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La “nismanización” de Randazzo

Por Javier Calvo | Como tantas otras veces, la bipolaridad política interpretó el hecho político de la semana. No fueron los únicos.

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Foto:CEDOC.

Volvió a suceder. La esquizofrénica centralidad del kirchnerismo hace que la adhesión o no al “proyecto” sea la diferencia entre la gloria o Devoto. Ese mismo esquema binario se replica a la inversa en la oposición (en sus múltiples expresiones, no sólo políticas). A tal fin, los bandos revelan u ocultan grandezas y, sobre todo, miserias de los protagonistas.

Apenas dos botones extremos de muestra. Mientras se alineó al planeta K, Hugo Moyano gozó de frondosos beneficios del poder estatal (en muchos sentidos), que lo llevaron a ser el gremialista más poderoso del país y hasta imaginarse presidente. Cuando pegó el salto, el Gobierno que lo cobijó lo demonizó y los sectores que lo habían combatido (que incluyó gravísimas denuncias y hasta retratos de sus manos manchadas de sangre) empezaron a recibirlo con los brazos abiertos.

Con Alberto Nisman ocurrió otro tanto. Todo el tiempo que fue un fiscal funcional a las posturas kirchneristas fue protegido por unos y criticados por los otros. Su insólita denuncia contra CFK y su posterior muerte lo convirtieron en villano para el Gobierno y en héroe para aquellos que minutos antes lo tenían en el casillero de poco serio.

Ahora es el turno de Florencio Randazzo. Tras ser el candidato más duro del cristinismo, aupado incluso por Carta Abierta, la inmersión de humildad que le regaló la propia Presidenta y su negativa a bajar a la Provincia lo transformaron casi en un indeseable. Todo lo contrario para los opositores, que valoraron que cumpliera su palabra de no ser candidato a gobernador. Por favor, hay que escuchar (y leer) cada cosa.

Esta situación es tan patéticamente irrisoria que, según quién lo cuente, en el diálogo que tuvieron a solas Cristina y Florencio en Olivos lloró ella (de acuerdo a Clarín) o lloró él (Ámbito). Así estamos.



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