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La perplejidad ante un papa argentino

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La noticia de que el cardenal Bergoglio ha sido electo en el último conclave ha causado, como no podía ser de otro modo, una enorme expectativa en todo el mundo, tanto católico como no católico. Y muy especialmente en nuestra patria. Y eso es lo esperable. Pero este papa, además, ha generado perplejidad.

En efecto, quién es la persona que ostenta el papado no es un dato menor para mirar a la humanidad en perspectiva. Si bien es cierto que de la institución dos veces milenaria no parece lógico esperar virajes drásticos e impensados, lo cierto es que la Iglesia de Cristo siempre está en boca de todos, ya sea para hablar a favor o en contra. Baste recordar la renuncia de Benedicto XIV.

¿Cuál será el tono que el papa Francisco dará a su papado? ¿O cuál será el orden de prioridad que dará a los múltiples problemas que transita la Iglesia en la actualidad? El escritor italiano Sandro Magister sostiene que el primer tema que deberá enfrentar el nuevo papa es su relación con el viejo papa. Ciertamente, no son pocas las dificultades canónicas en tal sentido. Sin embargo, a mi modo de ver, si hay algo que en la Iglesia no se ha perdido y sigue estando claro es la jerarquía. La promesa de fidelidad del papa emérito al nuevo papa (aun antes de la elección), y el primer gesto papal de Francisco de rezar por el obispo emérito de Roma, aclaran las cosas.

Variopinta y temeraria es la lista de problemas a los que, hacia dentro de la Iglesia, el papa Francisco deberá dedicar especial atención. Pero si nos atenemos a sus primeras palabras como papa, el asunto más importante pareciera encontrarse en Roma. Más precisamente, en la curia romana. En efecto, el papa Francisco se presenta a sí mismo como el obispo de Roma. Y sus palabras van dirigidas casi exclusivamente a los católicos romanos y a quienes cumplen funciones dentro del gobierno central de la Iglesia. Habrá que ver si la importancia de este tema es lo suficientemente urgente a su criterio, como para esperar cambios en lo inmediato.

Cercanos a este asunto aparecen otros, por demás conocidos, y de los que se ha escrito hasta el hartazgo: los escándalos del IOR (Instituto para las Obras de Religión), la colegialidad propuesta por el Vaticano II, los criterios de elección de los obispos, la lucha de poder con una supuesta intestina corporación homosexual, y un largo etcétera.

Como se ve, los problemas que hacia dentro de la Iglesia debe enfrentar el papa Francisco no son distintos de aquellos de los que Benedicto tuvo que ocuparse. Sin embargo, quizás lo que genere mayor expectativa es desconocer el estilo y el modo en que los abordará. El cómo es la incógnita. Es que el papa Francisco se parece bastante poco a sus anteriores predecesores.

En efecto, tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI han sido papas intelectuales, profesores, filósofos, teólogos y escritores de pluma sutil. Ambos han sido referentes de la intelectualidad católica mundial, incluso antes de asumir el papado. Además, entre ellos ha habido una clara continuidad en el magisterio, a la hora de llevar a la vida de la Iglesia una interpretación del Concilio Vaticano II sujeta a la tradición y a la ortodoxia. Frente a sus dos antecesores, el papa Francisco tendrá que mostrar con su papado si está dispuesto a continuar en la misma dirección. Y esto es así por su particular estilo. Los medios masivos de información han querido mostrarlo como un papa no convencional: han rescatado su modestia, su humildad y sencillez; han resaltado su espiritualidad por sobre su probidad intelectualidad; su apertura al diálogo, su opción por los pobres.

Un párrafo aparte merecen las repercusiones que ha habido en nuestra patria. La emoción cuasi futbolística que se vivió en las calles, con iglesias llenas y gente llorando, es llamativa. La reacción de la clase política, tanto oficialista como opositora, tironeándole la sotana para acreditarse “su triunfo electoral”. El por lo menos paradójico deseo de “suerte en la gestión” de nuestra presidenta y su numerosa comitiva que la acompañará a Roma a la misa de asunción del pontificado.
 

*Filósofo. Universidad Austral.



Juan Assirio