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La no rebeldía de Miley

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Creo estar bastante seguro de que Miley Cyrus es una imbécil, aunque con eso solo no alcanza. En estos días, en ella se representa una problemática bastante común y de compleja solución y que tiene que ver con la rebeldía o por lo menos con la aparente chance de ser rebelde en este mundo.
Recibe un premio, algo lógico entre los artistas, que se pasan bastantes días del año entregándose distinciones con unos y otros, y, al momento de estar con toda la atención del universo sobre su cuerpo en exposición, abre su cartera y expone al mundo un aparente cigarrillo de marihuana. La gente grita y aplaude mientras ella completa con fuego el encendido. Los aplausos de sus aparentes fans la hacen sentir en el cielo y es ahí donde queda muy claro que es una imbécil.
Un acto de rebeldía presenta problemas, pero no por el acto mismo, sino por la frontera en que realmente una acción puede ser considerada verdaderamente rebelde. ¿Qué actitud o actividad puede entenderse como algo contra otra cosa o contra lo establecido? Porque en Miley Cyrus, pobrecita, hay todo un arquetipo del rebelde. Mientras ella piensa que es libre y rompe los moldes, se ajusta perfectamente, en realidad, a lo que hace años vienen haciendo los artistas. Usan el espacio público para llamar la atención. Los eventos tienen reglas, por ejemplo, subir al escenario solo si es tu turno, agradecer, recibir el premio, saludar, sacarse fotos; y es en ese contexto, que como diría Foucault está perfectamente diseñado y repleto de reglas, donde ella misma busca el lugar para ser libre. Es más, es bastante esperable que el supuesto rebelde sea un artista. La rebeldía al artista es como la transformación del mundo a la política. A los artistas se los forma, en más o en menos, para “romper los moldes de lo establecido”.
Las agencias de publicidad son lugares “copados”, llenos de gente canchera y descontracturada. Pero el tema es que parece que todas las agencias de publicidad son medio parecidas. Zapatillas por doquier (las de moda, cancheras), gente arriba de las mesas, espacios abiertos y poco formales. Esos espacios rebeldes son también producto de una meticulosa búsqueda del consenso del caos. Allí donde uno se acerca con el traje, lo reciben con ropa de nivel socioeconómico alto pero en remera. Cuando uno va a una agencia, más o menos se imagina qué va a encontrar. Si es así, ¿dónde está la rebeldía?
El esfuerzo por verdaderamente romper las reglas es infructuoso y por lo general está penado por la ley. Aquel que viola a una mujer debe ir preso ya que rompe una regla de moral básica. Otro que asesina para robar también rompe las reglas de no matar y por eso genera indignación. Cuando se rompen las reglas en serio, no gusta tanto.
Qué sería de los rompedores de reglas sin reglas que romper. Miley debería agradecer tantos años en Disney ya que llama la atención que una imagen de tanta ternura termine como ahora, tan “libre”. Es eso lo que mueve la atención, su cambio. No sabemos si sin su pasado estaría en tan buena disposición de los medios de comunicación.
Miley no está sorprendiendo al mundo con el descubrimiento de la teoría de la relatividad, tampoco acaba de publicar algún Sgt. Pepper’s para modificar para siempre la música. Miley saca la lengua para entretener, usa poses sexis ya establecidas por la cultura de nuestro tiempo y se pone ropa que marque sus partes como hoy gusta que se muestre. Lo mismo que hará otra chica nueva en un par de años.
Todos usamos la misma sociedad y simulamos ser sujetos que decidimos sobre nuestro destino. Este mundo sabe que puede pasar que alguien utilice la opción del formato rebelde y que todos miremos ese espectáculo como algo que el tiempo extinguirá. En todo caso, Miley debería saber que mucho antes que ella Madonna ya hizo todo, incluso la parte sexy. Ella es una copia con ropa de 2013.
Si Miley pasara a disfrutar de su libertad en privado sería una acción de rebeldía interesante contra su situación actual, pero para qué meterse en esa cueva en la que todos los demás estamos. En este mundo, ella juega el rol perfecto de ser una entre miles de millones, y ese rol tiene reglas claras.

*Sociólogo. Director de Ipsos-Mora y Araujo.



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