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La obsesión por la TV

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La singularidad de los juegos de poder en la Argentina transformó a la televisión en el centro de las obsesiones de la política. En las últimas semanas, a través de los vanos intentos por quitarle rating al programa de Jorge Lanata. Desde hace medio año, en las negociaciones para incidir en el futuro del conductor Marcelo Tinelli.

El empresario Cristóbal López, dueño de C5N y flamante inversor de un casino en la Florida, confluyó con el Gobierno en las negociaciones para alejar a Tinelli de Canal 13. Ayudó el deseo del animador por saltar desde el Grupo Clarín a Telefe.

López, en un póker fluido con el secretario de Legal y Técnica de la Presidencia, Carlos Zannini, trabajó largamente para garantizar la mudanza. El empresario y Zannini estuvieron cerca de lograrlo. En las formas, las exigencias de rating y el control de los contenidos que buscaba imponer Telefée frustraron las negociaciones. También el enfrentamiento interno que se desató en el canal. Pero eso fue sólo en las formas.

En otras alturas, el fracaso se atribuyó a la negativa del Gobierno a satisfacer reclamos de Telefónica, dueña de Telefe, vinculada al lucrativo negocio de las telecomunicaciones. Eso, mucho más que las vicisitudes artísticas de ShowMatch.

Telefónica enfrenta multas millonarias por su servicio de telefonía.

El Gobierno jugó intensamente a través de Zannini. Pero cuando las negociaciones se encaminaron hacia el naufragio, Cristina Fernández no intercedió. Se mantuvo al margen.

El saldo para el Gobierno fue mísero. No logró llevarlo a Telefe. Tampoco pudo convencer a los dueños de Canal 9 de vender. Ahora, Cristóbal López es el encargado de contener en la intemperie las finanzas de Ideas del Sur. Hay fondos garantizados hasta las primarias, cuando unos y otros leerán cuál es la radiografía política que dibujan los votos. Entonces se verá.

No son fidelidades selladas precisamente con la fortaleza de lo eterno.



Damián Nabot