COLUMNISTAS OPINIÓN

La televisión del discurso

Hasta lo que pude contar hubo aproximadamente 14 primeros planos a María Eugenia Vidal, porque este gobierno no hace uso partidario ni ideológico de los medios de comunicación.

Portal Perfil.com
Portal Perfil.com Foto:Perfil.com

Hasta lo que pude contar hubo aproximadamente 14 primeros planos a María Eugenia Vidal, porque este gobierno no hace uso partidario ni ideológico de los medios de comunicación. Detrás de la gobernadora bonaerense se veía a Lifschitz, gobernador de Santa Fe, con primeros planos vinculados a temáticas de narcotráfico y delincuencia, logrando ayudarlo bastante poco en su relación simbólica con estos temas.

El gobernador de Neuquén, Omar Gutiérrez, no fue tomado por las cámaras cuando se habló del acuerdo de Vaca Muerta, aunque sí Aranguren. Gutiérrez apareció de manera aleatoria a pesar de estar justo en la misma fila que la gobernadora 14 veces “ponchada” por el director de cámaras. El discurso en papel, muy poco improvisado y sincronizado casi a la perfección con la transmisión, nos vuelca las pistas del modo controlador y perfeccionista que posee la actual administración nacional sobre su comunicación masiva.

En el discurso de apertura de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación, Macri describió al mismo tiempo el presente y el pasado, porque en su identidad el antikirchnerismo es un combustible todavía útil. Sus votantes deliran de odio ante las imágenes de Larroque en camisa de manga corta sentado en su banca de diputado. La cámara lo toma luego de que el Presidente hace mención a que los gobiernos anteriores los condujeron a “un enfrentamiento permanente” y que fueron perseguidos, pero que ahora era el momento del diálogo. Larroque se acomoda en su silla furioso y le regala a la transmisión el arquetipo que necesitan Macri y Peña para que la decepción no venza las expectativas.

Los datos del Indec, remarcados como reales, se acompañan de personas televisadas, porque todos allí sentados juegan roles. Macri insiste en decir que “recibimos un país donde uno de cada tres argentinos está en la pobreza o en la exclusión total. Es una cifra real”, y Kicillof es elegido con precisión por el director de cámaras. Justo después, en el paso siguiente de esa sección, dice que “son mucho más que un número, son personas” y aparece Vidal representando la sensibilidad del individuo común. Los buenos y los malos, pegados encima de las palabras, describen el mundo que observa su público.

Macri y su director de cámaras siguen adelante. Dice que hay ahora un millón y medio de chicos con beneficios de asignaciones familiares o por hijo, y aparece Carolina Stanley seguida de un Bossio serio en perfecta secuencia, primero una y después el otro. Nos cuenta también que “los productores (agropecuarios) respondieron con inversión y crecimiento”, y aparece Alfredo de Angeli asintiendo, seguido del Momo Venegas y del presidente de la Sociedad Rural, Luis Miguel Etchevehere, en un palco sonriente. Uno atrás del otro, todos seguidos, en ese mismo instante.

La ética del timbreo y el contacto personal y los nombres de seres casi anónimos se mezclan en el discurso. Un médico que hizo treinta días de guardia, las maestras amenazadas y los vecinos con los que se habla. Más que un espacio de propuesta de agenda legislativa, fue la confirmación de una estética visual y de un relato propio, como en campaña, pero ahora en la gestión.

El Gobierno comprende que debe seguir vinculándose con su público con los mismos imaginarios que en el momento de la elección. El Congreso fue un teatro magnífico de representación de buenos y malos.

En Macri y su experiencia política, hay una construcción también unitaria de lo calificable como bueno y lo calificable como malo que queda sin aclarar. Habla de Tecnópolis como “las buenas iniciativas que deben permanecer” sin describir por qué esa es buena y quién define que eso es bueno o malo.

En estos episodios podemos encontrar los rastros de modos de operaciones de quien lidera hoy la experiencia política central del país. El discurso armado y escrito y probablemente ensayado, los gestos de risas cómplices en momentos de ataques directos y la televisación de los actores representados en lo que se lee, muestra un uso inédito y atractivo del aparato oficial cultural. En esos mecanismos nuevos y otros que todavía no logramos ver con tanta claridad, está parte del secreto de la sobrevivencia de Macri.


*Sociólogo. Director de Quiddity Argentina.