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La montaña rusa del poder

Si sólo en un mes, entre marzo y abril, el humor social cambió tanto, en los casi siete meses que faltan hasta las elecciones de octubre habrá varias montañas rusas.

De marzo a abril. Up and down de Cristina y Macri.
De marzo a abril. Up and down de Cristina y Macri. Foto:Cedoc

El placer que tendría que producir el riesgo en aquellos que se animan a ser presidentes sería asimilable a la cascada de endorfinas que generan el amor, el sexo o el deporte. Apostar a salir airoso de una actividad que no se controla totalmente, algo tan lúdico como los juegos de azar, puede ser muy estimulante para algunas personalidades. Sólo en un mes, Cristina Kirchner pasó de la alegría de verse triunfadora como segura candidata a senadora por la provincia de Buenos Aires a ser reemplazada como candidata por la intendenta de La Matanza, Verónica Magario; y Cambiemos, del Macri “gato” acosado por el fantasma del helicóptero, a creer que puede ganar las elecciones en la provincia sin Carrió (quien se mantendría en su distrito de Capital) y sin mejoras económicas, al punto de endurecer su política antiinflacionaria con un aumento de la tasa de interés para enfriar, en lugar de reactivar, la economía.

La presidencia es una montaña rusa no sólo en la Argentina sino cada vez más en la mayoría de los países, y más aún en aquellos que no pueden influir sobre todos los demás. Llega Trump, bombardea Siria, Afganistán y ¿Corea del Norte?, y desata una guerra internacional: es un escenario. Como venían mostrando los indicadores a principios de este año, mejora la economía mundial en su conjunto y el capitalismo sale del estancamiento de los últimos años, superando definitivamente la crisis de 2007 de Lehman Brothers, para retomar el aumento de los precios de las materias primas: es otro escenario. Hay inundaciones que hacen perder el 20% de la cosecha esperada en la Argentina: es otro escenario. En Brasil, Temer no logra terminar su mandato aprobando leyes impopulares pero que recuperarán la economía porque la mitad de sus ministros, de los diputados y de los senadores, además de los presidentes de esas cámaras y todos los ex presidentes del país, más los principales candidatos de la oposición, son acusados de haber recibido coimas de Odebrecht: es otro escenario.

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Y la lista podría seguir haciéndonos reflexionar sobre que el adjetivar la palabra “ingeniero” como demostrativo de racionalismo para calificar a Macri refleje sólo una faceta de su personalidad. Y que el atributo más relevante, el que le permitió llegar al gobierno y luego ejercerlo, sea ser un tomador de riesgo y un jugador osado. En eso, aunque muy diferente de Cristina Kirchner, y sin que se ofendan los K ni los anti K, Macri y Cristina comparten un rasgo de la personalidad que los blinda frente a la angustia de su porvenir.

Quizás en eso Mauricio sea más Macri genéticamente que en ninguna otra herencia de su padre, quien construyó un imperio económico de la nada, asumiendo con temeridad los riesgos que fueran necesarios, para luego terminar dilapidando gran parte de esa fortuna también por siempre apostar fuerte. “Por lo mismo que te vas a enamorar (pasado el tiempo) te vas a divorciar”, le dijo a su hijo la madre de un importante ministro económico de Macri. Lo mismo que llevó a Cristina a su cenit la arrastró a su decadencia. Igualmente, lo que en el ciclo positivo de su fortuna catapulte a Macri mañana puede ser la causa de su perdición. En lo vivo, el ocaso es inevitable y las personas raramente cambian: triunfan y fracasan por lo mismo, es cuestión de tiempo y el destino ajeno a ellos.

Si Macri siguiera en el ciclo ascendente de su fortuna, les podrá ganar las elecciones de medio término en la provincia de Buenos Aires tanto a Massa como al kirchnerismo con un candidato sin peso político propio, haciendo su triunfo aún más relevante.

Se opina que Macri les ganó las elecciones presidenciales a Scioli y a Massa porque era el único cuya vida no empeoraría si salía derrotado, al perder Scioli quedaba a la intemperie mientras Macri hubiera tenido una vida no menos placentera y hubiera seguido controlando el partido de oposición. Puesto en términos de la teoría de los juegos: Macri podía tomar más riesgos que Scioli.

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También hoy Macri parece tener más resto que Cristina Kirchner, que Baradel y muchos de los sindicalistas que le hicieron paro. Quizá la aversión al riesgo o su goce sean determinantes a la hora de construir la estrategia electoral de octubre. A mediano y largo plazo, también es cierto que el más temerario pierde su autoestima si recurrentemente es derrotado, como que existe una física de la acumulación de acontecimientos positivos o negativos: la suma de triunfos genera por sí sola más triunfos porque los adversarios se achican; y la suma de fracasos, lo opuesto porque los adversarios se ensoberbecen. Como el síndrome en un organismo biológico, cuando un órgano se ve afectado recarga sobre otro, al que también hace insuficiente por exceso. ¿Está el kirchnerismo en esa fase final de extinción? Eso dependerá de la fortuna de Macri. Aunque un líder siempre puede mejorar lo dado, un mundo como el que le tocó a De la Rúa haría poco exitoso a muchos presidentes, y un mundo como el que le tocó a Néstor Kirchner haría exitoso casi a cualquiera.

Las montañas rusas del poder son cada vez más rápidas y empinadas, la misma sociedad que mayoritariamente aprobó el desalojo por la fuerza de la Panamericana el día del paro pocas horas después formó otra mayoría en contra del desalojo por la fuerza de los maestros que construían sin permiso la escuela itinerante frente al Congreso. Si sólo en un mes, entre marzo y abril, el humor social cambió tanto, en los casi siete meses que faltan hasta las elecciones de octubre habrá varias montañas rusas.



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