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La inflación real y la inflación mental

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La fiebre del dólar desatada en enero parece controlada en febrero. Pero aunque los mercados hoy se muestren calmos, subsiste un interrogante sobre la inflación: ¿será el Gobierno capaz de controlarla?

Recientemente, el economista Martín Tetaz publicó Psychonomics, libro cuya tesis sostiene que la economía está en la mente de las personas. La tesis es formulada en el marco de la economía conductual, disciplina que enfatiza la dimensión psicológica para explicar el comportamiento económico.

Para comprender su sentido resulta útil advertir una dualidad presente en los términos y categorías económicas. En efecto, junto a palabras como demanda, emisión e inflación, referidas a sucesos objetivos, aparecen otras como confianza, miedo e incertidumbre, que señalan aspectos mentales y emocionales de quienes toman decisiones económicas.

Conforme a lo anterior, la inflación resultaría un fenómeno que arranca con la percepción de ciertos sucesos económicos, pero que continúa instalándose en la mente de quienes toman decisiones cotidianas. La inflación mental supone un circuito autosostenido y paradojal –similar a la profecía autocumplida– donde la intención de protegerse de un mal termina agravándolo. Así, la inflación mental encarna la lógica de la adicción, en la cual resulta necesario aumentar la dosis de algo para lograr el mismo resultado esperado.

Volviendo al libro de Tetaz, allí el autor argumenta que los gobiernos pueden aprovechar la psicología en el diseño de políticas públicas.

En consonancia, preguntarse sobre la capacidad del Gobierno para controlar la inflación supone interrogarse sobre su comprensión de las leyes psicológicas que determinan las acciones ciudadanas y sobre su inteligencia para encauzarlas favorablemente.

Su actitud histórica al respecto deja mal parado al Gobierno. Su recurrente negación, minimización y relativización del fenómeno ha contribuido a desencadenar los mecanismos de la inflación mental. Aunque el reciente sinceramiento y aceptación parecen indicar que el Gobierno transitaría por el rumbo adecuado, la elusiva referencia al tema en el extenso de discurso de la Presidente efectuado ayer no resulta auspiciosa.

El desafío del Gobierno en materia de inflación radica en demostrar a la ciudadanía que es capaz de aplicar la inteligencia necesaria para revertir el fenómeno. Si los índices de precios se estabilizan, la voraz mente inflacionaria quedará inactiva. En cambio, si se vuelve a fracasar, sobrevendrán tiempos sombríos para la economía.

*Director de González Valladares Consultores.



Federico González