COLUMNISTAS MACRI RECARGADO

La ley del más fuerte

El Gobierno empieza a mostrar qué rumbo elige y qué país prefiere. Plan de largo plazo.

AJUSTE TE GUSTE O NO TE GUSTE
AJUSTE TE GUSTE O NO TE GUSTE Foto:PABLO TEMES

Como era previsible, tras el resultado de las elecciones del 22 de octubre, el Gobierno cambia la marcha dejando detrás el gradualismo para pasar a ejecutar una “cirugía mayor sin anestesia”, como le gustaba decir a Carlos Menem.

Tormenta de reformas. Si bien el hecho real del triunfo en la provincia de Buenos Aires fue obtener un senador más en la Cámara alta, el acto simbólico es mucho más potente. El Gobierno, poniendo en la cancha a un candidato de peso mediano le pudo ganar la pulseada a la líder indiscutida del kirchnerismo. La consecuencia es el nacimiento del macrismo, y como tal la ejecución a fondo de su agenda para intentar moldear el país tal como el Presidente lo imagina buscando establecer una nueva revolución cultural.

Esta agenda se sintetiza en la frase acuñada por Mauricio Macri en una entrevista reciente: “El país va a crecer por lo que haga el sector privado, no el Estado”. De esta forma todas las medidas que se tomarán en los próximos meses tendrán ese horizonte, incentivar al sector privado a expandir sus negocios y a invertir en actividades vinculadas con la exportación, y como contraparte una retirada del Estado. Esta mirada implica un cambio de 180 grados de la que enarboló el kirchnerismo en sus años de gobierno, que consideraba que el Estado debía ser el reparador social de las injusticias sociales priorizando el consumo popular y el mercado interno.

Ya se conocen los borradores de las reformas laborales y tributarias que propone el Gobierno y, como no podía ser de otra forma, surgen debates y contrapuntos sobre sus efectos, que desde el vamos presenta ganadores y perdedores. La reforma tributaria, lejos de la simplificación del sistema impositivo, busca alivianar las cargas a las empresas y presionar en mayor medida a familias e individuos. A pesar de todo, es otra reforma más, que probablemente sea contrarreformada más adelante. Posiblemente alguna cuestión puntual como el impuesto interno al vino sea modificada por la influencia de las provincias productoras. La única apuesta fuerte es la baja del impuesto a las ganancias a las empresas que reinviertan sus utilidades, y se verá si esto realmente será un aliciente para invertir o se reduzca a la contabilidad creativa. En cambio, el borrador de la reforma laboral es efectivamente un terremoto que apunta a modificar en lo profundo las características del mundo del trabajo, y que avanza hasta la propia definición del vínculo laboral, y por tanto más allá de la debilidad intrínseca de la CGT para discutir sus términos, el artefacto legal tendrá que vencer muchas resistencias para ser impuesto aun con modificaciones. 

Surge la pregunta sobre si la ciudadanía que eligió la boleta de Cambiemos en todo el país votó el conjunto de cambios que se propone en estos días y que curiosamente –adaptando la frase de León Trotsky– toma el nombre de “reformismo permanente”. La respuesta no es lineal ni directa, dado que el paquete de reformas no fue presentado en la campaña como una plataforma. Ya hace muchos años que se abandonaron esos largos cuadernillos donde los partidos políticos planteaban sus planes futuros. Pero sin dudas en el momento en que la elección se constituyó en un doble plebiscito, hacia atrás para evaluar los años del kirchnerismo y hacia delante sobre la base de un gobierno totalmente diferente de orientación pro mercado, el electorado que votó al oficialismo sabía perfectamente a qué tipo de gestión adhería, aunque no pudiera visualizar el horizonte de reformas necesarias.

Vale recordar que esa adhesión alcanzó casi el 41% a nivel nacional, triunfando en 13 provincias para obtener 61 bancas en diputados, superando ampliamente las 40 que ponía en juego.
 
La victoria que da derechos. Macri internalizó que la victoria en las urnas lo habilita a moldear su gobierno sin cortapisas, y ese código se comprende en el hecho de haber obtenido la silenciosa renuncia de Alejandra Gils Carbó y emprender cambios en el gabinete, más allá de la frívola frase “equipo que gana no se toca”. La autoridad presidencial fue aplicada a fondo en la salida de Ricardo Buryaile del Ministerio de Agroindustria y su reemplazo por el presidente de la Sociedad Rural, Luis Etchevehere. En términos prácticos no van a existir grandes cambios en la política agropecuaria, el ministro saliente era vicepresidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) y un líder contra la Resolución 125 del kirchnerismo. Pero el mensaje hacia la UCR y la sociedad en general es que Macri pretende tener adentro de su gobierno a las figuras más fuertes del establishment, una cosa parecida a “ahora vamos a estar todos en el mismo barco”. Tampoco debe perderse de vista que históricamente se consideró a la SRA como el sector más duro defensor del liberalismo económico desde su fundación en 1866, cuyo primer presidente fue José Toribio Martínez de Hoz, bisabuelo de José Alfredo.

Futuro imperfecto. Es evidente que los dos años que restan de mandato van a ser completamente diferentes a los dos primeros, marcando un cambio en las orientaciones generales del Gobierno, buscando acelerar las transformaciones sociales y económicas de acá al primer semestre de 2018, para intentar ver los frutos hacia los primeros meses de 2019, y obtener como consecuencia el franqueo de las puertas de la reelección sin grandes contratiempos. Es tanta la confianza que se observa en estos días en sectores del oficialismo que empieza a discutirse la sucesión de… 2023.

El mensaje central es que para sostener estas reformas se precisan unos veinte años, es decir, cinco mandatos consecutivos de un espacio político del mismo signo. Esta especulación resulta una exageración conociendo la historia reciente de Argentina, y cuenta con una condición, que es la dispersión de las fuerzas de la oposición. Pero claro que hoy las correlaciones de fuerza son ampliamente favorables al Gobierno, mientras que el peronismo parece ni haberse enterado de la crisis que lo ha puesto en estado de coma, y cuyo proceso de reorganización interna (si es que se produce) le llevará varios años y algunos más para que la sociedad vuelva a depositarle su confianza.

*Sociólogo (@cfdeangelis).