismo tiempo de la misma manera. En Brasil, ahora mismo, a dos semanas del crucial ballottage, distintas encuestas de firmas prestigiosas coinciden en estimar una sustancial paridad entre Dilma Rousseff y Aécio Neves. Hace pocas semanas, Aécio corría tercero y Marina Silva, la “tapada” de la primera vuelta que creció vertiginosamente a partir de la inesperada muerte del candidato que ella secundaba, Eduardo Campos, parecía encaminada a disputar palmo a palmo la presidencia a Dilma. Nadie en Brasil, ni el propio Aécio, cuestionaba esas estimaciones. Parece indudable que los votantes se movieron en oleadas gigantescas en una dirección para, pocas semanas después, moverse en una opuesta. El voto se hace “volátil”.

La volatilidad del voto no sólo abre nuevos y enormes interrogantes ante cada elección. Además, pone en vilo a muchas de las ideas más difundidas acerca de los motivos del voto y las maneras de influir en las decisiones electorales. La idea que vincula las decisiones de voto con las ideologías políticas, con la sustancia programática de las propuestas de los candidatos o con intereses muy generales –que es la orientación teórica más difundida hasta ahora en todo el mundo cuando se busca entender los procesos políticos–, queda descolocada ante el fenómeno de la extrema volatilidad de estos años. Otra idea muy difundida, la que atribuye las tendencias electorales a la influencia de los medios de prensa, tampoco resiste estas realidades volátiles. En pocos países como en Brasil está difundida la creencia de que los medios de prensa –y en particular el grupo más fuerte, la Rede Globo– son los grandes árbitros electorales. Ahora no hay manera de encajar esa idea en el súbito crecimiento de Marina Silva pocas semanas antes de la primera vuelta y su estrepitosa caída en la elección del 5 de octubre, y el impresionante crecimiento de Aécio Neves en pocos días, para estar ahora en posición ganadora a dos semanas de la segunda vuelta. Ni la Rede Globo ni ningún medio de prensa pudo jamás inducir tamaños cambios en tan poco tiempo. Menos aun las ideologías. Las raíces hay que buscarlas en los procesos que mueven a la opinión pública.
Qué significa este voto volátil no es nada claro, desde luego. No faltan quienes lo atribuyen a la penetración de la lógica de los mercados de consumo en el ámbito de la política; si la gente piensa en el voto como piensa en comprar un dentífrico, la política se torna “líquida”, inasible, esencialmente inestable. Soy escéptico.

Hay quienes atribuyen el voto inestable a desinterés o superficialidad de los votantes, lo que los llevaría a votar erráticamente.

Más bien pienso que los votantes están desinteresados de las campañas electorales, de los temas presentados bajo el prisma del discurso político habitual; están buscando algo que ese discurso político habitual no capta; y puesto que las campañas tienden a seguir todas un formato más o menos constante, eso que muchos votantes buscan tienen que descubrirlo en las entrelíneas, en gestos y referencias muchas veces menores. Esto fue muy bien analizado por Jaime Duran Barba en su último artículo sobre Marina Silva de hace una semana (PERFIL, 4 de octubre de 2014). Es posible que el debate político deba cambiar profundamente sus ejes de significados. Y entonces podremos constatar si hay nuevas corrientes políticas estables o si votar termina siendo, establemente, algo tan efímero como elegir un dentífrico.

*Sociólogo.



mmorayaraujo