COLUMNISTAS

La semilla de la reinserción en un mundo de bajo crecimiento

PERFIL COMPLETO

A pesar del aspecto semi- snob (“estar de moda”) de la reunión anual del Foro Económico Mundial, como se llama formalmente el encuentro de Davos, las discusiones públicas son de alto nivel intelectual y las privadas, ya sean de negocios o políticas, son muy concretas y orientadas a obtener resultados. Davos se convirtió así en una guía de las preocupaciones mundiales y un catálogo de las posiciones de los distintos actores en el escenario internacional.
Para nosotros, los argentinos, lo más destacado fue la participación exitosa del presidente Mauricio Macri y su equipo que marcó, simbólicamente, el regreso de nuestro país a la escena internacional después de más de una década de ausencia.
Pero, ¿a qué mundo regresa la Argentina? O, en otras palabras, ¿a qué conclusiones relevantes sobre la situación internacional se llegó en el área económica?
La primera palabra que viene a la mente con respecto al consenso de Davos 2016 es “ansiedad”. En el mundo financiero y político reina una fuerte y latente ansiedad acerca de la situación económica y geopolítica imperante. Los mercados están nerviosos. Se documentó que las primeras semanas de este año: fueron, para los mercados de valores y acciones, el peor comienzo de un nuevo año en toda su historia.

¿Qué se esconde detrás de esta performance tan deficiente? En primer lugar la inmensa distorsión en la estructura de la política macroeconómica de los países avanzados. Esta estructura se basa en un sobreuso exagerado de la expansión monetaria con un aumento desmesurado de la liquidez combinado con políticas fiscales contractivas.
Esto ha causado distorsiones en los precios relativos de los activos que ahora comienzan a corregirse. Esta corrección no tiene porqué ser ordenada y por lo tanto causa volatilidad en las Bolsas y en los mercados inmobiliarios. Aunque el consenso es que no había alternativas para la política seguida para solucionar la crisis, el debate sobre las consecuencias no deseadas de esas políticas sigue muy en pie. Y también la necesidad de normalizar la política monetaria: dejar atrás las tasas de interés cero se está volviendo imperioso.

El segundo foco de preocupación es China, que está pasando por un período de reducido crecimiento mientras se implementa una transformación estructural: el aumento del consumo personal junto a la reducción en la inversión. El mucho menor crecimiento de China tiene consecuencias negativas para países emergentes y avanzados. La caída en la demanda de China colapsó los precios de las materias primas y extendió la contracción en el crecimiento en los países en desarrollo. A pesar del fuerte cambio que está experimentando China, pocos observadores esperan una crisis o un colapso. China tiene las reservas y los instrumentos de política para evitar cualquier caída seria en su economía.
En tercer lugar, Europa. El Viejo continente continúa con su perpetua crisis existencial y todo sigue causando incertidumbres. El año pasado fue Grecia y la observada fragmentación del mercado financiero. Este año es la amenaza inglesa de abandonar el proyecto y renunciar a la Unión Europea y por sobre todo la crisis de los refugiados e inmigrantes, una crisis que amenaza hundir todo el proceso de integración en Europa.

Finalmente está la fuerte preocupación por las amenazas geopolíticas. El Medio Oriente está en pleno caos, Rusia continúa su ocupación de Ucrania y hay cierto semi-pánico sobre cómo resultará la elección presidencial en los Estados Unidos.
Aunque no hay ni se teme una crisis financiera, hay sí una crisis de crecimiento. La inversión no es suficiente ni las reformas estructurales son lo necesariamente ambiciosas. Esto significa que el cambio tecnológico y las ganancias de productividad se demoran y el crecimiento será más que mediocre en el futuro cercano. Bajo crecimiento y baja inflación parecería ser la nueva norma mundial.
En este ambiente poco propicio irrumpió Macri, y la Argentina como una nota de cierto optimismo y con un potencial poco afectado por los factores que determinan el malestar internacional. Se había creado gran expectativa que no fue defraudada. Los resultados no se obtienen en el acto, pero se plantó la semilla de la reintegración y a medida que la ansiedad se reduzca y la confianza en nuestro país aumente, restableceremos los resultados con más claridad.



Mario Blejer