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La pura verdad

La costosísima gira presidencial, primero por Roma y luego por Nueva York, no traerá de modo alguno resultados significativos para los problemas argentinos.  

Foto:Télam

Aunque desde el oficialismo se pretenda seguir insistiendo que se trata de una destacadísima gira internacional, el carísimo despliegue de la presidente y su vasta comitiva, primero a Roma y ahora a Nueva York, demuestra una inexistente política internacional que por definición no tiene la perspectiva ni la posibilidad de generar ningún cambio cualitativo favorable para nuestro país.

Este lunes 22 de septiembre, en lo que sería una de las situaciones estelares de su recurrente visita anual a la isla de Manhattan, la presidente Cristina Fernández de Kirchner se reunió con el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon. Hay que advertir que las Naciones Unidas, de la que forman parte 193 países, es un organismo esencialmente deliberativo, cuya fundación ha sido muy buena para la Humanidad, pero que a lo largo de las décadas, desde que se estableció con sede central en Nueva York, las Naciones Unidas han sido fundamentalmente un organismo de consulta, desprovisto de capacidad ejecutiva, excepto en algunas pocas cuestiones centrales.

Ban Ki-moon funciona como un gerente, un administrador general. No tiene poderes políticos propios: solo tiene poderes administrativos. Efectivamente, es el responsable del presupuesto de las Naciones Unidas con el que funciona esa vastísima burocracia internacional. Pero no mucho más que eso. En consecuencia, la oficina de Ban Ki-moon ha sido muy austera y veraz al decir que, efectivamente, la jefa de Estado de la Argentina le pidió su apoyo en la pelea de la Casa Rosada contra los fondos llamados “buitre”. Pero el comunicado de Ban Ki-moon es muy puntual y austero. Ambos, Ban Ki-moon y Cristina Kirchner “discutieron sobre la deuda argentina y las implicaciones del caso en los esfuerzos de reestructuración de la deuda”. No es más que esto: o sea, en definitiva, aire caliente. Eso sí, la presidente argentina fue a la entrevista con Ban Ki-Moon acompañada de una importante comitiva, algunos de cuyos integrantes no se adivina realmente qué tenían que ver con este asunto. En nombre del Papa, directamente delegado por Francisco, estuvo José María del Corral, director de Schcolas Ocurrentes –una iniciativa del Papa Francisco-  junto a la embajadora argentina en Naciones Unidas, María Cristina Perceval; el ministro de Exteriores, Héctor Timerman, y dos presencias inauditas: Eduardo de Pedro y Victoria Montenegro, a la que la información oficial denomina “nieta recuperada”.

¿Qué más va a hacer la Presidente en Nueva York? Este miércoles 24 va a participar de las deliberaciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, integrado por 15 países. Además, dos entrevistas, a mi juicio absolutamente irrelevantes: recibir a un “ buitre bueno”, al financista George Soros, hombre de origen húngaro considerados uno de los billonarios más ricos del mundo. y a una delegación organizada por Gerardo Martínez con un grupo de burócratas de los sindicatos a escala internacional. Esto es todo. Dará su discurso este miércoles 24, participará de la sesión del Consejo de Seguridad, que este año tiene a la Argentina como uno de sus integrantes, y luego regresará a casa.

Cuando dentro de siete días se analicen los resultados del desplazamiento a Roma o a Nueva York – que no es lo mismo que “a Italia y a Estados Unidos” – se advertirá que, básicamente, nada esencial ha sido logrado. Sin embargo la maquinaria de propaganda del Gobierno se las ha ingeniado, con la ayuda de la ingenuidad o falta de experiencia de muchos periodistas también – aun cuando no sean esbirros del Gobierno – para presentar a este despliegue internacional como una movida diplomática de gran aliento. No lo es.

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se compone de quince miembros: cinco de ellos son permanentes: China, Francia, Rusia, Reino Unido y Estados Unidos. A estos cinco miembros permanentes, los únicos que tienen la capacidad de vetar una resolución del Consejo de Seguridad, que suele ser el organismo que determina, por ejemplo, la intervención militar en un país (en 1991 fue el Consejo de Seguridad el que avaló por unanimidad la intervención en Kuwait para liberar de la invasión de Irak por el régimen de Saddam Hussein). Pero los casos de unanimidad son realmente muy insólitos, excepcionales, y normalmente, una u otra de las viejas grandes potencias (aunque ya no lo sean, como Francia y Reino Unido), ejercen su poder de veto. A estos cinco miembros permanentes se les agregan diez miembros rotativos. La Argentina es, este año, y hasta fin de 2014, uno de ellos. Los diez miembros rotativos que integran el Consejo de Seguridad son, en orden alfabético: Argentina, Australia, Chad (una nación africana); Chile, Jordania, Lituania, Luxemburgo, Nigeria, República de Corea (Corea del Sur), y Ruanda. Hay países de América Latina que nunca fueron miembros del Consejo de Seguridad: El Salvador, Haití y República Dominicana, entre otros.

La Argentina, a través del actual gobierno, se ha especializado en proyectar internacionalmente un discurso fuerte, retóricamente operativo, tendiente a presentar al país como víctima de una conjura internacional. Es posible que todavía, en nuestro país, este tipo de argumentación prenda en ciertos sectores de la población, y lo que es más asombroso, en los medios de comunicación independientes que siguen pensando que Ban Ki-moon o la Asamblea General de la ONU son personalidades u organismos decisorios. Pues bien: no lo son.

Como he dicho ya en este espacio en oportunidad del voto de la Asamblea General en favor de un nuevo marco legal para la reestructuración de la deuda soberana de los países, puede tener un carácter simbólico, un carácter retórico fuerte, pero no va más allá de eso. Por de pronto, tiene cero efecto retroactivo y, por otro lado, como queda dicho, si el 70% del producto interno bruto del mundo no votó a favor de ese proyecto o se abstuvo, es porque el mismo no deja de ser letra muerte. Lo mismo sucede con esta entrevista con Ban Ki-moon y lo que sucedió en el Vaticano. Más allá de las interpretaciones muy personales,

Esta es la pura verdad. Una verdad que desde la perspectiva política, económica y social de un país con los problemas de la Argentina, este tipo de operativos, estos despliegues internacionales, que son muy costosos para el erario público, no van más allá de generar títulos periodísticos y de seguir calentando la agenda mediática., para muchos, resulta antipática, pero quien ejerce el periodismo no vino al mundo para dar noticias simpáticas sino para tratar de describir lo que ve a su leal saber y entender.

(*) Emitido en Radio Mitre, el lunes 22 de septiembre de 2014. 



Pepe Eliaschev