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La intimidad de Fayt

Por Nelson Castro | El juez que desvela al Gobierno madruga mucho, hace una caminata diaria en la cinta y ve expedientes en su casa.

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Foto:Dibujo: Pablo Temes

La feroz ofensiva que el Gobierno lleva adelante contra el ministro de la Corte Suprema Carlos Santiago Fayt tiene dos propósitos: el primero, sacarse de encima a un juez cuya independencia enfurece al kirchnerismo y el segundo, dar un paso en pos de la parálisis del cuerpo. La finalidad última de estos dos objetivos es lograr la protección judicial que la Presidenta, su familia y sus acólitos necesitan no sólo para el presente sino primordialmente para el tiempo que se iniciará el día después del próximo 10 de diciembre.

Ante la falta de cualquier otra excusa para atacarlo, el eje de la embestida contra Fayt pasa por sembrar dudas sobre el estado de su salud mental. Esta ofensiva comenzó en diciembre pasado. En ese momento, el diputado nacional Carlos Raimundi le pidió a la entonces presidenta de la Comisión de Juicio Político de la Cámara baja, diputada Adela Segarra, que se evaluaran las condiciones para someter al ministro a juicio político a causa de su estado psicofísico. Sumado a ello, le solicitó que se lo investigara por estar casado con Margarita Escribano, a quien supuso pariente de José Claudio Escribano, directivo del diario La Nación. La motivación de esa acusación era el supuesto “voto en consonancia con la Sociedad Anónima La Nación”, propietaria del diario, por parte del ministro de la Corte. Hubo que aclararle entonces al desinformado diputado que la esposa de Fayt no tiene ningún parentesco con Escribano.

Detengámonos una vez más sobre el delicado y crucial tema de la salud de los hombres y las mujeres del poder. Como lo hemos afirmado en esta columna, la salud de los funcionarios de los más altos niveles del poder constituye una cuestión de Estado y, por lo tanto, es de interés público. Ese interés se hace más relevante cuanto mayor es la responsabilidad y el poder de ese funcionario. Por ello, el presidente, los legisladores, los gobernadores, los jueces deberían atravesar exámenes psicofísicos a través de los cuales se evaluara su real estado, del cual dependen muchas de sus conductas y decisiones.

¿Cómo es la vida del doctor Fayt hoy en día? El ministro de la Corte está atravesando un cuadro de faringolaringitis que afecta su voz. Hace ya muchos años fue operado de un nódulo de la garganta en el centro médico de la Fundación Aráoz. Siempre fue muy madrugador. Se despierta temprano, alrededor de la cinco de la mañana. Lo primero que hace es encender la radio. A las cinco y media ya está en su escritorio escuchando los programas de noticias y disponiendo sus papeles para comenzar la tarea del día. Fayt es un hombre sumamente ordenado y dueño de una escritura caligráfica que, por lo que se aprecia a través de su firma, se mantiene.

Trabaja durante toda la mañana con los expedientes que le traen sus colaboradores desde el Palacio de los Tribunales. Almuerza temprano y en forma frugal. Duerme la siesta y cerca de las cuatro de la tarde vuelve a su escritorio para continuar su trabajo. Siempre fue un hombre de carácter firme y poseedor de un muy buen humor. Nada de eso ha variado. Es muy consciente de lo que representa su edad, por lo que cuida mucho de su salud. Siempre fue una persona muy interesada por todo. Aprendió computación a los 87 años y es un entusiasta lector de temas científicos. Los temas relacionados con las neurociencias le son de particular interés así como también mucho de lo referente a la nanotecnología. Su memoria está intacta. Su recuerdo de hechos y fechas es preciso. A pesar de que su físico le impone algunas limitaciones, camina entre 10 y 15 minutos por día en una cinta que tiene en su casa.

La Corte Suprema es un cuerpo colegiado en el que todos sus integrantes tienen información acerca de lo que sucede con cada uno de ellos. ¿Podría la Corte, en uso de sus facultades y responsabilidades, tolerar, ignorar y/o mantener en calidad de secreto un cuadro de deterioro físico o mental que afectara severamente a uno de sus miembros? De ocurrir, sería ése un acto de encubrimiento que dejaría a quienes así actuaran en una posición de extrema vulnerabilidad ante un gobierno que, como éste, busca con denuedo pulverizar a este tribunal, erigido en la barrera que está poniendo freno a los intentos de gobernar con la suma del poder público con el que sueña la Presidenta.

A las cinco y media ya está en su escritorio escuchando los programas de noticias.

¿Es la edad un limitante para permitir que un juez pueda seguir ejerciendo su cargo? La respuesta es definitivamente no, como tampoco lo es para que un político pueda continuar con su carrera. Como se ilustró en la edición de ayer de PERFIL, hay otros casos de jueces y políticos que con 80 y 90 años se desempeñan en diferentes funciones. No se ha escuchado que el Gobierno haya intentado descalificar a esas personas por el solo hecho de sus edades. El único límite para el desempeño de esas tareas es la capacidad intelectual de la persona. Y desde ese punto de vista, Fayt está bien. Para el kirchnerismo, hablar de la salud de la Presidenta es destituyente, mientras que hablar de la salud de Fayt es patriótico.

La forma como el gobierno viene atacando al juez Fayt parece extraída de House of Cards, verdadero vademécum de la amoralidad y el cinismo en el que bien podrían sentirse plenamente identificados tanto la Presidenta como varios de los funcionarios de su gobierno.

Paradojalmente, el kirchnerismo, embarcado en esta cruzada contra Fayt, acaba de desestimar los pedidos de juicio político contra los jueces federales Norberto Oyarbide y Daniel Rafecas. Oyarbide fue el magistrado que cerró en forma exprés la causa por supuesto enriquecimiento ilícito de los Kirchner y Rafecas fue quien, con igual premura, desestimó sin dar pie a investigación alguna la denuncia de fallecido fiscal Alberto Nisman, que tanto molestó y enfureció a Cristina Fernández de Kirchner. ¿Queda alguna duda de que para la Presidenta y sus acólitos los únicos jueces buenos son los que fallan a su favor y le aseguran impunidad?

Producción periodística: Guido Baistrocchi.



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