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La regla Sanz y las expectativas inflacionarias

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Ahora que se cayó la moda blue, se está instalando con sagrada furia a través del sistema de medios opositores la certeza de que en Argentina, durante el año 2014, la inflación ascenderá al 40%, cuando la evolución proyectada del IPCNu marca el 25% como nivel esperable para este año.

No es casual la maniobra, el inicio se fundó con la aparición del IPC del congreso opositor, popularmente denominado “IPC salchicha de Viena” –pues nadie sabe cómo ni con qué está hecho–, pues se sabe que el impacto sobre las expectativas inflacionarias del 40% tiene un efecto notable en la construcción de inercia inflacionaria para el año entrante.

La formación de precios con esa referencia seguramente presionará tomando como piso del nivel esperado el 40% pasado, los salarios tendrán ese piso de negociación en la discusión convencional, etc.

La fijación de ese nivel inflacionario del 40% parece un objetivo central en la estrategia opositora para garantizar un ciclo inflacionario ascendente modelando expectativas con ese horizonte como referencia. Ya señaló Ernesto Sanz en abril del año 2013 la que se constituyó en la regla Sanz, que regula el funcionamiento de la opo: “Ojalá esto siga hacia octubre. Porque también a veces pienso que si la economía mejorara un poco, ¿qué pasaría con las elecciones? Ojalá que esto siga hasta octubre”.
O sea, el viejo apotegma “cuanto peor, mejor” típico del neoliberalismo trotskista que curten el compañero luchador Néstor Pitrola y la runfla escarlata que lo secunda en el combate cruel.
No es menor el intento de erosionar las perspectivas del proceso económico mediante la generación de expectativas inflacionarias, cuando el aumento de precios es realmente una problemática existente y difícil de revertir.

Sabemos que un elemento importante en el análisis de la variación de precios lo constituye el denominado aspecto inercial de la inflación. La inercia inflacionaria ocurre cuando una vez que se dispara un proceso inflacionario, tal el caso de la devaluación de enero de este año (inflación cambiaria) o el salto en el precio internacional de los productos que Argentina exportó en 2008 (inflación importada), persiste, aun cuando la chispa originaria no se replique en el tiempo.

El proceso inflacionario inercial está determinado por la puja distributiva entre precios y salarios. Sobre esa base, el rol de coordinación de expectativas de los agentes a través del constante repiqueteo de los medios y dirigencia opositora validando mediciones de inflación tiradas a la marchanta por parte de consultoras opositoras resulta sustantivo para fomentar lo que se busca: la aceleración del proceso inflacionario, que actuaría corrosivamente sobre la actividad económica y como desestabilizador desde el punto de vista político electoral.

Así, la falacia del 40% de inflación que no convalida siquiera el IPC del gobierno macrista para la Ciudad de Buenos Aires, opera como condición de partida para fogonear, por ejemplo, una paritaria que cristalice pretensiones distorsionadas sobre la distribución del producto y opere sobre el nivel general de precios afectando el desenvolvimiento de la economía real.

La meta de la maniobra es cumplir con la regla Sanz de “cuanto peor, mejor” y evitar que el oficialismo se encamine a una elección exitosa en 2015 de la mano de Cristina Kirchner, la política más popular del país.

Presidenta que debe recordarse, las encuestas –incluso las de consultoras opositoras– muestran que transita el tramo final de su gestión con un caudal de votos propios superior al 40% requerido para un triunfo en primera vuelta, aunado a un liderazgo sólido como para transferir este capital electoral a un candidato propio, cualquiera sea, y producir un triunfo que encamine al FpV a sus 16 años de mandato ininterrumpido, tal como ocurrió recientemente con el PT en Brasil. ¡Qué bueno! ¿No es esto un motivo de regocijo, estimados lectores de PERFIL?

*Director de Consultora Equis. / **Economista de La Gran Makro.



Fernanda Vallejos