COLUMNISTAS EL ECONOMISTA DE LA SEMANA

La nueva realidad del Mercosur

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La conformación del Mercosur ha sido una de las decisiones más acertadas en las últimas décadas y su evaluación no debe realizarse meramente desde lo económico, sino desde sus consecuencias geopolíticas, sociales y de la vinculación global de los países. Si bien estos procesos son complejos, existen evidentes resultados favorables en la integración de los países.

Sin embargo, en la actualidad, se están produciendo conflictos y retrocesos que merecen ser analizados y que son perjudiciales para todos sus socios. Las divergencias son crecientes y van tomando dimensiones considerables.
En el caso de Brasil, coexisten posiciones extremas. Desde que gobierna el Partido de los Trabajadores (PT), hay una visión de consolidar el bloque regional y desde allí insertarse en el contexto mundial. Pero ante el conflicto ganan espacio las tradicionales posiciones tendientes a debilitar el Mercosur y encarar negociaciones con otros bloques regionales, en función de intereses económicos que priorizan a la Unión Europea y los EE.UU.

Realidades similares pueden visualizarse en el escenario político de Uruguay y Paraguay.
Por el lado argentino, las inconsistencias de nuestra política económica perjudican la dinámica del bloque, complican las negociaciones entre los socios y potencian las posiciones de los sectores más retrógrados respecto al avance del Mercosur en nuestros países vecinos.

Historia reciente. En la última década existió en los miembros del bloque una nueva mirada, que permitió recrear un espíritu de real integración. Esta visión política fue acompañada de un gran número de decisiones que le otorgaron eficacia, logrando resultados comprobables en materia de inversiones, comercio y vinculación de los actores económicos y sociales.

En este sentido, los acuerdos sectoriales voluntarios de limitación de exportaciones entre las esferas privadas de Argentina y Brasil, con coordinación de los Estados, fueron un instrumento que ayudó a atenuar o resolver conflictos surgidos de desequilibrios acentuados.
La coordinación y monitoreo periódico de estos convenios con el gobierno brasileño y su mundo privado fue también esencial para la construcción de un entorno de confianza y entendimiento mutuo que favoreció la toma de decisiones en materia de inversión.

Asimismo, la coexistencia de pactos voluntarios con el régimen de licencias no automáticas fue importante, tanto para monitorear el cumplimiento de los acuerdos como para evitar que las limitaciones a las importaciones de Brasil beneficien un desvío hacia importaciones desde terceros orígenes.
Se logró también avanzar en el Mecanismo de Adaptación Competitiva (MAC). Este instrumento fue firmado por los gobiernos de Argentina y Brasil a comienzos de 2006 como una forma de paliar la inaplicabilidad de medidas de salvaguardia al interior del Mercosur, que rige desde el año 1994.

También fue notoria en estos años la coordinación conjunta entre los socios sobre políticas comerciales frente a terceros países, demostrando una posición cohesionada en los temas comerciales que así les confiera mayor peso específico y poder de negociación.
Evidentemente, la propia creación del bloque no puede superar las voluntades reales de los gobiernos en materia de integración. Así, el positivo espíritu de su fundación fue desvirtuado por los intentos en la década del 90 de avanzar en el ALCA y de priorizar alianzas internacionales por sobre nuestros países vecinos.

La evolución de la integración entre los Estados parte estuvo centrada en el plano arancelario, con escasos avances en la coordinación de políticas sectoriales y complementación económica. Ello, en el marco de un proceso de integración entre países en desarrollo con economías asimétricas en su tamaño y estructura, lejos de eliminar las diferencias de desarrollo interno, contribuyó a profundizar las ya conocidas asimetrías.
Adicionalmente, las medidas de fomento de la producción perjudicaron la articulación de las cadenas productivas de los países, limitando el aprovechamiento de las economías de escala y las economías de alcance, es decir aquellas destinadas a disminuir los costos para las empresas.
En Argentina y en los países de menor tamaño relativo fue ganando espacio el cuestionamiento al bloque, de la mano de políticas que afectaban la industrialización y el empleo y que, lejos de integrar, generaban graves problemas, en particular para las economías regionales más vinculadas geográfica y económicamente al Brasil.

Existen divergencias importantes, pero éstas se originan en temas esencialmente económicos, los cuales podrían encaminarse por una vía más armónica. Es un costo de oportunidad para todos los países del Mercosur que se hayan frenado proyectos de infraestructura, que se retrasen grandes emprendimientos y que se deteriore el clima general de inversión.
Por parte de Argentina, es necesario analizar medidas específicas para los países del bloque que garanticen la posibilidad y previsibilidad del ingreso de capitales, la remisión de utilidades, el cumplimiento de los acuerdos comerciales y reglas en materia de comercio que no impliquen arbitrariedades o desvíos hacia otras regiones.
Obviamente, existe una agenda que le corresponde a Brasil a fin de equilibrar los flujos comerciales y situaciones sectoriales específicas, al mismo tiempo que debe cumplirse con normas que eviten la discriminación a las empresas de los otros países en las compras públicas y el financiamiento por parte del Estado.

En el marco de la importancia política que tiene el Mercosur para todos sus socios, no se trata de temas cuya resolución no sea posible. Por ello, todas las partes tienen responsabilidades, y hay que analizar el tema con la trascendencia que tiene para nuestro país.
Se torna relevante la dinámica de la relación con nuestros socios en la evolución de las inversiones, de nuestra infraestructura, en los saldos comerciales y, por ende, en la propia macroeconomía.
La unidad latinoamericana es central como manera de ganar autonomía y capacidad de negociación internacional, y el Mercosur es el eslabón primario y fundamental donde profundizar esta posición de equilibrio con las naciones desarrolladas.



Miguel G. Peirano