COLUMNISTAS METAMORFOSIS

La leyenda de Peter Parker

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¿No es la mejor película esa que no esperabas ver, esa de la que nada sabés y que de golpe una noche aparece, en medio del zapping, antes de dormirte y te mantiene insomne mientras dura? I.Sat, dice, tiene actitud. Parece el eslogan de unas zapatillas juveniles. Pero también tiene buenas películas. Así aparecen en la pantalla unas letras rojas con un título sacado de las pelis de terror. Lo que empieza discurrir en la pantalla es una fábula extraña ambientada en las sierras. Perdón, no está ambientada, las sierras son parte del casting protagónico. Un padre y un joven viajan a una cabaña para poder estar solos. Y, uno lo advierte enseguida, también para poder curar los problemas de estrés del joven. El muchacho es pálido, flaco y miedoso. Tiene terrores físicos y metafísicos. Es de esos tipos que Ernesto Guevara hubiera fusilado sin dudar de contarlo en sus filas. Me doy cuenta de que al protagonista lo vi muchas veces en películas recientes, en obras de teatro, en bares, en fiestas, etc. Incluso el personaje que hace, cuando recién empieza la película, es un estereotipo de cierto nuevo cine argentino. Un joven existencialista aburrido y temeroso del mundo. Y estoy por cambiar de canal –soy de gatillo fácil– cuando sucede una escena extraña: el joven se despierta en la cabaña y, al lado, tiene una araña inmensa, horrible. Uno, pienso, no le tiene miedo a la picadura de la araña, le tiene miedo, atávico, a la araña. El joven la mata, pero ya fue picado. Un chamán del lugar le dice que para curarse tiene que volver a ser picado por otra igual. Entonces busca a un guía que lo lleve hasta donde anidan las arañas y el antídoto. No creo que el director de la película intentara hacer una de terror, más bien parece que se vale del género como soporte para ir hacia otro lado. El personaje y su guía –un borracho taciturno y de mal genio– avanzan junto al espectador por las laderas escarpadas. Llegan a una escena memorable, de noche, que me hizo reír mucho, donde, frente al fuego –que sirve para espantar a los bichos, para darte calor y para que el enemigo te ubique de lejos– ambos se enloquecen y se ven hostigados por cosas que aparecen en la oscuridad. Los dos, el hombre de campo y el de ciudad, son derrotados. Y se convierten, a su manera, en uno solo. Entre muchas interpretaciones que puede tener la película, una es la conversión del personaje, un ser hecho a la medida de los festivales de cine a un personaje complejo, delirante y entrañable. Un gran trabajo del actor. La película es, a grandes rasgos, una leyenda como la del Cacuy, la mujer que se hizo pájaro esperando que su hermano viniera a buscarla en el monte. Tiene una moraleja pero, gracias a Dios, ésta es hermética. El actor que sufre la metamorfosis es Martín Piroyanski. El director es Gabriel Medina. El guía demente es Jorge Sesán. Todos han sido picados.

Fabian Casas