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La timidez

La Universidad de Stony Brook de Nueva York y la Academia China de Ciencias –dos instituciones cuyo grado de seriedad desconozco por completo– afirman haber comprobado que los tímidos tienen una actividad cerebral más intensa.

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La Universidad de Stony Brook de Nueva York y la Academia China de Ciencias –dos instituciones cuyo grado de seriedad desconozco por completo– afirman haber comprobado que los tímidos tienen una actividad cerebral más intensa. ¿Más intensa que quién? Más intensa que los no tímidos, es decir, los extrovertidos, los caraduras. Como tímido crónico recuperado, podría decir que la timidez provoca, es cierto, mucha actividad cerebral, a veces no deseada. Los estudios de Stony Brook concluyen que los tímidos perciben el mundo de una manera diferente porque analizan más intensamente la información y prestan más atención a los detalles. Esto los lleva a reaccionar de manera distinta frente al estímulo físico y emocional. Aparentemente ya se nace así, el 20% de los niños son reservados, necesitan poca disciplina, lloran fácil, hacen preguntas raras y tienen pensamientos demasiado profundos para su edad. Estas personas, cuando llegan a la adultez, son sensibles, demasiado conscientes de todo, les cuesta tomar decisiones y pasan más tiempo a solas para pensar.
Mediante resonancias magnéticas, se monitoreó a un grupo de personas mientras buscaban algunas diferencias en una serie de fotos. Los cambios en las fotos podían ser obvios o sutiles. La gente tímida se detenía más tiempo en las fotos que tenían cambios sutiles. La actividad cerebral indicaba que además de la información visual, sumaban información emocional y sensorial. Hasta ahí, la investigación hace sentir especiales a los tímidos, como si fueran gente con un plus emocional. Pero rápidamente revela que esta característica de sensibilidad se encuentra también en otras cien especies “como moscas, pescados, caninos y primates”. Según los científicos, hay distintas “personalidades” en las especies. Los sensibles, que son siempre minoría, prefieren observar por más tiempo antes de actuar, como explorando más con el cerebro que con el cuerpo. Los extrovertidos descaradamente van donde los otros no se atreven. La estrategia sensible no es ventajosa cuando los recursos son muchos y se necesitan acciones rápidas y agresivas. Pero es útil cuando hay situaciones de peligro, y cuando entre dos posibilidades parecidas hay que elegir una con un enfoque poco usual y creativo.

Pareciera que los tímidos no creen mucho en la realidad. El presente no es de ellos, están más metidos rumiando el pasado o premeditando el futuro. Un amigo dice que él baila muy bien para adentro y mientras tanto hace rincón. En ese rincón introvertido se ubica el tímido, creyendo que está fuera del tiempo, que a él no le toca. En el poema Nosotros, los irreales, César Mermet se pregunta por qué la vida le resulta intocable, por qué vive como en los arrabales de lo real, eximido, metido como en un acuario paralelo al mundo. El tímido siempre siente que lo empujan a escena, él preferiría que el ensayo general no terminara nunca, pero algunas situaciones de la vida lo empujan al escenario y ahí descubre que el ensayo terminó y que es la noche del estreno, hay público y él no se sabe la letra, ni siquiera sabe cuál es el papel que tiene que encarnar.
Los tímidos suelen ser buenos actores porque en algún momento de sus vidas se inventan, a modo de coraza, una personalidad, o ciertas frases, ciertas reacciones que tratan de pasar por espontáneas, pero que ya están testeadas. Se inventan un ser social, una manera de comunicarse con los demás. A veces, para sobrepasar la barrera de su timidez, toman demasiada carrera y se despachan con un comentario totalmente fuera de lugar, dicen lo que no se animaban a decir, pero que en realidad hacían bien en callar. La timidez es, en general, útil para escribir. Al no actuar, el tímido especula, o actúa mucho dentro de su cabeza. En su cabeza las cosas suceden mil veces en todas sus variantes y posibilidades y desencadenamientos. Esa máquina de tramar historias (lo que no pasó, lo que no se animó a hacer, lo que tenía miedo que le pasara, lo que casi le pasa, etc.) está en constante actividad. A veces los tímidos pueden espiarse a sí mismos y tomar notas de alguno de esos hilos narrativos y así nace un cuento o una novela.
Los personajes extrovertidos son mejores para el cine y los introvertidos, para la literatura. Lo no dicho siempre es un tema literario: tanto el piropo con delay, como la respuesta que se nos ocurre tarde o incluso lo callado durante años. Algún rédito se le puede sacar a la timidez. Están los que seducen a la garota de Ipanema, y están los que le componen una canción.
 



Pedro Mairal