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La noble Estela

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“Estela, ¿vos creés que los chicos de Ernestina son hijos de desaparecidos?” Hace veinte años, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo ya miraba a los ojos con tanta dulzura como firmeza: “Aún no tenemos ningún indicio. Pero no tengas dudas de que si tenemos alguno, haremos la denuncia. Nosotras no nos achicamos con nadie”.

Faltaba todavía mucho tiempo para que una presentación de Abuelas provocara en 2002 la detención de Ernestina Herrera de Noble, accionista y directora de Clarín, por la presunta apropiación de sus hijos adoptivos, Marcela y Felipe. Sin embargo, aquellas palabras de Estela Barnes de Carlotto –dichas a este periodista, por entonces redactor de Clarín– reflejaban el espíritu de ella y de la entidad. Esa persistencia inclaudicable les permitió recuperar 114 nietos. Y los que faltan.

Hasta la “llegada” de Ignacio Hurban, o Guido Montoya Carlotto, el caso Noble resultó el de mayor repercusión pública en la historia de Abuelas.

Ese proceso no transcurrió por un camino lineal ni exento de algunas idas y vueltas. Aun en el momento de la detención y posterior liberación de Herrera de Noble, Abuelas mantuvo prudencia y reserva. Esa actitud onduló con el kirchnerismo: durante el romance Néstor-Clarín (2003-2007), Abuelas hasta dejó de ser querellante; desde la “guerra” en 2008, la entidad se puso al frente del reclamo.

Ignacio-Guido se hizo el examen de adn al que Marcela y Felipe Noble se negaron hasta 2011, casi diez años después del inicio de la causa. Cotejadas las muestras con las familias querellantes y con un número reducido de muestras del Banco Nacional de Datos Genéticos, dieron negativas. La causa no está cerrada y judicialmente está comprobado que la adopción de Marcela y Felipe por parte de la propietaria de Clarín fue irregular.

La indisimulable utilización política que le dieron a ese caso tanto el Gobierno (y sus medios adictos) como Clarín, del cual a veces no pudo escaparse del todo hasta la propia Carlotto, explica buena parte de las coberturas de estos días sobre el “hallazgo” del joven músico de Olavarría. Pero también refleja cómo, más allá de usos o abusos, una causa noble, legítima y honesta puede llegar a buen puerto y enaltecer a quienes la lideran.
Te lo merecías, Estela.



Javier Calvo