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La primera obra de José Hernández

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Avezado periodista desde hacía unos años en La Reforma Pacífica de Buenos Aires y en El Nacional Argentino, El Litoral y El Argentino, los tres de Paraná, Hernández, de 30 años de edad, publica su primera obra orgánica, su ópera prima.

Se trata del folleto Rasgos biográficos del general D. Angel V. Peñaloza, ampliamente conocido por su sobrenombre “el Chacho”. Peñaloza ha sido vilmente asesinado de un lanzazo en Olta, La Rioja, a pesar de haberse entregado sin resistencia a las tropas nacionales del presidente Mitre, guiadas por Domingo Faustino Sarmiento como director de la guerra en el noroeste.

Y la carátula de su folleto –modesto medio elegido para acceder al público popular, como folletos serán, en 1872 y 1879, El gaucho Martín Fierro y La vuelta de Martín Fierro– detallaba con precisión la fecha: Paraná, diciembre 1º de 1863. Y también “Colección de artículos publicados en El Argentino”.

El Chacho había sido asesinado el día 12 de dicho mes, y la noticia llegó a Paraná una decena de días después, dada la lentitud de las comunicaciones, y de inmediato Hernández publica los artículos que luego reúne en opúsculo. El tono es de pelea, de denuncia contra el partido unitario, y afirma: “El partido que invoca la ilustración, la decencia, el progreso, acaba con sus enemigos cosiéndolos a puñaladas”.

Hernández no toma el hecho como aislado, sino que lo inscribe en una serie de asesinatos para imponer la hegemonía del liberalismo porteño: Dorrego, Benavides, Virasoro, Peñaloza, o sea en todo el país. Y en la serie de asesinatos profetiza uno futuro: el de Urquiza, a quien también desean muerto sus enemigos.

Como el presidente Mitre invadía las provincias interiores, los caudillos suponían que también le tocaría el turno a Entre Ríos y a su jefe Urquiza. Por eso, y dado su enorme prestigio personal, político –como jefe del federalismo– y militar por sus triunfos de Caseros y Cepeda, hacia él se dirigían las invocaciones de los jefes de provincia.

Este escrito de Hernández es el gran texto de la etapa que va de la batalla de Pavón en 1861 hasta la muerte de Urquiza en 1870. La etapa conocida como de “la guerra de policía”. Es un escrito de apasionado análisis político y de denuncias, que se cierra con la estremecedora escena en la que el Chacho recrimina a los jefes de Mitre y Sarmiento haber asesinado a sus prisioneros, mientras que él ha respetado la vida de los que apresó y que devuelve con vida por el tratado de La Banderita. Es éste uno de los grandes relatos de la literatura argentina.

Bastante olvidado, por cierto, desde que acusa a Mitre y Sarmiento, y ensalza una figura indiscutida por su nobleza y su generosidad para con sus enemigos: “La historia tiene para el general Peñaloza el lugar que debe ocupar el caudillo más prestigioso y más humano, y el guerrero más infatigable”, dice Hernández.

El asesinato de Peñaloza le trajo fuertes críticas a Sarmiento, incluso entre sus partidarios. Años después el doctor Guillermo Rawson lo acusó, a pesar de que él era ministro del Interior en el momento de la muerte. Sarmiento publicó dos veces su libro El Chacho, último caudillo de la montonera de Los Llanos, en 1868 y en 1874, y en ambos, además de una fuerte desvalorización del riojano, intenta justificar su muerte como guerrillero fuera de la ley, queriendo establecer un nuevo derecho, tomado de la legislación inglesa.

Justamente a raíz de la segunda edición sarmientina Hernández publica una nueva versión de su biografía del Chacho, suavizando las acusaciones al unitarismo pero dejando constancia de los asesinatos reiterados de las tropas de Mitre/Sarmiento. Lo cual da motivo a una nueva polémica entre él y el sanjuanino, vehiculada mediante cartas en La Tribuna, oficialista, y La Libertad, de Manuel Bilbao, opositora.

Su ópera prima revisitada seguía discutiendo el ordenamiento del país y acusando a quienes impusieron un terrorismo de Estado en el siglo XIX.


*Crítico literario y ensayista.



Ángel Nuñez