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La tozuda actualidad

Por Esteban Peicovich | Quien presuma hoy de contar con el protocolo que da cuerda al mundo y sobre todo al ombligo del planeta (el país de uno) es de seguro un delirante dado a fantasear.

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Quienes hayan leído mi última columna de 2014 (Sísifo cumplió 85) y no ver otras en lo que va del 15 quizás pudieron interpretarla como gesto de despedida. No hay tal, pero casi. A ese Sísifo el taimado 2014 le había dado un aviso en Madrid y durante 10 días permanecí internado en el Ramon y Cajal. De allí volvió tan frágil como muñeco de vidrio. Vértebras crispadas, ojo izquierdo apagado, válvula aórtica glu, glu, glu. Y más aún. Y menos. Retomé mi audición radial pero no pude mis columnas. Colapsaron conmigo. No encontré modo de zafar. Inicié varias que borré. Guardé otras por la mitad. Me desangelé. A Sísifo la “piedra” le pasaba factura.

¿Sólo ella?

Quien presuma hoy de contar con el protocolo que da cuerda al mundo y sobre todo al ombligo del planeta (el país de uno) es de seguro un delirante dado a fantasear. Que se sepa, en la película de la historia humana 2 más 2 siempre son 5. Solo en escasas ocasiones, por lo general tardías, se rescata un 4 de la ceniza del pasado. Tuvieron que surgir dos cíclopes como Assange y Snowden para soñar que algún día fueran el 4 nítido en el instante mismo en que alguien preguntase por la suma.

En la aldea local es todavía peor. Aquí 2 más 2 da 0. El parloteo político ensombrece el juicio. Funcionarios, economistas, políticos, abogados, periodistas (y hasta taxistas) dan en amasar a diario una fantasmagoría a la que denominan “actualidad”. Es una nube negra (que ellos ven blanca) y a la vez una medida temporal única en el mundo. Acotarla es empezar a entenderla. En este caso nuestra última actualidad podría durar un bienio: período que ensambla y ecualiza por su altísimo contenido de mismidad al muy torpe 2014 y al rateril 2015.

Quienes aspiramos liberarnos a partir de octubre de la actual actualidad bregamos por ingresar en la historia viva no como el Papa la diseña sino como Dios manda. Lo que octubre contiene es la posibilidad de que una vera actualidad, novísima a diario, nos libre de este tiempo a paso de tortuga que nos empasta a todos. ¿Es de iluso pedirle tanto a octubre? Puede ser.

A nuestra esperanza (pobrecita) esta vez la sostiene la salud cívica de las P.A.S.O. Caras, voces, conductas como las de Stolbitzer, Lousteau, Abrevaya (y hay más, claro) animan a esperar se inicie una virgen actualidad de página en blanco abierta cada día, no de fotocopia. En contrapunto amenaza el obsceno nombramiento de empleados públicos a rolete, el uso desmadrado de las arcas del Estado y los medios públicos para maquillar número y datos, y otras maniobras que por urdirse en las sombras del poder, desconocemos. Este fraude es grosso. Se lo comenta pero no despierta indignación. Sucede que está arraigado en nuestra vidas. Es un acto folklórico.

Arribar a este análisis me provocó vergüenza ajena y la columnitis que paralizó mis dedos. Un rapto de dignidad que a algunos les da en plena juventud y a otros cuando se alistan para despegar del planeta y flipan que tal vez empalmen con un Génesis 2. Pero en Venus. A estos límites influye en mi caso el frenesí con que tratan al llagado país oficialistas y opositores. La ansiedad de unos por retener y otros por obtener hace que todos los días que faltan para octubre parezcan ser días de octubre ya. Nada es creíble: ni estadísticas ni encuestas, ni promesas, ni alineaciones ni porcentajes ni anuncios ni discursos. En realidad un fragmento ciudadano mínimo de la demografía (¿10 mil? ¿50 mil?) es el que desde sus respectivas y usurpadas cúpulas procede poniendo cara a engatusar a la mayor cantidad de vecindarios que pueda oirlos de Lapataia a San Antonio de los Cobres.

 

Por otra parte, hay un inobjetable periodismo de investigación, de denuncia, que aporta datos que acaban frisados en despachos judiciales y olvidados por la ciudadanía. A las dos horas de saberse la noticia de la muerte de Nismanla Vox Dei fue unánime: “Lo mataron”. De allí en más esa misma voz dejó enfriar su indignación a un nivel insoportable. La actualidad y su rodillo de rebobinar lo actuado (algo así como un bolero de Ravel de sílabas no de notas musicales) empastó todo y apagó toda reacción.

Pero de seguir mirando solo el frente de la ola acabaremos como la liebre de la ruta. Si ella supiera que detrás de los focos viene un camión de 18 toneladas se quedaría en la banquina a verlo pasar, luego llamaría a una asamblea de liebres despistadas y por último se crearía tal conciencia lebrera que ninguna más terminaría sus días en la parrilla de un destino anunciado. A nosotros, pobres cristos, nadie nos enseñó a surfear sobre los altibajos sorpresivos de la historia. Nos queda ahogarnos o inventar un deporte social que permita (como al surfista) eludir a los monstruos que se esmeran en echarnos encima olas gigantes de podrida y nociva actualidad día tras día.

Llevo 60 años tratando de ponerle sal en la cola al pájaro de la noticia. No es casual que estos días recordase la más luminosa lección de cómo debe ser un país. Fue en los 90 en Tokio al entrevistar a Hidetoshi Kato, sociólogo de renombre mundial. Van tres de sus respuestas:

--¿Cuál es el misterio del milagro japonés?

-La capacidad de adaptación, el afán de todo japonés de querer entender las cosas, estudiar las cosas, saberlas. Este milagro se reduce a un solo hecho: a que Japón gasta poco en armas y dedica un 22% en educación.

--¿Y la virtud esencial del japonés?

--Ser humilde. Japón es un país pequeño. Sin materias primas, sin riquezas. Partimos del espíritu de que somos pobres. Parece una “desvirtud” pero es nuestra mayor virtud.

--La Argentina es un país paraíso que no da con su destino. Posee todos los climas y frutos. No sufre maremotos ni perdió una guerra mundial ni recibió dos bombas atómicas. Sin embargo hoy…

--Mi opinión es que ustedes, los argentinos, tienen pocos dioses. ¿Sólo uno, no?. Nosotros los tenemos de a miles. El dios del arroz, del salmón, de la rosa, del mar,…hasta del sake, Vivimos celebrando lo que nos mantiene vivos. Por eso vivimos rodeados de dioses.

¡Que octubre reparta suerte!

 



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