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La noticia epiléptica

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Foto:Cedoc

El Gangnamstyle, el crimen de Lola en Uruguay, el Ice bucketchallenge, el exabrupto maradoniano del mes, la cabina de Vicky Xipolitakis, el Gigoló, los audios de Pampita, el episodio psiquiátrico de Matías Alé. La lista avanza implacable y segura. Para cuando lean esto, se habrán acumulado otras noticias que, de un zarpazo, hayan ocupado el total interés de los medios, incluyendo foros y redes sociales, durante un puñado de días.

Resulta un fenómeno desconcertante y francamente reactivo que, a medida que se amplían las formas de comunicar, que se abren de par en par las fronteras entre el informante y lo informado, y que cada ciudadano con un celular ya puede ser un periodista de su propia vida y entorno, cada vez se comunique menos en cantidad, y lo poco que se haga sea de forma atosigada y grosera.

Existe una necesidad ancestral en el código genético que nos impone a los humanos la tendencia a socializar con los demás, querer ser parte de un grupo, compartir. Lo extraño es que la combinación de este principio mamífero adaptativo con las nuevas tecnologías que nos conectan, produzca como resultado que lo comunicado se termine rigiendo por un entretenimiento de alcance masivo para lo cual adopta con preferencia contenidos de carácter trivial, ya sea recurriendo al absurdo, a lo extravagante, a los más bajos instintos o al morbo en su forma más simple.

Todos los mares comunicativos hacen una misma ola y explotan al mismo tiempo, y con eso se carga la siguiente ola. Al atracón le sigue la purga, para un nuevo atracón…

Pasando en limpio, todos los canales, diarios y portales en su programación diaria se ocupan de los mismos temas y los machacan hasta el hartazgo para luego hacer lo mismo cuando pasan al siguiente, dando un tratamiento tan intensivo en el corto plazo como efímero en el mediano.

Puede que sea un fenómeno sociológico al que nos tengamos que acostumbrar: cada tanto, algo va a hacer que la atención pública se centre de manera frenética sobre un tema y, a fuerza de perplejidad, cedamos ante una nueva perspectiva del vivenciar. Es dable entonces que generaciones venideras nos clasifiquen como pertenecientes a un curioso período: los de la “alienación comunicacional”.

El Gangnamstyle ya no me parece divertido, si lo ponen en una fiesta no lo bailo ni a palos; del crimen de Lola no supe más nada; no doné para el Ice bucketchallenge; Maradona es gracioso, pero antes que se haga el ADN por Junior; sin buscarlo me encontré escuchando los audios de Pampita; Xipolitakis ya volverá a aparecer en algún momento.

Soy optimista, aunque no lo suficiente para pensar que años de estas avalanchas puedan servirnos de algo. En los teléfonos, en las teles, en los Ipads, miles de pantallas proyectan estas películas seudo fantásticas.

A veces, cerrar las persianas a dichas películas puede ser tan fascinante como abrirlas. El objetivo es mantenerse consciente sobre qué producen, y para qué uno habría de… siempre el para qué…

Hoy, apagar el teléfono puede ser revelador, hasta incluso transgresor, vanguardista… Pero siempre va a haber uno que te diga, “¿¡qué!?, no te enteraste de…!?”. Entonces ahí, salí corriendo, adonde puedas, corré…

(*) Psicólogo y novelista. En Twitter: @llavemaestraok



mmarquevich